Esteban Ron, analista político: "En la selección de candidatos prima el caudillismo y la inversión económica"
El analista político y catedrático explica varias de las razones por las que existe una degradación de la política en Ecuador y los motivos de la ausencia de liderazgos para las elecciones de 2027.

Imagen generada con inteligencia artificial que muestra las figuras de candidatos desconocidos sujetando las banderas de varias organizaciones políticas en una tarima.
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PRIMICIAS
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Los partidos y movimientos políticos en Ecuador tienen cinco meses para encontrar miles de candidatos para las elecciones primarias que deben realizar en agosto de 2026.
Y, como sucede cada cuatro años, las próximas elecciones seccionales de 2027 representan un reto de supervivencia para la clase política, que intenta conseguir postulantes y alianzas sin importar la ideología e, incluso, ni siquiera la trayectoria de sus contrapartes. El objetivo, al final de la contienda, es conseguir, en papeles, las cifras mínimas para continuar existiendo.
Esa es la dinámica sobre la que se asienta el sistema de partidos de Ecuador, bajo la mirada de las autoridades electorales, que convalidan los procesos. El catedrático y analista político Esteban Ron Castro, considera que ese es uno de los motivos de la aguda crisis de representación que sufre la política ecuatoriana y que empeora cada año.
A diferencia de décadas anteriores, las grandes ciudades del país no tienen liderazgos ni referentes sobresalientes; la militancia de las organizaciones políticas se desvanece y las contiendas electorales solo generan hartazgo y decepción en los votantes.
En conversación con PRIMICIAS, Esteban Ron analiza el escenario y los motivos que han llevado al país a esta situación, en la que la política dejó de ser una profesión para convertirse en una respuesta coyuntural a las emociones del momento.
¿Cuáles pueden ser las raíces de la crisis de representación política que existe en Ecuador?
Hay un consenso de teorías sobre lo que está sucediendo. El tema de la crisis de representación en general radica nuclearmente en dos fenómenos. El primero de ellos es el sistema de organizaciones políticas y su estructura.
Obviamente, al tener la condicionante de no existir candidaturas independientes, tiene que haber una sumisión, una dependencia a una organización política, a la cual un candidato no se debe orgánica ni ideológicamente. Ahí hay una primera distorsión: un sentido de no pertenencia a la representación orgánica en Ecuador.
Y, segundo, la organización interna de esas mismas agrupaciones políticas. Varios autores hablan del populismo, algo muy adecuado en el país y Latinoamérica. Tenemos un esquema de caudillismo, pero no a la antigua, sino un caudillismo dependiente emocional.
Las organizaciones políticas toman sus decisiones para la selección de posibles candidatos sobre la base de emociones o excesiva coyuntura. Y que, inclusive, se pueden saltar los formatos organizativos internos, como por ejemplo haber tenido una militancia de un número mínimo de años, haber participado en procesos de formación política y tener un escrutinio a la interna de la organización política, sobre la base de una preparación, sea académica, profesional o experiencia.
Cuando tú tienes un esquema de caudillismo emocional, no vas a generar profesionalización política.
Y como, finalmente, los participantes dentro de una organización política dependen de un viscerazo o de una decisión final del líder caudillo, ya ni siquiera hay este ánimo de participar.
Sin embargo, la formación política y los procesos de democracia interna están regularizados. Es decir, deberían cumplirse...
Las organizaciones políticas no tienen procesos de formación política y las que los tuvieron no son respetados.
¿Por qué? Porque el joven o el adulto que se formó a través de las escuelas que tenían estas organizaciones políticas (porque ya ninguna tiene), al momento de plantear su candidatura, no llega a ocupar puestos dentro del esquema de listas, que le puedan generar un futuro en representación, sino que son utilizados como relleno, lamentablemente.
Lo que prima es el caudillismo y la inversión económica. Es decir, las posibilidades económicas que tiene un candidato o sus auspiciantes para la campaña.
¿Cómo se pudo llegar a eso?
La desorganización dentro de los partidos y movimientos ha dado paso a modificaciones en los estatutos de las agrupaciones.
Las últimas modificaciones, inclusive de la Revolución Ciudadana (RC) del año anterior, han simplificado las formas de elección de las directivas seccionales. ¿Por qué? Ya no les da abasto el fenómeno 'catch all' o 'atrápalo todo' que tenía en su momento Alianza PAIS.
La lista 35 pasó de tener un montón de directivos, inclusive parroquiales, a ni siquiera existir. Entonces, como ya se trata de un fenómeno de desgaste generalizado, ya no tienen directivas con fortalezas.
Ahora tienen directivas y representantes, pero no son orgánicos y son estrictamente electorales: se activan solo cuando hay elecciones. Entonces no hay una sólida estructura a nivel parroquial cantonal, inclusive provincial.
Y eso es clarísimo. Miremos lo que pasó en las elecciones con la RC, Luisa González dijo 'yo no sé nada' y Marcela Aguiñaga, 'yo tampoco'. Entonces se nota que las directivas son puestos de toma de decisiones a ser ejecutados por operadores políticos.
Entonces, si no tienes eso a nivel cantonal ni provincial ¿a qué tipo de líderes puedes apelar a efectos de tener una incidencia local?
¿Qué pesa más en el desánimo y apatía de la ciudadanía, las prácticas internas de las organizaciones o sus acciones cuando ya llegan al poder?
El desgaste de las organizaciones políticas, que es un fenómeno regional, y la crisis de representación, tienen alrededor otro tipo de fenómenos sociales: la hipercoyuntura, la supervivencia y el azar.
