En Ecuador, 2,83 millones de ciudadanos 'militan' en una organización política aunque no voten por ella
Por ley, los partidos y movimientos políticos deben tener un mínimo de adherentes o militantes registrados para mantener su personería jurídica. Según datos del CNE, una agrupación ya no alcanza esa cifra.

Imagen generada con inteligencia artificial, que representa a militantes de ADN, la Revolución Ciudadana, Pachakutik y el PSP votando en las presidenciales de febrero de 2025.
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El desencanto de los ecuatorianos frente a las organizaciones políticas es un fenómeno creciente que no se puede negar: hay partidos y movimientos nacionales que nacen, mueren y se 'reencauchan' frecuentemente. Y eso pone en tela de duda su respaldo real.
El Código de la Democracia manda que los partidos y movimientos nacionales cuenten con, al menos, el 1,5% de respaldos del padrón electoral vigente al momento de su inscripción. En 2025, ese requisito implicaba un mínimo de 206.045 afiliados o adherentes permanentes.
Y la misma norma establece, en su artículo 327, que las organizaciones que disminuyan el total de sus militantes registrados a menos del 50% del número exigido por la Ley Electoral perderán su vida jurídica. Es decir, sus inscripciones serán canceladas.
Según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE) esto ha sucedido ya con el movimiento Construye que, actualmente, consta apenas de 1.015 afiliados. Todas las demás tiendas políticas superan el requisito mínimo. Aunque, solo cuatro mantienen el 1,5% del padrón de respaldos... al menos en papel.
Y estas cifras llaman la atención debido a las constantes crisis internas de los partidos, cambios de nombre o lista, recurrentes fracasos electorales e incluso variación de 'dueños' o cúpula. Según el CNE, en Ecuador hay 2,83 millones de ciudadanos que constan como militantes de las 17 organizaciones políticas.
Por ejemplo, según el registro del CNE, Acción Democrática Nacional (ADN), Pueblo Igualdad y Democracia (PID), Acción Movilizadora Independiente Generando Oportunidades (Amigo) y Democracia Sí son los que más afiliados tienen. Sin embargo, en el caso de los tres últimos eso no se refleja en sus contiendas electorales, ya que viven en números rojos y al borde de la eliminación.
Y las cifras de desafiliaciones, renuncias y exclusiones por denuncias también son relativamente bajas en medio de un escenario tan inestable y de una cultura política prácticamente nula entre la ciudadanía.
Pero hay otro factor más llamativo: la baja votación que tienen la mayoría de partidos y movimientos. Solo en las pasadas presidenciales de 2025, 12 de los 16 candidatos no llegaron ni al 1% de votos. Es decir, sus agrupaciones ni siquiera lograron que sus propios afiliados y adherentes voten por ellos.
Incluso Amigo y Democracia Sí, que están entre los que cuentan con mayor militancia estuvieron entre los peores votados. Es así que estos resultados, sumados a la sombra de las firmas falsas, que han permitido inscripciones y reinscripciones de partidos desde 2012, ponen en duda la legitimidad y legalidad de muchas agrupaciones políticas.
La excepción fueron ADN, la Revolución Ciudadana (RC), Pachakutik y el Partido Sociedad Patriótica. Pero las elecciones de 2025 fueron atípicas, incluso para el volátil escenario ecuatoriano. Puesto a que los resultados reflejaron un supuesto bipartidismo, con la hegemonía absoluta de las listas 7 y 5.
Aunque en la práctica esa votación haya reflejado el descontento con todas las demás organizaciones políticas, sus propuestas y candidatos, así como también la radical oposición a los que representaron los dos principales binomios. Es decir, los elevados respaldos del oficialismo y del correísmo se alimentaron fuertemente del voto en contra de Daniel Noboa y Luisa González.
Mientras tanto, el brazo político del movimiento indígena se mostró como una tercera vía, que con un mínimo respaldo del 5%, sumó los votos de aquellos que se alejaron del nulo, el blanco y de las propuestas de los binomios hegemónicos.
Algo similar sucedió con el PSP, cuya candidata, Andrea González, es la única responsable del ínfimo 2,7% que celebraron como victoria. Especialmente después de que el gutierrismo apenas ha conseguido los resultados mínimos para sobrevivir, muy lejos de su clímax electoral de 2002 y 2006.
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