¿Existe relación entre el aumento de la violencia y la caída de la inversión y el PIB?
En 2025, Ecuador registró la segunda tasa de homicidios más alta de América Latina, con 50,9 casos por cada 100.000 habitantes. Los datos del Banco Central del Ecuador revelan que, en ese mismo período, la Formación Bruta de Capital Fijo y el crecimiento del PIB mostraron caídas pronunciadas que coinciden con la escalada de violencia iniciada en 2021.

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Entre 2017 y 2025, Ecuador atravesó una transformación estructural en sus niveles de violencia. Según el Balance de Homicidios 2025 de InSight Crime, el país registró una tasa de 50,9 homicidios por cada 100.000 habitantes, la más alta de su historia y la segunda de América Latina, solo por detrás de Haití, con 68,0. En términos absolutos, los homicidios intencionales reportados por el Ministerio del Interior pasaron de 278 en el primer trimestre de 2017 a 2.407 en el primer trimestre de 2025, un incremento de 765%.
Simultáneamente, las estadísticas del Banco Central del Ecuador (BCE) muestran que la Formación Bruta de Capital Fijo, indicador que aproxima el comportamiento de la inversión en la economía, registró contracciones interanuales pronunciadas en los períodos de mayor escalada de violencia.
Este artículo examina, con base en datos trimestrales del BCE y del Ministerio del Interior, correspondientes al período 2017–2025, la evolución paralela de tres variables: el crecimiento económico, la inversión y los homicidios intencionales en Ecuador, y sitúa ese comportamiento en el contexto regional provisto por InSight Crime.
El análisis no establece una relación de causalidad, sino que documenta la coincidencia temporal entre ambas variables y la revisa a la luz de evidencia empírica internacional sobre los canales a través de los cuales la violencia incide en las decisiones de inversión.
Ecuador en el contexto regional
El Balance de InSight Crime 2025 ubica a Ecuador como el segundo país más violento de América Latina, con una tasa de homicidios de 50,9 por cada 100.000 habitantes. Esta cifra supera con amplitud el promedio regional estimado en 17,6, y contrasta con economías de tamaño comparable como Perú (10,7), Colombia (25,8) o Chile (5,4) (Gráfico 1).
La posición de Ecuador en este comparativo adquiere relevancia económica cuando se cruza con los datos de riesgo país a escala regional. Según Bloomberg Línea, al cierre de febrero de 2026, Ecuador registró un Emerging Markets Bond Index (EMBI) de 484 puntos, el tercero más alto de América Latina después de Venezuela y Argentina. Aunque este indicador no mide la inversión de forma directa, sí constituye una señal de mayor percepción de riesgo soberano y de condiciones financieras menos favorables para invertir (Gráfico 2).
Los países con tasas de homicidio más bajas en la región tienden a ubicarse también en los tramos inferiores del riesgo país: Chile (95), Uruguay (77), Paraguay (118) y Guatemala (142). En el extremo opuesto, países con alta violencia como Honduras (204) y Colombia (294) registran también valores de riesgo más elevados.
El Salvador constituye una excepción notable a este patrón: pese a registrar la tasa de homicidios más baja de la región, con 1,3, su EMBI asciende a 351 puntos, lo que refleja que el riesgo país responde también a variables fiscales e institucionales más allá de los niveles de violencia.
El informe de InSight Crime señala que el aumento de la violencia en Ecuador se explica, en parte, por la fragmentación de los grupos criminales. A ello se suman las masacres carcelarias, en las cuales al menos 75 personas murieron en cuatro motines en 2025 y la expansión de las economías criminales vinculadas al narcotráfico.
La escalada de homicidios en Ecuador 2017–2025
Los datos trimestrales del Ministerio del Interior permiten reconstruir con precisión la trayectoria de los homicidios intencionales en Ecuador durante el período analizado. Entre 2017 y 2020, los homicidios se mantuvieron en un rango relativamente estable, con cifras trimestrales que oscilaron entre 214 en el tercer trimestre de 2017 y 443 en el cuarto trimestre de 2020. La ruptura se produce en 2021.
A partir del primer trimestre de ese año, con 521 homicidios, la curva asciende de manera sostenida: en el cuarto trimestre de 2022 se registraron 1.435 casos, en el cuarto trimestre de 2023 llegaron a 2.355 y en el primer trimestre de 2025 alcanzaron 2.407, el valor más alto de toda la serie. El año 2025 cerró con 9.235 homicidios intencionales. Los primeros datos de 2026 apuntan a una reducción: en enero de 2026 se registraron 747 casos, frente a 800 en enero de 2025, aunque los niveles siguen siendo históricamente elevados en comparación con los 507 casos registrados en enero de 2024.
El punto de inflexión de 2021 coincide con la agudización de los conflictos entre organizaciones criminales al interior de las cárceles. Entre 2021 y 2023, las masacres carcelarias en Ecuador dejaron un total de 459 fallecidos a nivel nacional.