Las organizaciones no han logrado sintonía directa con los ciudadanos. Y, cuando un actor o proyecto político tuvo la representación, generaron decepciones. Por ejemplo, Alianza PAIS se convirtió en un sinónimo de corrupción. El movimiento Creo llegó al poder y se generó un tema de corrupción con un familiar de su Presidente, y ahora ya casi no existe.
Y ahora ¿qué está pasando con ADN? Recién está en proceso, es un fenómeno, todavía no es organización política. Es un constructo, es algo que está flotando, que no sabes ni siquiera bien qué es. Y, como no logran consolidarse o, en su defecto, son llamados a ser el equivalente de un antivalor, no van a tener identificación en general de su política con los ciudadanos.
Esto da como resultado una adhesión personal, sobre la base de emociones, simpatías, como las que tuvo Daniel Noboa, sobre la base de la antípoda: "no soy Correa".
La apelación a figuras personales se desgasta muy rápido y es lo que le está pasando ADN ahorita.
Pese a ser tan nuevo, entonces, ¿ADN padece de los mismos defectos que todos los otros partidos?
La estructura que va teniendo ADN ya no puede generar arrastre. Se les acabó en dos elecciones y la consulta popular demostró claramente eso. Y, de hecho, para las seccionales, el arrastre que esperarían los candidatos con la figura de Daniel Noboa no va a ser bueno.
Y esto ya sucedió en Ecuador. En 2014 tuviste a un Rafael Correa corriendo a tomarse fotos con todos los candidatos a las alcaldías de Alianza PAIS que iban perdiendo, por ahí salvó a un par, pero la mayoría fueron desescalando.
Esto se va desgastando tan rápidamente que el voto es sincerado sobre la base de emociones. ADN va a terminar sacando gente de la Asamblea Nacional, porque son personas que mal o bien resuenan políticamente. Y no se trata de que han visto la oportunidad de que un gran asambleísta represente ahora a una ciudad. Es solo una necesidad.
¿A esto se suma la apatía de los votantes?
Obviamente estamos en un estado apático. Estamos en un estado de apatía hacia todo lo que significa ya no solo política, sino sector público. El sector público también se vuelve una mala palabra, un trabajo por necesidad, el esquema aristocrático deja de existir.
Y esto se vuelve un estado de situación azarosa, en el que la ciudadanía ya no va a responder bien, ni sobre la base de valores, construcciones o identificación política.
Con ese conjunto de elementos, ¿qué podemos esperar para las elecciones primarias de las organizaciones políticas en agosto?
En primer lugar, vamos a tener elecciones primarias que no son elecciones primarias. Vamos a tener simulaciones de elecciones primarias. El claro ejemplo es que las organizaciones políticas, por ejemplo, la Revolución Ciudadana adaptó su reglamento interno para que puedan ser procesos virtuales y con un esquema más sencillo.
El candidato ya va a estar dado, no van a ser temas de consensos ni disensos, sino un tema de caudillismo y de candidatos de última hora. Solo en las provincias más fuertes habrá algo de mayor debate. De ahí vas a tener rellenos que respondan incluso a tener disponibilidad de tiempo para ser candidatos.
Y algunas figuras 'fuertes' que buscarán repetirse, como Pabel Muñoz en Quito, Marcela Aguiñaga en Guayas, Cristian Zamora en Cuenca.
Por fuera de las organizaciones políticas, antes muchas ciudades y el mismo país tenía líderes políticos, conocidos por la gente. Ahora, ¿qué queda? Las ciudades más grandes ya no tienen estas grandes figuras a las que mirar en elecciones.
Estamos hablando de una degradación de la política. Y es una degradación objetiva. En primer lugar, el sistema de representación se abrió tanto, en el sentido de la hiperparticipación, que genera indisciplina. Y esto se verifica con los candidatos invitados.
Antes, en los 90 y en los 80, había candidaturas independientes. Si tenías el respaldo popular y conseguías las firmas, te lanzabas. Ahora se intentó suplir esa situación con los invitados y no se puso límites. Y las organizaciones políticas abrieron la posibilidad de que sea cualquier persona. Y ahí empieza la movilización de candidaturas.
Con esto se degradó la política, te olvidas de la formación, de la militancia, de las directivas.
Estamos en la época en la que, literalmente, cualquiera es candidato...
Es un fenómeno global, porque la política dejó de entenderse como administración pública. La profesionalización de la política se degradó y eso es clarísimo. Está pasando aquí. Está pasando en Latinoamérica. Está pasando en Estados Unidos, está pasando en Europa.
Ya no se ve a la política como un espacio del profesional, sino como un espacio de coyuntura.
Y luego, como las organizaciones políticas dejaron de tener fuerza en la representatividad, no les interesa tampoco tener líderes en formación, porque el hipercoyunturalismo hace que un día estés aquí y un día estés allá.
A todo esto se suma un fenómeno de alineación por el tema de la corrupción. Ya no encuentras a candidatos sin que tengan una cola política, una cola personal, una cola profesional. Es decir, algo va a salir respecto de cualquier candidato en algún momento.
Y esto también hace que abran el espectro del sistema para que los candidatos sean libres de moverse de un lado a otro. Pero en temas de simbolismo, más subjetivos, la degradación de la profesionalización de la política es porque todo el mundo se cree político.
No hay un respeto hacia la gestión pública y tampoco hay una limitación y reflexión propia de las personas que no son aptas para administrar una ciudad.
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