Dos hermanas lloran a sus hijos menores desaparecidos por hombres vestidos de militares en Ecuador
En medio de la crisis de inseguridad que atraviesa la provincia de Los Ríos, las Fuerzas Armadas se movilizaron a la provincia para ayudar en la lucha contra la inseguridad. El Comité Permanente de los Derechos Humanos registra denuncias de presuntas desapariciones forzadas.

Las madres de Justin Álvarez y Jairo Tapia miran la foto de los primos desaparecidos por hombres vestidos de militares.
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Red de Periodismo de Investigación FPSC
Autor:
Red de Periodismo de Investigación de la Fundación Periodistas Sin Cadenas
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Por una de las calles de una ciudadela de Babahoyo, provincia de Los Ríos, en el centro del Litoral de Ecuador, el sol quema la piel y el silencio carga un peso que ahoga. El aire huele a miedo, un miedo que se ha instalado en las casas como un vecino más.
Frente a una vivienda de paredes grises y ladrillos a medio cubrir, un hombre de 39 años espera en su silla de ruedas. Su tez morena brilla bajo una gorra que nunca se quita, como si quisiera protegerse del mundo que le ha arrebatado tanto. Sus manos, endurecidas por años de albañilería, se aferran a las ruedas con una mezcla de fuerza y derrota. Y son sus ojos, que se llenan de lágrimas cada vez que habla de su hijo, los que cuentan la verdadera historia: la de un padre que, desde el 4 de septiembre de 2024, no sabe si su hijo está vivo o muerto.
El hombre es padre de Jairo Damián Tapia Álvarez, quien junto a su primo, Justin Álvarez, desapareció en la provincia de Los Ríos. Ambos son menores de edad, y son parte de los 20 casos de presuntas desapariciones forzadas en esta provincia, la que registró más casos en el país según el Comité Permanente de los Derechos Humanos (CDH), todos en 2024.
El padre confiesa que sus días no son los mismos sin su hijo. Dentro de la casa donde habita, el aire es denso, cargado de ausencias. En la sala, que hace las veces de dormitorio improvisado desde que un infortunio le arrebató la movilidad de sus piernas, una foto de Jairo Damián, con su sonrisa de adolescente, lo observa como un altar frente a la cama.

Cada mañana, el padre despierta con esa imagen como primer horizonte. Cada noche, antes de cerrar los ojos, le habla en silencio, como si el retrato pudiera susurrarle dónde está su hijo.
“No duermo, no como. Solo pienso en él. ¿Qué le estarán haciendo? ¿Estará vivo? Si está muerto, que me digan dónde, para llevarle flores”, dice, con las lágrimas resbalando por sus mejillas morenas, mientras su voz se quiebra bajo la gorra. La vivienda rústica, incompleta como la vida de Jairo, es un espejo de su espera: sostenida a duras penas, con el cemento gris como testigo de su agonía.
Los recuerdos de esa noche
A pocos minutos, en otra casa del sector, a pocas cuadras del hogar de Jairo, una mujer comparte el mismo dolor. Ella es la madre de Justin Álvarez, primo de Jairo Damián, quien cumplió 18 años el 15 de julio de 2025. En la sala de su casa, dos cuadros permanecen sobre una cocina industrial como reliquia: uno de Jairo Damián, con su mirada de chico futbolero, y otro de Justin, con esa chispa de quien, según su madre, “era más de novias”.
Esos retratos son un recuerdo permanente para las hermanas Álvarez, madres de Justin y Jairo Damián, que se aferran a la esperanza de que sus hijos sigan vivos. “Mi corazón de madre no me deja pensar en otra cosa. Justin está en alguna parte, lo sé”, dice, con las manos inquietas, mientras sus ojos recorren la imagen de su hijo, padre de un bebé que ella ni siquiera conoce.
Ambas recuerdan que aquella madrugada del 4 de septiembre de 2024, el estruendo de una puerta de metal rota despertó a la familia. “Eran como 11 militares, encapuchados, con fusiles. Revolvieron todo, se tomaron los jugos que vendíamos. A mi hija de ocho años le apuntaron, y ella lloraba por su hermano”, cuenta con la voz endurecida por la rabia. Recuerda cómo Justin, de sueño ligero, se había despertado con el ruido.
Jairo Damián, en cambio, medio dormido fue sacado de la cama, donde descansaba entre su madre y su hermanita. “Mi hijo dormía a mi lado. Lo arrancaron de la cama como si fuera un objeto. No pude hacer nada”, dice, con la garganta temblorosa, mientras sus ojos se fijan en el cuadro de su hijo en la sala.
“Se los llevaron en dos camionetas, una blanca y una gris. Nadie salió a ayudarnos. Nadie llamó a la Policía”
Madre de Jairo Damián
La puerta rota sigue allí, con secuelas de la violenta incursión al hogar, donde ahora faltan dos de sus integrantes. A la fecha del allanamiento, los jóvenes tenían 16 y 17 años.
Cada día, la madre repite el mismo ritual que el padre: mirar la foto de Jairo Damián, hablarle en silencio, aferrarse a la idea de que su hijo, fanático del fútbol, sigue vivo. “Era un buen hijo, siempre alegre”, murmura, mientras la esperanza y el dolor se pelean en su pecho.
Y aunque han pasado 11 meses, tienen intacta la esperanza de volver a ver a sus hijos. Pero se sienten olvidadas por una justicia que no los busca con la misma urgencia que a otros. “Vi (el caso) Las Malvinas en las noticias. Me dio rabia, pero también esperanza. Si esos chicos aparecieron, ¿por qué no buscan a los nuestros?”, dice la madre de Justin.
Los casos en Los Ríos
La desaparición de los dos menores es una de las decenas de denuncias por desaparición forzada que la Fiscalía de Ecuador investiga. De acuerdo con los registros del CDH, hay 33 casos a escala nacional, de los cuales 20 se registraron en Los Ríos, es decir el 60%. Todos son casos de 2024, en el contexto de la vigencia del conflicto armado interno, y casi todos apuntan a los militares, o al menos a personas que se visten con atuendos que aparentan serlo.
Y coinciden con el aumento de la presencia militar en Los Ríos, como respuesta al crecimiento de la inseguridad en la provincia, una de las más violentas del país desde 2023, en la que se han registrado 688 homicidios solo en los primeros siete meses de 2025. En cantones como Babahoyo y Puebloviejo, la cantidad de muertes llegó a máximos históricos, pues en esos territorios, la venta de drogas, las extorsiones y los secuestros se convirtieron en la normalidad.
Es por eso que Los Ríos vive bajo los constantes estados de excepción decretados por el presidente Daniel Noboa. Y esto permite a los elementos de las Fuerzas Armadas intervenir en operaciones de seguridad, para combatir el crimen organizado.
Dos madres en la búsqueda
Si un día llegan a una vivienda agentes estatales, o personas que al menos aparentan serlo, y detienen a una persona y se la llevan, ¿dónde lo buscas?
Tras el allanamiento, las madres de Justin y Jairo recorrieron hospitales, cárceles, morgues, incluso las cercanías de áreas agrícolas donde suelen abandonar cuerpos, en la búsqueda de cualquier pista. “Caminábamos horas, preguntando, rogando, pero nada. Nadie sabía nada”, cuenta una de ellas, con la voz agotada. La otra asiente, recordando cómo sus pasos las llevaban a lugares donde el miedo y la muerte parecían acechar. Pero no encontraron nada, solo el eco de su propia desesperación.

