Cuaresma y fe en medio de redadas: migrantes en Estados Unidos se preparan para la Semana Santa y siguen tradiciones
La preparación para la Semana Mayor para los migrantes ecuatorianos católicos en Estados Unidos, combina el recuerdo y la práctica de tradiciones ecuatorianas, ayunos a medias por el trabajo y adaptación al estilo de fe en su nuevo país.

Actores y feligreses recrean el camino de la cruz durante el vía crucis, celebrado el año pasado en Paterson, Nueva Jersey, zona con gran influencia migrante.
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NUEVA YORK. En la ciudad de Nueva York y en zonas de Nueva Jersey, la proximidad de la Semana Santa llega acompañada de una pregunta: cómo sostener un calendario religioso que en Ecuador parecía integrarse naturalmente con el ritmo de la Cuaresma. Para miles de ecuatorianos migrantes, este tiempo litúrgico se convierte en un ejercicio de adaptación. La tradición no desaparece, pero debe acomodarse a nuevas geografías, horarios de trabajo y parroquias que muchas veces hablan en otro idioma.
Nora, cuencana y residente en Nueva Jersey, lo cuenta desde la vida cotidiana. “Cuándo tú vives aquí con tu familia y han logrado mantenerse unidos, no es tan difícil”, explica. El problema empieza cuando la migración desarma la mesa, dispersa a los parientes o mezcla horarios y costumbres ajenas. Entonces sostener la Semana Santa deja de ser herencia y se convierte en esfuerzo.
En su ciudad, Nora ha visto cómo algunas prácticas se mantienen y otras adoptan nuevas formas. Recuerda que en Ecuador el Jueves Santo estaba marcado por la visita a las siete iglesias, mientras que en su parroquia en Estados Unidos el vía crucis tiene más presencia. También ha notado otras diferencias: el Sábado de Gloria, por ejemplo, puede convertirse en el momento elegido para celebrar bautizos, primeras comuniones o incluso matrimonios.
El sentido del ayuno también cambia cuando se vive lejos de Ecuador. Entre los creyentes deja de ser una regla estricta y se convierte en un ejercicio más flexible. Para Nora, por ejemplo, el ayuno no se trata de comer o no comer carne, sino de reducir y moderar las comidas durante el día.
El Padre Pedro, párroco de una iglesia en Paterson, Nueva Jersey, asegura que ese matiz importa porque en la diáspora la religión se practica con horarios partidos, con enfermedades, con cansancio y con trabajos que no siempre dejan margen para el recogimiento.
“En muchos hogares ecuatorianos de Estados Unidos, la Cuaresma se negocia. Se negocia con la agenda, con el idioma y con la distancia”.
Padre Pedro, párroco de iglesia en Nueva Jersey
Tradiciones y geografía
Para Hugo Benavides, antropólogo ecuatoriano radicado en Nueva York, estos cambios no significan que las tradiciones se pierdan. Más bien reflejan cómo se transforman cuando las comunidades se desplazan. Explica que las tradiciones no son estructuras fijas sino prácticas que se han ido construyendo y adaptando a lo largo del tiempo. “Toda tradición en algún momento no existía y luego se creó”, señala.
En el caso de la Cuaresma ecuatoriana vivida fuera del país, Benavides observa un proceso de adaptación marcado por la migración y las nuevas realidades sociales y geográficas. Las prácticas religiosas, dice, continúan articulando tres elementos que ya estaban presentes en Ecuador: la fe, la identidad cultural y el vínculo familiar.
La fe en medio de las redadas
El contexto religioso en el que se insertan estas prácticas sigue siendo amplio. En Estados Unidos, el 19% de los adultos se identifica como católico, de acuerdo con el Religious Landscape Study 2023-2024 del Pew Research Center. En Nueva York la proporción sube al 29% y en Nueva Jersey alcanza el 33%, dos de los espacios donde la presencia católica sigue siendo especialmente visible.
Dentro de ese mapa, las iglesias católicas funcionan como señales de pertenencia. El padre Pedro cuenta que cada año la comunidad se convoca para la conmemoración de la Semana Santa y que el vía crucis ocupa un lugar central en esa preparación espiritual. Hay organización parroquial, coordinación de feligreses, definición de recorridos y una tarea disciplinada de llamar a la gente para que salga y participe.

Este año, sin embargo, la organización avanza con cautela. El sacerdote reconoce que todavía no están completamente definidos los preparativos del vía crucis porque existe temor a una baja asistencia por el efecto de las redadas en la comunidad migrante. La fe sigue convocando, pero ahora también mide el miedo.
En ciudades como Paterson, en Nueva Jersey, el vía crucis se ha convertido en una de las expresiones públicas más visibles de la Semana Santa para la comunidad latina. El año pasado, miles de fieles participaron en la recreación de la Pasión de Cristo en las calles de la ciudad, organizada por la Catedral de St. John the Baptist. Para muchas familias, este momento también funciona como una forma de transmitir la tradición a las nuevas generaciones. Recorrer juntos las catorce estaciones del vía crucis, leer las reflexiones en voz alta o rezarlas en casa permite explicar a niños y jóvenes el significado de la Cuaresma y de la pasión de Cristo.

Pero la experiencia migrante no es igual en todas partes. Teresa Benavides, una guayaquileña que vive en Georgia, cuenta que allí le resulta más difícil conservar estas prácticas. Hay menos iglesias católicas cerca, menos restaurantes o despensas ecuatorianas. Las misas son en inglés y el Viernes Santo no organiza la vida social como sí lo hace en Ecuador. Además, en Estados Unidos no es un feriado federal, según la lista oficial de la Office of Personnel Management, “y eso significa que para muchísimos trabajadores la jornada sigue su curso normal”.
Ese detalle, altera toda la escena. En Ecuador el Viernes Santo cambia el ritmo de la calle. En buena parte de Estados Unidos, en cambio, la calle sigue trabajando. Y así la Semana Santa ecuatoriana en la diáspora se arma como puede, entre el turno de la mañana, la misa de la tarde y la promesa de cocinar fanesca cuando por fin coincidan todos o pueda conseguirse en el restaurante mejor recomendado.
Aun con esas diferencias, la Cuaresma sigue marcando el calendario de muchas familias ecuatorianas en Estados Unidos. las comunidades latinas continúan organizando misas, viacrucis y encuentros familiares que mantienen vivo ese periodo de recogimiento.
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