Las anclas económicas que blindan a Perú mientras navega en el caos político
Nueve presidentes en 10 años, pero la macroeconomía sigue funcionando, gracias al Banco Central, la minería, la agroexportación y la Constitución de 1993. Aquí explicamos las razones para que Perú mantenga su estabilidad económica a pesar del caos político.

Centro de Perú con personas caminando
- Foto
Carsten M ten Brink
Autor:
Actualizada:
Compartir:
Durante la última década, desde que el expresidente Ollanta Humala concluyó su período constitucional en 2016, el Perú se ha convertido en el laboratorio político y económico más extraño de América Latina. Si uno mira la sección de política de cualquier diario, la narrativa es de caos absoluto: nueve presidentes en diez años, cierres del Congreso, intentos de autogolpe y una rotación de ministros que haría marear a cualquiera.
Sin embargo, si uno voltea a la sección de economía, se encuentra con una realidad paralela: una moneda —el sol— que es apodada el “Dólar de los Andes” por su increíble fortaleza, niveles de inflación que suelen ser los más bajos de la región y una macroeconomía que parece tener un “piloto automático” blindado contra las balas del populismo.
¿Cómo es posible que un país con tal nivel de desgobierno mantenga las luces encendidas y las cuentas en negro? La respuesta no es una sola, sino una combinación de diseño institucional, herencia traumática y un modelo exportador que ha aprendido a ignorar el ruido de la capital.
El Banco Central de Reserva es el guardián de la moneda
La pieza más importante del rompecabezas es, sin duda, la autonomía del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP). Tras la hiperinflación de finales de los años 80 en el primer gobierno de Alan García —donde los precios subían por hora—, la sociedad peruana desarrolló un consenso implícito: la estabilidad de la política monetaria es sagrada.
Bajo la gestión de Julio Velarde (quien ha liderado la entidad desde 2006, sobreviviendo a los nueve presidentes de este periodo), el BCRP ha mantenido un mandato único de estabilidad de precios (Gráfico 1).
- Autonomía constitucional: La Constitución de 1993 prohíbe explícitamente al Banco Central financiar al Tesoro Público. Esto evita que el presidente de turno imprima billetes para pagar favores políticos o cubrir déficits.
- Reservas Internacionales: Perú mantiene un nivel de reservas equivalente a casi el 30% de su PIB, lo que le da un “colchón” para intervenir en el mercado cambiario y evitar la volatilidad extrema.
Cuando Pedro Castillo, del izquierdista partido Perú Libre, ganó la Presidencia en 2021, inicialmente se especulaba que sacaría a Velarde; no obstante, cuando el sol comenzó a desplomarse y hubo una fuga de capitales, Castillo rápidamente dio marcha atrás. Ahora, el nuevo presidente de Perú Libre designado por el Congreso, José María Balcázar, se reunió con Velarde al día siguiente de su nombramiento.
El “piloto automático” del MEF
Mientras el Congreso y el Ejecutivo se enfrascan en juicios políticos y vacancias, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) suele ser el último bastión de la tecnocracia. Históricamente, el MEF ha estado poblado por técnicos de carrera que comparten una visión de disciplina fiscal.
A pesar de los cambios de gabinete, las reglas de juego fiscales (límites de deuda y déficit) se han respetado con una disciplina religiosa. Esto ha permitido que Perú mantenga uno de los niveles de deuda pública respecto al PIB más bajos de la región (alrededor del 33%), dándole una solvencia que los mercados internacionales premian con tasas de interés bajas.
Este bastión ha comenzado a tambalear un poco en los últimos años, con ocho ministros desde que Castillo asumió el poder en julio de 2021; y al menos uno que no ha tenido un perfil tecnocrático sino más bien político.
El sector privado, la minería y la agroexportación
Otra de las claves de la resiliencia peruana es que el motor de crecimiento no depende de la gestión del Estado. Perú es un país de mineros privados, agroexportadores y emprendedores informales.
- Minería como ancla: El cobre es el alma del Perú. Mientras el precio del metal sea alto y las minas sigan operando, las divisas fluyen. La minería representa cerca del 60% de las exportaciones totales. Aunque los conflictos sociales son un reto, el flujo de inversión minera tiene horizontes de 20 o 30 años, lo que los hace menos sensibles a la crisis política de la semana.
- Agroindustria: En los últimos 20 años, Perú pasó de ser un actor irrelevante a ser el primer exportador mundial de arándanos y uno de los líderes en uvas y espárragos. Estos sectores dependen del clima y la demanda global, no de quién ocupe el sillón de Pizarro.
- Perú superó a Chile en la exportación de productos agrícolas en 2025. Según datos de Fresh Fruit, Perú cerró 2025 con USD 14.451 millones en envíos agroindustriales, mientras Chile alcanzó los USD 13.190 millones, revirtiendo una brecha que hasta hace poco parecía inalcanzable.
La “inmunidad” de la informalidad
Aproximadamente, el 70% de la fuerza laboral peruana es informal. Si bien esto es un problema estructural que afecta los niveles de productividad y la protección social, también actúa como un amortiguador político.
