Quito es la ciudad con más desapariciones por escopolamina en 2026 | Cómo usan las bandas la sustancia y cuáles son sus efectos para la salud
Entre enero y julio de 2026 se reportaron 60 desapariciones involuntarias vinculadas a escopolamina en Ecuador, 29 de ellas en Quito. Expertos explican cómo actúa esta sustancia y advierten sobre las secuelas psicológicas que pueden dejar estos ataques.

Composición fotográfica para ilustrar casos de desaparición vinculados al uso de escopolamina.
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@PoliciaEcZona9y Gemini AI
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“¿Qué persona se lleva la computadora, sus celulares y hace que le roben, que lo dejen descalzo y comienza a deambular?”. Esa es la pregunta que Henry Llanes se hace desde el 29 de julio de 2026. Ese día, su hijo, Pablo David Llanes, de 29 años, desapareció en Quito y fue localizado dos días después en Baños, completamente desorientado.
Ante lo ocurrido, Henry Llanes solo encuentra una posible explicación: la escopolamina.
Esta sustancia lleva décadas vinculada a delitos en Ecuador, e incluso se asociaba a robos efectuados por mujeres conocidas popularmente como las 'dulces sueños'.
Pero en los últimos meses su uso ha cobrado relevancia debido al reporte de casos de desapariciones similares al del joven Pablo David Llanes en Quito.
La escopolamina, conocida también como “burundanga”, es un alcaloide natural y un fármaco regulado. En el ámbito delictivo, se la utiliza para provocar somnolencia, confusión y pérdida de conciencia en víctimas abordadas en lugares de diversión o de concentración de personas.
Las cifras del Ministerio del Interior muestran que Quito concentra el mayor número de casos de desapariciones involuntarias vinculadas a escopolamina en lo que va de 2026.
Entre enero y julio, se reportaron 60 casos a escala nacional. De ellos, 29 ocurrieron en la capital.
Perfil de las víctimas, zonas y horarios más frecuentes
El caso de Pablo David Llanes refleja dos de las características más marcadas de los ataques vinculados a la escopolamina en Quito.
Según el Ministerio del Interior, la mitad de las víctimas tiene 28 años y los casos se concentran principalmente en la zona financiera y comercial de la ciudad.
En ese sector, perteneciente al Distrito Eugenio Espejo, se reportaron 11 casos.
De acuerdo con Henry Llanes, su hijo acudía regularmente a un gimnasio ubicado en un centro comercial de esa jurisdicción y fue allí donde, presuntamente, habría sido intoxicado.
“Sale de casa normal. Llega en taxi al gimnasio, va al baño, sale luego de unos 10 a 13 minutos, pero con otro saco, que jamás le vimos puesto en casa. Luego se va, llega hasta Quitumbe y termina en Baños, en Tungurahua”.
Henry Llanes, padre de Pablo David Llanes, víctima de desaparición en Quito
Mientras Pablo David Llanes habría estado bajo los efectos de una sustancia, retiró dinero de un cajero, perdió su computadora y sus celulares. Apareció dos días después deambulando descalzo.
Hombres, las principales víctimas
De los 29 casos de desapariciones vinculadas a escopolamina en Quito, 28 corresponden a hombres. Según las cifras oficiales, la mayoría eran jóvenes de hasta 29 años.
Los incidentes se concentran principalmente los miércoles, viernes y sábados.
Pablo David Llanes desapareció un miércoles. También están los casos de Héctor Vinicio Rojas, quien fue visto por última vez al salir de su trabajo el pasado 24 de julio. Tras las primeras pericias forenses, su familia sostiene que el exfuncionario de la Dirección General de Aviación Civil fue drogado y posteriormente hallado sin vida en una quebrada de San Juan.
Otro caso reciente que podría estar relacionado con circunstancias similares es el de Christian Santiago Beltrán, quien salió a una discoteca el 14 de agosto y se sospecha que fue víctima de la escopolamina. El hombre fue hallado sin vida en Quitumbe a la mañana siguiente.
“La delincuencia no tiene piedad”
Según Hugo Navarrete, investigador y director del Centro de Estudios Aplicados en Química de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), con los años, la corrupción y los mercados negros hicieron que la escopolamina pasara del ámbito hospitalario a manos de delincuentes.
Debido a su origen vegetal, puesto que la sustancia se extrae de plantas de la familia de las solanáceas, podría existir producción artesanal en Ecuador, capaz de proveer las dosis necesarias para cometer robos.
Para estos ataques, según Navarrete, la principal vía de administración es la digestiva.
“No se descarta que existan casos de escopolamina por inhalación o absorción. Para causar los efectos que buscan los delincuentes, tendría que ser ingerida. Un caramelo, un trago o una comida son ideales para enmascarar el sabor del alcaloide”.
Hugo Navarrete, director del Centro de Estudios Aplicados en Química de la PUCE
El experto añade que es poco probable que el contacto con papel o tarjetas impregnadas con escopolamina provoque casos graves de desorientación. De presentarse estos casos, habría que estudiar el posible uso de otros compuestos químicos, como medicamentos sedantes y ansiolíticos, con fines delictivos.
Desafortunadamente, señala Navarrete, los criminales no se preocupan por los efectos de estas combinaciones ni por las consecuencias de utilizar dosis altas de escopolamina para robar a una persona.
“La delincuencia no tiene piedad”, sentencia.
Denuncias tardías dejan pocas evidencias
Según el Ministerio del Interior, de los 60 casos de desapariciones involuntarias vinculadas a escopolamina registrados en Ecuador, 59 constan como “encontrados” y solo uno permanece pendiente.
En Quito, los 29 casos también fueron resueltos y constan como “encontrados”, según las autoridades.
Hasta julio de 2026 no existen reportes de personas fallecidas por una causa atribuida directamente a la escopolamina, de acuerdo con los datos oficiales citados.
En este contexto, la droga funcionaría como una herramienta de sometimiento químico para cometer robos y estafas. Las víctimas son abandonadas después de que les quitan sus pertenencias o retiran dinero de sus cuentas.

De acuerdo con el mayor Byron Flores, jefe de operaciones del Distrito Eugenio Espejo, estos casos son conocidos como “robos por aturdimiento” y, en muchas ocasiones, las víctimas no formalizan la denuncia por vergüenza.
En Quito, el 58,6% de las denuncias relacionadas con escopolamina, no se presentaron el mismo día de la desaparición, sino entre 24 y 48 horas después.
En ese lapso, el rastro de la sustancia en el organismo puede desaparecer, lo que reduce la posibilidad de obtener evidencia que permita determinar qué ocurrió.
Así sucedió con Pablo David Llanes. Su padre señala que, cuando a su hijo le realizaron evaluaciones médicas para determinar una posible intoxicación, ya no fue posible comprobarla debido a los días que había permanecido deambulando. El joven tuvo que ser internado para recuperar su estado de salud.
El trauma que dejan los ataques con escopolamina
Aunque se recupera favorablemente, el padre de Llanes sostiene que el episodio dejó un impacto emocional.
“Ahora mi hijo nos pide que lo acompañemos y es comprensible. Por más fuertes que seamos, que a alguien le pase una desaparición así le vulnera todo el estado de ánimo”.
Henry Llanes, padre del joven hallado en Baños
Para el psicólogo Emilio Salao, docente investigador del Instituto de Salud Pública de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), el impacto emocional de una desaparición con escopolamina no debe minimizarse.
El especialista recomienda que, además de recibir atención médica oportuna, las víctimas tengan acompañamiento psicológico profesional ante posibles síntomas de estrés postraumático.
Según Salao, este padecimiento puede durar hasta dos años y dejar secuelas como temor, dificultades para volver a relacionarse con otras personas e incluso problemas en la familia o pareja.
Sostiene que se debe erradicar el prejuicio que existe alrededor de los ataques con escopolamina.
“Se dice que las personas son culpables cuando ocurren estos casos con escopolamina. Pero no es así, no se puede culpar a alguien por salir a un lugar. Eso genera un doble trauma”.
Emilio Salao, docente investigador del Instituto de Salud Pública de la PUCE
Para el profesional, reducir estos episodios a frases como “en algo habrá estado” o “por algo le pasó” impide evidenciar la verdadera problemática. La responsabilidad, sostiene, no recae solo en las víctimas, sino también en las autoridades, que deben garantizar espacios públicos seguros, controles en los locales nocturnos y una respuesta oportuna ante las emergencias.
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