Pero 15 días después, Justin apareció. Contactó a su madre desde una tienda en la vecina provincia de Bolívar, a través de un mensaje de Facebook. “Mamá, ven por mí, estoy escondido”, le dijo luego por teléfono, con la voz desesperada. Ella, con USD 20 prestados y una camioneta conseguida a última hora, corrió a buscarlo. Lo encontró rapado, con el cabello cortado “como militar”.
Ya de vuelta en casa, Justin contó el infierno que vivió esos días: los tenían en el antiguo edificio del Cuerpo de Bomberos de otro cantón de Los Ríos. Los golpeaban, los torturaban. “Mi hijo me dijo que Jairo Damián pedía que lo mataran, de tanto que sufría”, relata, con lágrimas que intentan caer sin permiso. Justin narró que los vestían con uniformes militares, que los llevaron a Quito y Ambato, que los “camuflaban”. Escapó porque sus captores, borrachos, se descuidaron. Huyó al monte; caminó sin mirar atrás, con el corazón en la garganta.
Pero el alivio duró poco. Justin, atemorizado, apenas salía de casa. Dormía en casas de familiares, siempre escondido. Su madre, que trabajaba en Santa Elena, le suplicaba que no saliera, que se cuidara. “Le dije que se viniera conmigo, pero no quiso”, dice, con la culpa arañándole el pecho.
El 28 de noviembre, mientras estaba en casa de su novia, durante uno de los cortes de luz que azotaban a Ecuador en esas fechas, “los militares” volvieron por él. “Me avisaron por Facebook. Se lo llevaron con otros dos chicos. Nadie sabe nada”, cuenta ella, con la voz ahogada. Desde entonces, no hay mensajes, no hay llamadas. Solo un silencio que pesa más que los nueve meses que han pasado.
La abuela de Jairo Damián, una mujer septuagenaria de mirada cansada, también lleva el dolor a cuestas. El 5 de mayo de 2025, el día de cumpleaños de su nieto, fue un día de luto en lugar de celebración. “Siempre le comprábamos un pastel, cantábamos. Esta vez, no hubo nada. Solo su foto y nuestras lágrimas”, cuenta, con la voz quebrada por el peso de la ausencia.
En ese sector de Babahoyo, el miedo es un vecino más. Las patrullas militares siguieron rondando, como fantasmas, cuentan las mujeres. Las puertas de los negocios se cierran temprano, antes de las 19:00, porque nadie quiere ser el próximo.
La Fiscalía, la Policía, las autoridades: nadie da respuestas. Las denuncias, presentadas por las dos madres, duermen en un expediente. Los registros de cámara de vigilancia que pudo haber captado a los uniformados fueron borrados. Los vecinos callan, atrapados en un silencio temeroso.
Para esta investigación, Periodistas Sin Cadenas también envió un pedido de información al Ministerio de Defensa por correo electrónico el pasado 23 de junio de 2025. Nunca hubo una respuesta.
Los meses han pasado, y el paradero de los dos menores sigue siendo un misterio, un vacío que quema más que el sol de Los Ríos. El padre de Jairo, con la voz quebrada, dice: “Espero que se haga justicia, que el caso de mi hijo trascienda, porque ya son 11 meses y no sé si está vivo o muerto”. Su esperanza, frágil pero inquebrantable, se aferra a la idea de que la verdad, algún día, llegará.
Este reportaje se realizó gracias al programa de becas de producción de la Red de Periodismo de Investigación, un proyecto de la Fundación Periodistas Sin Cadenas. Lea la segunda entrega el viernes 29 de agosto de 2025.
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