Contigo Mujer, el programa en Nueva York que busca que ecuatorianas conviertan la migración en un proyecto de futuro
El programa Contigo Mujer, impulsado por el Consulado General del Ecuador en Nueva York, reúne a ecuatorianas migrantes en un proceso de formación en liderazgo, finanzas y emprendimiento para fortalecer su autonomía económica.

Autoridades, organizadoras y participantes celebran el lanzamiento de Contigo Mujer, un programa de liderazgo y emprendimiento dirigido a mujeres ecuatorianas migrantes en Nueva York.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. En una sala del consulado ecuatoriano en Queens, más de un centenar de mujeres migrantes escuchan hablar de liderazgo, finanzas y emprendimiento. Algunas toman apuntes en cuadernos. Otras sostienen el teléfono con el que registran cada detalle. La escena resume una realidad frecuente en la migración ecuatoriana. Mujeres que llegaron buscando mejores oportunidades laborales, responsabilidades familiares y una idea persistente de progreso.
La reunión marcó el inicio de Contigo Mujer, un programa de formación que busca fortalecer el liderazgo y las iniciativas económicas de ecuatorianas que viven en Nueva York. La propuesta fue presentada el pasado sábado 7 marzo y reúne a 26 organizaciones de la sociedad civil, además de instituciones académicas y comunitarias, con el objetivo de ofrecer herramientas prácticas para quienes buscan construir proyectos propios en Estados Unidos.
Durante el lanzamiento también estuvieron presentes autoridades locales y representantes de distintas instituciones. Entre ellas la vicealcaldesa de Salud y Servicios Sociales de Nueva York, Helen Arteaga Landaverde -ecuatoriana-; la senadora estatal Jessica Ramos; el juez Edwin Novillo también ecuatoriano; entre otras autoridades ecuatorianas y académicas.
La consulesa general del Ecuador en Nueva York, Gicela Andrade, explicó que la iniciativa nació tras escuchar de cerca las historias de muchas mujeres que acudían al consulado en busca de orientación o ayuda. “Llegaban con sus hijos, con miedo, con incertidumbre y muchas veces atravesando momentos muy duros”, recordó. La diplomática indicó que el objetivo del programa es ir más allá de la asistencia puntual y ofrecer herramientas que permitan construir autonomía económica y redes de apoyo.
Migrar, recuerdan varias de las participantes, rara vez es una decisión simple. Implica aprender nuevas reglas, reconstruir redes y, muchas veces, empezar de nuevo. “Emigrar es reinventarse”, resumió Gina Chong, representante de las organizaciones comunitarias que integran la alianza, durante el evento de lanzamiento.

Formación en áreas estratégicas
El programa se desarrollará a lo largo de varios meses mediante cuatro módulos presenciales, con un total de 42 horas de formación. Los talleres abordan temas como emprendimiento, educación financiera, bienestar emocional, liderazgo, marca personal y networking, además de nociones legales relacionadas con la vida migrante. La capacitación cuenta con certificación académica respaldada por instituciones universitarias ecuatorianas.
Pero detrás de los discursos institucionales, el interés real está en las historias individuales. Entre las asistentes hay mujeres que llegaron hace pocos meses y otras que llevan años construyendo una vida en la ciudad.
Rosa Romero, por ejemplo, se inscribió porque quiere entender cómo abrir un negocio propio. En Ecuador era abogada y ahora busca adaptarse a un entorno nuevo. “Me interesa aprender sobre emprendimiento y sobre derechos”, explica. “Es importante que las mujeres conozcan cómo defenderse y cómo crecer”.
Carolina Rivera comparte una motivación distinta. Llegó a Nueva York hace poco más de un año y decidió participar para conocer la comunidad que la rodea. “Cuando uno llega a un país nuevo, lo primero es entender cómo funciona la gente, cómo se conectan entre ellos”, dice. Para ella, el programa es una puerta para construir esas redes.
La historia de Sandra Quito, sin embargo, conecta la migración con la memoria familiar. Vive en Queens desde hace cuatro años y tiene la meta de convertir en negocio, un dulce tradicional que forma parte de su historia: la espumilla.
Sus padres venden espumilla en Cuenca, cerca de la iglesia María Auxiliadora. Lo hacen desde hace más de 30 años, como lo hacía antes su abuela. “Es una herencia familiar”, cuenta Sandra. “Mi mamá vende desde que era muy pequeña”.
En Nueva York ya comenzó a llevar ese dulce a eventos comunitarios y actividades del consulado. Ahora quiere dar el siguiente paso. Formalizar el emprendimiento, abrir un pequeño local y transformar ese sabor de infancia en una oportunidad económica.
Para ella, el curso no es solo una capacitación más, sino una manera de traducir una tradición familiar en un proyecto de futuro.
En esa sala del consulado, entre cuadernos y teléfonos grabando, las historias se repiten con matices distintos. Mujeres que dejaron ciudades como Cuenca, Quito, Loja, Yaguachi o Guayaquil y que ahora intentan reconstruir sus caminos en Nueva York.
El programa puede ofrecer talleres, contactos y certificados, pero lo que realmente se pone en marcha es algo menos visible: una red de apoyo entre migrantes que buscan convertir la experiencia de empezar de nuevo en una oportunidad para avanzar.
Quizá dentro de unos años, en alguna feria comunitaria de Nueva York, alguien pruebe una espumilla y no sepa que detrás de ese dulce hay una historia migrante. Una que empezó lejos, en las calles de Cuenca, y que ahora intenta encontrar su lugar en otra ciudad.
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