La caída de Nicolás Maduro podría implicar la pérdida de un aliado clave para el correísmo
Aunque Rafael Correa tiene una amistad con la nueva presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, la crisis en Caracas podría costarle el apoyo histórico, refugio político e, incluso, respaldo económico que tenía la Revolución Ciudadana en el chavismo.

Los entonces presidentes Rafael Correa y Nicolás Maduro en una cita en la Isla Margarita, en Venezuela, en septiembre de 2016.
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Los vínculos políticos entre el chavismo y el correísmo han sido de los más sólidos de la región, incluso dentro de las izquierdas. Por ejemplo, ya cuando figuras como Lula Da Silva, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Boric y hasta Gustavo Petro desconocieron la fraudulenta segunda reelección de Nicolás Maduro en Venezuela, la Revolución Ciudadana (RC) se mantuvo firme en su respaldo al heredero de Hugo Chávez.
Y ese cierre de filas detrás del ahora defenestrado líder del chavismo se mantuvo incluso pese al costo político que ha representado para el correísmo en Ecuador. Desde la primera reelección de Maduro, cuestionada en 2018, la Revolución Ciudadana ha perdido acólitos por su defensa ciega de las acciones del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
Los ecuatorianos fueron testigos de la diáspora venezolana, que huía de la dictadura, después de que Maduro se quedara con el poder en 2024, cuando su régimen se negó a mostrar las actas electorales que confirmaban una victoria de la oposición.
Pese a eso, los candidatos presidenciales de la RC y su máximo líder, el expresidente Rafael Correa, mantuvieron sus discursos de defensa del chavismo, sin importar las violaciones de derechos humanos y la persecución política que la mayoría de gobiernos del mundo reprochaban. Y esto coincidió con sus tres derrotas electorales, en 2021, 2023 y 2025.
Ideológicamente, el correísmo se mantiene inamovible bajo la bandera del Socialismo del Siglo XXI, del que otras figuras del continente se han alejado poco a poco tras los excesos de Maduro y sus aliados. Y, aunque sí rechazan la intervención de Estados Unidos en la región, la mayoría de representantes de la izquierda Latinoamericana prefieren abogar por la soberanía venezolana.
Los únicos gobernantes que han mantenido la misma línea de respaldo incondicional al chavismo son, aquellos que comparten, además de objetivos políticos y vínculos económicos y comerciales, características autoritarias, como Cuba, Nicaragua, Rusia, China, Turquía.
Los vínculos políticos, estatales y favores...
El correísmo, durante la gestión de Rafael Correa, mantuvo estrechos vínculos políticos, ideológicos y de cooperación con el chavismo. En su primera posesión, en enero 2007, los invitados estrella fueron los entonces mandatarios Hugo Chávez y Evo Morales.
Después, el nacimiento de la Constitución de Montecristi estuvo asesorado por figuras españolas que participaron previamente en los procesos constituyentes venezolano y boliviano, bajo la ideología del Socialismo del Siglo XXI. Por eso las similitudes.
Ecuador pasó incluso a formar parte de la ahora irrelevante ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), creada por el chavismo y el castrismo cubano. Y, gracias a que la tendencia ganaba adeptos por sus ideas progresistas, posteriormente se concretaron la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la ya extinta Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Esos bloques sirvieron para que Correa y Chávez profundizaran sus vínculos, al igual que las relaciones entre Ecuador y Venezuela, con la firma de decenas de acuerdos bilaterales que abarcaron diversas áreas, como energía, finanzas, defensa, migración y proyectos sociales.
Crearon, por ejemplo, el Fondo Ecuador-Venezuela para el Desarrollo (Fevdes), para financiar proyectos productivos y de desarrollo, que se manejó a través de mecanismos como la inversión en títulos y la entrega de recursos reembolsables para proyectos.
Uno de los ejes principales fue la cooperación petrolera entre las estatales Petroecuador y Petróleos de Venezuela (PDVSA), tras lo que nació la idea de la polémica Refinería del Pacífico, que tras una inversión millonaria nunca llegó a construirse. Todo terminó en investigaciones de corrupción y presunta asociación ilícita.
También nació el sistema de Compensación Regional de Pagos (SUCRE), una moneda virtual creada para reducir la dependencia del dólar estadounidense en las transacciones entre Caracas y Quito. Esto permitió que Ecuador fuera utilizado para lavar dinero a través de falsas exportaciones, que fueron investigadas en Estados Unidos como parte de una trama internacional mucho mayor.
Esta fiebre de cooperación bilateral se estabilizó con la llegada de Maduro al poder, tras la muerte de Chávez, en 2013. Sin embargo, Correa utilizó su popularidad y su agrupación, entonces Alianza PAIS, para intentar mantener esa influencia socialista en la región.
Su movimiento organizó tres Encuentros Latinoamericanos Progresistas (ELAP) en Quito, entre 2014 y 2016, al que fueron invitados los representantes de la tendencia regional. El objetivo era debatir ideas y estrategias para impulsar sus objetivos.
Pero la salida de Correa del poder coincidió también con un retroceso de la izquierda en varios países, lo que fue debilitando también los bloques regionales, del que levemente sobrevive la Celac. Además, la implosión de Alianza PAIS provocó un remezón en el correísmo, ya que empezaron a destaparse los casos de corrupción en contra de sus principales figuras.
Y ahí empezó a jugar un papel más importante su relación con Nicolás Maduro, porque el heredero del chavismo sirvió como un soporte para la Revolución Ciudadana en varios aspectos.
Por ejemplo, en 2019, se conoció que el Instituto de Pensamiento Político Eloy Alfaro (IPPE), dirigido por Correa, recibió recursos dudosos del Banco de Desarrollo de Venezuela (Bandes), que podrían configurar un presunto lavado de activos. Ese dinero benefició a personajes como Ricardo Patiño, Patricio Rivera, Diego Martínez, Fausto Herrera, Leonardo Orlando y el mismo exmandatario.
De ellos, Rivera y Herrera fueron asesores económicos del gobierno de Maduro, de la mano de Delcy Rodríguez, antes vicepresidenta y ministra de Economía. Rafael Correa también confirmó recibir un sueldo del chavismo por asesorar al régimen.
En 2020, se conoció que Venezuela habría triangulado pagos al partido español Podemos, en sus inicios, a través de Ecuador, para financiamiento de campañas. Se trataba de las mismas figuras políticas que asesoraron al país en Montecristi.
Además, varios otros investigados y sentenciados por corrupción, por las autoridades ecuatorianas, huyeron a Caracas, entre ellos el exsecretario de Comunicación, Fernando Alvarado, la exministra de Transporte, María de los Ángeles Duarte, y el exlegislador Ronny Aleaga, después alejado de la RC.
Por lo que este súbito cambio en Venezuela puede terminar esa larga relación ideológica y económica. Aunque la nueva presidenta interina, Delcy Rodríguez sea amiga de Correa y haya empleado sus servicios, su apoyo a la Revolución Ciudadana y sus figuras puede ser una de las víctimas colaterales de la intervención de Estados Unidos.
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