El centro de Guayaquil vive su peor crisis de violencia | "Ya ni siquiera aquí se puede estar tranquilo", dicen moradores
El casco central de Guayaquil, que hasta 2020 registraba una veintena de homicidios anuales de media, pasó a reportar más de 200 muertes violentas en 2025. El primer trimestre de 2026 también registró récord. Vecinos señalan falta de personal policial tras triple crimen con 92 disparos.

Vista del impacto de una bala en una puerta metálica de un edificio en las calles Esmeradas, entre Ayacucho y Pedro Pablo Gómez, en el centro de Guayaquil, frente al lugar del ataque armado que terminó con un triple crimen el 10 de mayo de 2026.
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PRIMICIAS
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Redacción primicias
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El corazón comercial y casco histórico de Guayaquil, que alguna vez fue uno de los sectores más resguardados y seguros de la ciudad, enfrenta la etapa más sangrienta de su historia reciente. El centro de la ciudad, que hasta 2020 registraba una media de veinte homicidios anuales, pasó a reportar más de 200 muertes violentas en 2025.
Los crímenes crecieron en un 56,29% entre 2024 y 2025 en el distrito 9 de Octubre, que abarca todo el centro, parte del centro-sur y una franja del Suburbio de Guayaquil -en el Cristo del Consuelo-.
La tendencia se mantiene al alza en 2026: entre enero y marzo ya se contabilizaron 49 homicidios, el peor indicador para el primer trimestre del año desde 2010, cuando se empezaron a llevar registros sistematizados de muertes violentas en Ecuador.
*Revise en el siguiente gráfico el comportamiento histórico de las muertes violentas en el centro de Guayaquil:
El reflejo de las estadísticas se vivió con terror el pasado domingo 10 de mayo de 2026, pasado el mediodía y en medio de la celebración del Día de las Madres.
En el sector comercial de la calle Esmeraldas, entre Ayacucho y Pedro Pablo Gómez, sicarios interceptaron a un vehículo todoterreno que esperaba el cambio de la luz roja en un semáforo y perpetraron un violento triple crimen con al menos 92 disparos.
Entre las víctimas mortales se contaron una exintegrante de un grupo de tecnocumbia y un hombre con una causa penal archivada en 2023 -las primeras investigaciones señalan una presunta disputa entre las bandas criminales Los Lobos y Carniceros-. Mientras que dos personas resultaron heridas, entre ellas un transeúnte que fue alcanzado por los disparos como víctima colateral del ataque.

“La policía está a una cuadra, pero tardaron 15 minutos en llegar”
Un comerciante del sector del ataque armado contó que presenció cómo la gente corría despavorida buscando refugio con el inicio del tiroteo y dijo que se lanzó al piso de su local durante la larga balacera.
"Estuve tirado en el suelo durante dos minutos seguidos de bala”, dijo el comerciante, que prefirió el anonimato. A pesar de contar con una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) a tan solo una cuadra de distancia (en la calle Los Ríos y Pedro Pablo Gómez) denunció que la Policía Nacional tardó 15 minutos en llegar a la escena del triple crimen.
Fue una patrulla militar que rondaba el sector la primera en atender la emergencia. "Ya ni siquiera aquí en el centro, en pleno día, se puede estar tranquilo", lamentó otro comerciante de la zona, que señaló cómo puertas metálicas de domicilios frente al ataque quedaron con impactos de balas.
La violencia armada no es el único mal que azota al sector. Los comerciantes que laboran en el cercano y reconocido corredor de venta de repuestos automotrices de la calle Ayacucho reportaron el año pasado extorsiones, secuestros de comerciantes e incluso la detonación de bombas en los locales. Un corredor de la calle Esmeraldas que cruza la zona es una de las zonas más violentas del centro.
Los alrededores del icónico Parque Centenario figura como otro de los puntos críticos en 2025 y 2026. Este perímetro ha sido escenario de asesinatos como los ataques dirigidos contra taxistas que cubrían las taxirrutas hacia el vecino cantón Durán, presuntamente vinculados a redes de extorsión.
*Revise en el siguiente gráfico la distribución de las muertes violentas entre 2025 y 2026 en el distrito 9 de Octubre, en el centro de Guayaquil:
Déficit policial y vulnerabilidad ciudadana
Gustavo Rivadeneira, gestor de seguridad y líder comunitario del barrio Garay, en la zona del centro-oeste del centro donde se registró el violento ataque armado del pasado domingo, explica que la crisis se agudiza por la falta de personal policial.
Aunque los moradores gestionaron la repotenciación de la UPC Garay 2, actualmente solo cuentan con un policía delegado para atención ciudadana, quien atiende en un horario limitado y sin relevo. “Entonces es común que los ciudadanos acudan a la UPC y la encuentren cerrada”, dijo.
La delincuencia también estudia estas falencias, refiere. Los vecinos denuncian que en Esmeraldas y Luque opera un delincuente que se moviliza en motocicleta y asalta a transeúntes a mano armada, casi a diario, a las 07:30, aprovechando los minutos previos a la formación obligatoria de la Policía.
“Más del 80% de los residentes son adultos mayores que, por desconocimiento tecnológico, no denuncian los robos. Se han reportado incluso incursiones de ladrones en el interior de las casas”, dice el dirigente barrial. También hay población flotante que no denuncia. Esto genera un subregistro que impide a la Policía dimensionar la verdadera situación del sector y limita el envío de más personal, dijo.

El dirigente comunitario dijo que ante el recrudecimiento de la violencia ha mantenido reuniones con el jefe de policía del distrito y con la empresa pública municipal de seguridad Segura EP.
La Policía se comprometió a gestionar el retorno de una Unidad Móvil de Atención Ciudadana (UMAC), un furgón, que el año pasado logró mitigar el problema de las extorsiones y asaltos en la calle Ayacucho. “Al finalizar el año la UMAC entró en reparación y ahora se reactivaron los problemas”.
También se gestiona el aumento del patrullaje de agentes motorizados para atacar asaltos recurrentes y de uniformados en bicicleta (policiclos) -como presencia disuasiva-, estrategias que en el pasado han logrado mitigar temporalmente la ola de inseguridad que asfixia a ese sector del centro de Guayaquil.
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