Veredas bloqueadas y falta de mantenimiento, el reto diario ser peatón por las calles de Quito
Ante el evidente deterioro y la falta de mantenimiento de las veredas, la Agencia Metropolitana de Control ya registra 82 propietarios sancionados en lo que va de 2026, una cifra que expone el debate sobre quién debe asumir la reparación del espacio público en la capital.

Un árbol destruye una acera en el calle Yánez Pinzón y la avenida Francisco de Orellana, en junio de 2026.
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Robel Revelo / Primicias
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"La ciudad está hecha para los jóvenes con unas capacidades específicas que no tienen los adultos mayores o las personas con capacidades especiales". De esa manera describe César Arias, consultor en movilidad, al sistema de aceras en Quito. Activistas e informes de movilidad del Municipio llegan a una conclusión similar.
Aunque la caminata representa el principal modo de transporte para apenas el 1% de los quiteños, según la Encuesta a la Ciudadanía de Quito Cómo Vamos en 2025, reportes de años previos señalan que cerca del 15% de los más de 6,1 millones de viajes diarios en la capital se hacen a pie. Es decir, al rededor de 900.000 traslados cada día.
El Municipio ha insistido en los planes de movilidad desde 2022 en que el peatón es el actor de mayor prioridad de entre quienes se desplazan en la ciudad. Pero en la realidad los transeúntes afrontan no solo problemas para cruzar las calles, sino para caminar por las aceras de la ciudad.
“El número de peatones, dependiendo del área, muchas veces es mayor que el número de personas que va en los vehículos motorizados”, señala Arias. El experto añade que las dimensiones reducidas que pueden tener las vías para peatones en la capital muchas veces hace que el número de caminantes exceda su capacidad.
Muestra de eso, apunta el experto, es la frecuente escena, sobre todo en el Centro Histórico, en la que los transeúntes deben bajar de las aceras, exponiéndose a caminar a pocos centímetros de los vehículos motorizados.

De acuerdo con la Norma Técnica Ecuatoriana INEN 2243 de 2016, las aceras deben tener un ancho mínimo de 1,2 metros para que una persona no vidente pueda caminar tranquilamente por las calles. La misma distancia de área libre debe mantenerse si es que existen por ejemplo árboles, pero en múltiples zonas de la capital esto no siempre se cumple.
Pero un estudio realizado por la Secretaría de Hábitat en 2023, citado en la Política Pública Metropolitana Espacio Público de 2025, estima que "solo el 41% de las aceras tiene un ancho suficiente para garantizar condiciones óptimas de circulación peatonal".
“Hay normas para poder dejar los espacios, y tienen que respetarse, especialmente en las nuevas edificaciones", matiza Arias. Pero agrega que uno de los problemas en Quito es que hay muchas construcciones que se realizaron antes de la implementación de estas reglas.
82 sanciones a propietarios por no mantener sus aceras en 2026
"Partir de la norma está bien, pero el otro problema gravísimo que tenemos en la ciudad es que no hay mantenimiento de las aceras”, considera Arias.
Cifras entregadas por la Agencia Metropolitana de Control señalan que entre enero y junio de 2026 se han aplicado 82 sanciones a propietarios o frentistas por no dar mantenimiento a las veredas. Es una cifra mayor a la de todo 2025, año en el que las sanciones llegaron 23.
Actualmente, ordenanzas municipales como la 282 y la 124 encargan el cuidado de las aceras a los propietarios, posesionarios, meros tenedores, frentistas y promotores de proyectos de los inmuebles frente a los que se encuentran las vías peatonales.

Entre esas obligaciones, está la de cuidar y mantener en buen estado las aceras, así como realizar las reparaciones de las mismas "luego de haber culminado un proceso constructivo".
"Pero eso tiene que cambiar", apunta el experto en movilidad. "Es una restricción a tener un mejor sistema peatonal porque las autoridades dicen: 'No, eso no es mi responsabilidad, es de los frentistas', y el frentista tampoco se hace cargo".
Vías peatonales 'bien equipadas'
Arias apunta a que el ideal es que las aceras sean adecuadas, atractivas y que "inviten a la gente a caminar". Una idea similar sigue Juan Pablo Rosales, activista y presidente de la Asociación de Peatones de Quito, que desde esa organización ha planteado que exista una división "más equitativa" del espacio público.
Rosales expone que si una calle tiene un ancho de 12 metros, entonces la mitad debería ser para peatones, es decir, veredas de 2,5 metros a cada lado. ¿Y qué se haría con ese ancho? El activista plantea que ese espacio permitiría contar con una banda de servicio, y áreas donde se plantarían árboles.
Esa idea se acerca al concepto de Calles Completas que el Municipio incluye en su última Política Metropolitana de Espacio Público. De acuerdo con ese documento todo proyecto nuevo o de rehabilitación vial debe ejecutarse con los principios de una Calle Completa, es decir el ensanchamiento de aceras, señalización, semaforización, iluminación y arborización.
Una muestra de eso es la siguiente ilustración incluida por la Alcaldía en su Política

Aunque Karina Gallegos, miembro fundadora de la Asociación de Peatones, reconoce que en las últimas elecciones seccionales de 2023 "casi todos los candidatos del peatón", y destaca que eso es "algo que antes no pasaba", teme que esos discursos se queden únicamente en palabras "a menos que haya alguien desde adentro que esté empujando".
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