Mientras los homicidios se triplicaron, la inversión y el PIB perdieron tracción
La Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF) mide el valor de las adquisiciones de activos fijos realizadas por los productores residentes. En las Cuentas Nacionales del BCE este indicador aproxima el esfuerzo de inversión de la economía en su conjunto. Dado que el BCE no publica de forma desagregada la FBKF privada y pública en la serie trimestral disponible, se utiliza aquí la variación interanual del índice de volumen encadenado ajustado por estacionalidad, que elimina los efectos del ciclo estacional y permite comparaciones directas entre períodos.
Los datos muestran tres fases diferenciadas:
En la primera, comprendida entre 2017 y 2019, la FBKF registró variaciones positivas pero decrecientes: 23,9% en el primer trimestre de 2017, cayendo progresivamente hasta -11,9% en el cuarto trimestre de 2019.
En la segunda fase, marcada por la pandemia entre 2020 y 2021, se produjeron contracciones severas de hasta -29,1% en el segundo trimestre de 2020, seguidas de una recuperación que alcanzó 24,8% en el tercer trimestre de 2021 (Gráfico 3).
La tercera fase es la más relevante para este análisis. A partir del primer trimestre de 2023, cuando los homicidios trimestrales ya superaban los 1.600 casos, la FBKF comenzó a registrar variaciones negativas de forma consecutiva: -4,9% en el primer trimestre de 2023, -6,4% en el segundo trimestre de 2024 y -5,2% en el tercer trimestre de 2024, una secuencia que se mantuvo durante siete trimestres consecutivos.
El crecimiento del PIB describe una trayectoria similar. Tras la recuperación post-pandemia, que alcanzó 19,3% en el segundo trimestre de 2021, el ritmo de expansión se desaceleró de forma continua hasta registrar variaciones negativas en los cuatro trimestres de 2024: -1,2%, -4,1%, -1,8% y -0,9%. En 2025, el PIB retomó variaciones positivas de 3,4%, 4,3% y 2,4% en los tres trimestres disponibles, en paralelo a una reducción en el número de homicidios respecto a los picos de 2024 (Gráfico 4).
El quiebre a partir de 2023
El cruce de las series trimestrales permite identificar un patrón relevante. Entre 2017 y mediados de 2022, la economía ecuatoriana mantuvo cierta capacidad de absorción: los homicidios crecían pero la FBKF y el PIB seguían registrando variaciones positivas, sostenidos en parte por la recuperación post-pandemia y por el ciclo favorable de precios del petróleo. Ese equilibrio se rompe en 2023. Es el momento en que los homicidios superan de forma sostenida los 1.600 casos trimestrales y la FBKF entra en terreno negativo de manera consecutiva, acumulando siete trimestres de contracción. El PIB sigue la misma dirección y registra cuatro trimestres consecutivos de caída a lo largo de 2024.
En los tres trimestres disponibles de 2025 se observa una recuperación simultánea. La FBKF volvió a variaciones positivas de 6,7%, 7,5% y 6,5%, y el PIB retomó el crecimiento con 3,4%, 4,3% y 2,4%, en un contexto en que los homicidios pasaron de 2.407 en el primer trimestre a 2.170 en el tercer trimestre de 2025. Esta coincidencia temporal no permite establecer, por sí sola, una relación causal. Los períodos de contracción económica coinciden también con factores exógenos como la pandemia de 2020, la caída del precio del petróleo y los ajustes fiscales, que influyen de forma independiente sobre la inversión y el crecimiento.
Cómo la violencia incide en la inversión
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó, en su análisis más reciente, que los costos directos del crimen y la violencia en América Latina y el Caribe ascendieron al 3,44% del PIB regional en 2022. De ese total, el 47% corresponde al gasto de las empresas privadas en seguridad, el 31% al gasto público en prevención del delito y justicia, y el 22% a la pérdida de capital humano por homicidios e incapacitaciones.
El gasto privado en seguridad opera como una carga sobre los márgenes de las empresas. Según el Banco Mundial, una de cada tres empresas latinoamericanas reporta al menos un incidente delictivo por año, y el costo promedio de seguridad representa entre el 2,3% y el 2,7% de las ventas brutas. Para las pequeñas y medianas empresas, que concentran la mayor parte del empleo formal en Ecuador, este gasto compite directamente con la capacidad de reinversión en activos fijos, lo que se refleja en una menor FBKF.
Un segundo canal es la incertidumbre sobre los derechos de propiedad y la estabilidad del entorno de negocios. El Fondo Monetario Internacional (FMI) documentó, en un análisis de diciembre de 2024, que cuando los homicidios aumentan un 10% en un municipio, la actividad económica local se reduce un 4%. A nivel regional, el organismo estimó que reducir las tasas de homicidio en América Latina al promedio global aumentaría el crecimiento anual del PIB en 0,5 puntos porcentuales.
Los datos muestran que el deterioro de la seguridad en Ecuador ocurrió al mismo tiempo que una inversión más débil y un mayor riesgo país. No se trata de afirmar que la violencia explica por sí sola el desempeño económico, pero sí de reconocer que una economía con más homicidios, extorsión y control criminal del territorio enfrenta peores condiciones para invertir. En ese contexto, la seguridad deja de ser solo un tema policial, también se vuelve un factor económico. Mientras esa presión persista, recuperar la inversión y sostener el crecimiento será más difícil.
(*) Economista, analista económica Gestión Digital.
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