Para millones de peruanos que venden productos en la calle o manejan pequeños negocios familiares, el Estado es una entidad lejana. Su actividad económica no se detiene porque haya una crisis de gabinete en Lima; ellos siguen operando bajo sus propias reglas, lo que paradójicamente le da una inercia de crecimiento al consumo interno que no se ve afectada por la parálisis legislativa. Más bien el sector se ha visto afectado por el aumento de la inseguridad y las extorsiones.
La Constitución de 1993
Aunque es un tema de debate político, desde el punto de vista económico, el Capítulo Económico de la Constitución de 1993 ha sido el “ancla” del modelo.
- Igualdad de trato: La ley garantiza que el inversor extranjero tenga los mismos derechos que el nacional.
- Libertad de cambio: No hay controles de capitales. Cualquiera puede comprar o vender dólares libremente.
- Contratos Ley: El Estado no puede cambiar unilateralmente los términos de un contrato de inversión, lo que genera una seguridad jurídica que sobrevive a los cambios de gobierno.
Si bien algunos críticos consideran que la constitución es “neoliberal” por ser muy favorable al sector privado, lo cierto es que ha favorecido a la inversión privada y el crecimiento. Lo contrario ocurre en el Ecuador, con la Constitución de Montecristi, que da un mayor peso al Estado y al sector público, limitando la posibilidad de inversión del sector privado (nacional o extranjero) en lo que denomina “sectores estratégicos”, y que incluyen a sectores tan vitales como la generación y distribución eléctrica, las telecomunicaciones, el espectro radioeléctrico, los hidrocarburos y los minerales. Este ha sido uno de los factores que ha llevado a los apagones.
La inversión extranjera directa en Ecuador no es ni la décima parte que en los países vecinos. El PIB per cápita, que era similar en Colombia, Ecuador y Perú en 2007, ahora es muy inferior en Ecuador (USD 6.873 en Colombia, USD 6.711 en Perú y USD 5.999 en Ecuador en 2024, medido en dólares constantes de 2015) (Gráfico 2).
El límite del modelo: ¿se está agotando la resiliencia?
No todo es optimismo. La estabilidad macroeconómica es una condición necesaria, pero no suficiente, para el desarrollo. Tener nueve presidentes en 10 años está empezando a pasar factura.
- Parálisis de la gestión pública: Aunque la macroeconomía aguante, la “microeconomía” sufre. Los hospitales no se construyen, las carreteras se deterioran y la inseguridad ciudadana escala porque no hay continuidad en los ministerios del Interior o Salud.
- Fuga de talento: La constante rotación de funcionarios de alto nivel está erosionando la tecnocracia que antes blindaba al MEF.
- Deterioro de la confianza: La inversión privada, que es el motor del empleo formal, ha mostrado signos de estancamiento. El capital es cobarde por naturaleza, y aunque Perú sea un “puerto seguro” comparado con países vecinos en crisis, la incertidumbre constante desincentiva las apuestas a largo plazo.
Esto principalmente en el caso de los gobiernos del partido Perú Libre, que se autodefine como “marxista, leninista y mariateguista”. Algunos de los proyectos que estaban en marcha bajo el breve interinazgo de José Jerí podrían verse afectados:
- La reestructuración de la empresa Petroperú, que va años con abultadas pérdidas económicas (USD 468 millones en 2025)
- La construcción de una nueva carretera central, para sustituir a la obsoleta y peligrosa carretera hacia Huancayo (a un costo estimado de más de USD 7 mil millones)
- Planes para mejorar la seguridad, reduciendo las extorsiones, minería ilegal y otras acciones de los grupos de delincuencia organizada.
El nuevo presidente Balcázar enfatizó en que la estabilidad de la economía es una de las prioridades de su gestión. Por ello, dijo que no habrá “ensayos económicos” ni “saltos al vacío” en materia financiera, ha ratificado a Velarde, e incluso ha mencionado la posibilidad de ratificar al equipo económico.
Según la empresa Renta4, si bien en el corto plazo “la reacción del mercado podría ser moderadamente negativa por la percepción de mayor riesgo político”, la trayectoria de la moneda y los activos peruanos dependerá principalmente del resultado electoral del 12 de abril y de la configuración del nuevo Congreso. “Si el proceso entrega un resultado percibido como promercado y un Senado menos fragmentado, el ruido actual podría disiparse rápidamente”.
Un país patojo
Perú ha logrado lo imposible: separar su destino económico de su circo político. Es un país que camina con una pierna fuerte (la macroeconomía) y una pierna fracturada (la política).
Esta dualidad ha permitido que el país no colapse, pero también ha impedido que dé el salto definitivo hacia el desarrollo. La resiliencia peruana es admirable, pero peligrosa; ha generado una complacencia en la clase política, bajo la creencia de que sin importar lo que hagan, la economía seguirá creciendo. Sin embargo, ningún piloto automático es eterno si no se hace mantenimiento al avión.
Hay 36 candidatos a la Presidencia para las elecciones del 12 de abril; antes de la caída de Jerí, encabezaban las encuestas los derechistas Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular. Si bien las dos formaciones dieron su apoyo a la contrincante de Balcázar, María del Carmen Alva, algunos analistas especulan que les convenía más declararse en oposición a un gobierno de izquierda, el mismo que tendrá muy poco margen de maniobra para encarar los problemas que aquejan al Perú, en los pocos meses que le quedan de mandato.
(*) Experto en Desarrollo Sostenible y Financiación Climática, colabora con Gestión Digital.
Compartir:
