10 de Agosto: Quién fue el obispo José Cuero y Caicedo, figura clave pero marginada de la Independencia de Ecuador
El papel del obispo José Cuero y Caicedo en la proclamación de la Primera Junta de Gobierno Autónoma de Quito del 10 de Agosto de 1809 suele estar opacado por razones políticas.

Composición creada con Gemini de la plaza de la Independencia de Quito con un retrato al óleo del obispo José Cuero y Caicedo fechado en 1805.
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Archivo particular
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No es un prócer independentista que sea popular en los libros escolares. Ni tampoco es el que más entusiasmo genera ante nombres más reverenciados (y manipulados) como los de Eugenio Espejo, Manuela Cañizares, Carlos de Montúfar, Juan de Dios Morales o Juan Pío Montufar. Pero el obispo José Cuero y Caicedo fue un actor vital y un testigo privilegiado del proceso independentista del territorio que luego sería conocido como Ecuador.
¿Por qué el obispo José Cuero y Caicedo (o José de Cuero y Cayzedo) no ha gozado del mismo reconocimiento que otros próceres, pese a que fue una de las figuras de la Revolución Quiteña del 10 de Agosto de 1809, un actor clave para evitar más muertes en la masacre del 2 de Agosto de 1810 y, sobre todo, uno de los fundadores del Estado de Quito de 1812?
La razón principal radica en su condición de obispo, es decir, de alto prelado de la Iglesia Católica. Las lecturas influencias por el posterior liberalismo, que impulsaron una interpretación de la historia marcada por el conflicto entre el Estado y la Iglesia, causaron que José Cuero y Caicedo no recibiera los mismos honores que sus compañeros independentistas. No hubo monedas con su rostro ni territorios como parroquias o cantones con su nombre y apellidos.
La historia, además, presenta generalmente a la Iglesia Católica como monárquica y contraria a la independencia. Aunque muchos obispos permanecieron fieles a la Corona española, una entidad que no se entiende sin el profundo componente católico de España, José Cuero y Caicedo tomó una posición relativamente distinta porque el movimiento quiteño buscaba la autonomía, pero no desconocía al rey de España.
Así, Cuero y Caicedo respaldó a la Revolución Quiteña, presidió el Estado de Quito (institución que tampoco se ha valorado adecuadamente) y asumió simultáneamente el liderazgo político y religioso del territorio en uno de los momentos más críticos del proceso emancipador. Esa dualidad no encajó con facilidad en los relatos posteriores.
Además, el hecho de que un alto jerarca católico fuera parte de la Escuela de la Concordia, la famosa sociedad de intelectuales y nobles que promovía la corriente filosófica de la Ilustración, germen de los movimientos independentistas ecuatorianos, tampoco se entendía adecuadamente. La Ilustración mantuvo una profunda tensión y oposición con la autoridad y los dogmas de la Iglesia.
José Cuero y Caicedo y su regreso a Quito
Pero la figura de José Cuero y Caicedo, nacido en Cali el 12 de septiembre de 1735, es interesante y muy rica en detalles. Tras graduarse de Bachiller con los jesuitas en Popayán, desarrolló una formación religiosa que lo llevó a obtener en 1768 el grado académico en la Universidad Santo Tomás de Aquino, antecesora de la Universidad Central de Quito.
Dos décadas más tarde, en 1789, asumió de forma interina el rectorado de esa institución. Ese mismo año recibió el nombramiento como obispo de Popayán y posteriormente pasó a la diócesis de Cuenca. Su trayectoria dentro de la Iglesia tuvo su punto culminante en 1801, cuando fue designado obispo de Quito, cargo que ocupó formalmente hasta 1815, cuando murió a los 80 años.
En 1813, la Corona española inició un proceso judicial contra el ya anciano obispo por su participación activa en la Revolución Quiteña y el Estado de Quito. Las autoridades confiscaron sus bienes y su valiosa biblioteca, ordenaron su detención y dispusieron su traslado a España para enfrentar un juicio por su respaldo a la causa independentista.
Sin embargo, su avanzada edad y el deterioro de su salud impidieron que completara el viaje. José Cuero y Caicedo falleció en Lima el 10 de diciembre de 1815, a los 80 años. Sus restos recibieron sepultura en el Hospital Real de San Andrés de la capital peruana.
Doscientos años después de su muerte, los gobiernos de Ecuador y Perú acordaron el traslado de los restos de José Cuero y Caicedo a Quito. Desde el 12 de septiembre de 2016, los restos se conservan en la Cripta de la Catedral Metropolitana de la capital, junto a otros héroes de la Independencia como Antonio José de Sucre y Carlos de Montúfar.
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