Mujeres y su rol en el crimen organizado en Ecuador | "Ya son caras visibles de la economía criminal”
El año 2025 cerró con al menos 2.500 mujeres privadas de libertad en Ecuador. Por las fallas del sistema de rehabilitación social, ellas "salen graduadas como criminales”, dice investigadora.

Según la Fiscalía, alias 'Myrka Maru' coordinaba las acciones de Los Pepes.
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La vinculación o el reclutamiento de más mujeres en los Grupos de Delincuencia Organizada (GDO) corresponde a la evolución misma del crimen organizado y a la influencia cultural que promueve el valor de la mujer por su estética o su relación con el poder masculino.
Valeria Romero, investigadora en temas de política criminal y exanalista del Observatorio de Seguridad, Crimen y Defensa de la Fundación Ciudadanía y Desarrollo, aborda la participación creciente de mujeres como “piezas claves en la ingeniería financiera de la banda”.
Subestimadas en las investigaciones policiales, las autoridades, dice Romero, “siguen buscando a los hombres, pero las mujeres también blanquean los dineros de las operaciones ilegales”.
¿Por qué hay cada vez más mujeres en el crimen organizado?
Primero está lo cultural, hemos visto casos como el de las Muñecas de la Mafia, que están vinculadas con el crimen organizado, estamos rodeados de música, de cinematografía con estética narco y que favorece el discurso de las armas, de la violencia.
¿Qué tanto influye esto?
Esto no solamente es ficción, sino que moldea bastante la forma en que la sociedad puede ver a la mujer, y la reduce a un objeto de consumo. No solo es entretenimiento, sino que es una pedagogía del estereotipo que se enseña a las nuevas generaciones, que el valor de una mujer está en su estética o en su relación con el poder masculino.
¿Hay otras razones?
También está el estereotipo de la mujer que es víctima, que es cooptada por el narcotráfico y termina atrapada, lo que genera una compasión en la audiencia. Y también un estereotipo de mujer matriarcal, que mantiene la estructura del narco y valida su estilo de vida.
¿Qué impacto está teniendo en los jóvenes?
Hay un estudio que señala que existe una romantización del peligro, al ver a estos famosos influencers mostrar lujos en las redes, los jóvenes ven esto como un camino al éxito, porque es dinero fácil. El hecho de que una mujer romantice ser pareja de un narcotraficante es una estrategia de reclutamiento.
Un estudio señala que las mujeres representaban el 8% de la población total privada de libertad de las Américas en 2023. A pesar de que es minoría, los niveles de encarcelamiento han registrado un 56% de aumento y lo podemos atribuir al endurecimiento de políticas criminales en materia de droga y falta de perspectiva de género al juzgar estos delitos.
Y no hay rehabilitación social.
También hay fallas del sistema penitenciario, el año pasado lo cerramos con 2.500 mujeres privadas de libertad en el país, no tenemos un sistema de rehabilitación social, eso hace que mujeres que entran a las cárceles salgan graduadas como criminales, porque no se tiene un control de cómo se están manejando las cárceles, que son los principales centros de mando del crimen organizado.
¿Qué impacto tiene esto en las familias?
Muchas mujeres que son encarceladas son madres y esto provoca efectos perjudiciales en los niños, incluyendo la separación familiar y la perdida de vínculos.

¿Cómo participa la mujer en los esquemas delictivos?
Suelen ocupar los eslabones bajos. El año pasado hubo un caso de una banda liderada por una mujer, alias 'La Patrona'. Las autoridades suelen ir detrás de perfiles masculinos y esto permite que las mujeres tengan roles con mayor libertad para tareas de logística e inteligencia porque levantan menos sospechas.
¿Qué tipo de roles?
Los roles son muy básicos, de vigilancia, de ingresar objetos prohibidos a cárceles, son como fuentes logísticas, también existen roles de gestión, mujeres que manejan comunicación entre los líderes carcelarios y el exterior, y son como fuentes logísticas.
También roles de liderazgos de alto nivel, donde mujeres han asumido el control de grupos criminales, aquí en Ecuador tuvimos el caso de la Mama Lucha y, el año pasado, el de la Pastora en el Comité del Pueblo, por delincuencia organizada.
¿Pero también hay quienes lavan activos?
El crimen organizado es un reflejo de la sociedad patriarcal, cada vez más mujeres están adoptando roles más importantes, porque son contadoras, abogadas, coordinadoras en temas de sicariato, y esto es fuerte.
No se tiene que adoptar el estereotipo de que la mujer es una víctima, que no tuvo opción, sino que se tiene que visibilizar este otro lado: el crimen organizado sigue aprovechándose de madres de hogares, de jefas de hogares, sectores vulnerables, porque para muchos la económica ilícita no es una cuestión de lujo, sino una vía para cubrir necesidades.

La crisis económica como una vía de entrada.
Es similar con el reclutamiento en zonas donde existe alta vulnerabilidad económica, las personas empiezan a ver al GDO como un grupo al que pueden pertenecer, sus lazos familiares están desechos, no tienen una red de protección, el GDO les ofrece pertenecer a una familia.
En Ecuador la mujer siempre ha tenido un rol de cuidadora escondida en los GDO, ahora son caras visibles de la economía criminal, usualmente por su situación de vulnerabilidad, porque no olvidemos que los GDO son estructuras sumamente patriarcales, ellas terminan pagando con sus vidas.
¿O en la cárcel?
Cuando una mujer es detenida o sentenciada por un crimen existe una doble estigmatización, la sociedad la juzga doblemente por el delito y por fallar en su rol de madre cuidadora.
En este caso de las Muñecas de la Mafia no se las juzga por estar vinculadas con el delito sino por temas de la intimidad de la mujer.
Esto hace que las autoridades no estén poniendo el foco en los roles que cumplen en las estructuras criminales, porque las ven como acompañantes cuando su rol puede ser mucho más profundo. También pueden crear empresas fantasmas, mover flujos de dinero.

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