Así arrancó el nuevo proceso de regularización de inmigrantes en España, con urgencias invisibles
Ecuatorianos, colombianos y venezolanos acuden a las oficinas habilitadas por el gobierno de España para regularizar su estatus migratorio. Aunque sin colapso ni filas, la confusión marca el proceso.

El migrante ecuatoriano Vicente Rodríguez durante un proceso de regularización migratoria en Madrid, España, en abril de 2026
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Edu León
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El lunes 20 de abril arrancó la presentación de solicitudes para la regularización de inmigrantes de forma presencial en España, con una novedad que marca el tono del operativo: la incorporación de 373 oficinas de Correos y un millar de trabajadores movilizados para recibir la documentación de extranjeros que llevan años esperando un papel que ordene sus vidas.
En la oficina principal de Correos en Madrid, la jornada comenzó sin estridencias, pero entre los funcionarios, sí hubo algún gesto de desconcierto, manos a la cabeza ante expedientes incompletos y, al mismo tiempo, una paciencia sostenida y una amabilidad que parecía ensayada para no romper el equilibrio del día.
La pantalla que reparte turnos, habitualmente para enviar o recibir correspondencia, estrenaba una nueva categoría: “alta trámite de extranjería”. Sin embargo, la tecnología quedó en segundo plano. Una funcionaria, listado en mano, organizaba el flujo de personas con el cuidado de quien sabe que cada nombre arrastra una historia más larga que cualquier cola.

No hubo filas largas, al menos no en Madrid. Las personas llegaban a las dependencias de correos como un goteo constante, con carpetas abultadas y nervios contenidos. Algunos descubrían en el último momento que faltaba una fotocopia del pasaporte y salían apresurados, como si el error pudiera costarles algo más que tiempo.
Aroa García de Isidoro, gerente de la oficina central de Correos, seguía el movimiento desde una distancia operativa. “La mañana se está gestionando con total normalidad. Hemos abierto las oficinas a las 8:30 de la mañana y, como podéis observar, no hay filas”, explicó.
El dispositivo, insistió, no es improvisado. “Todo el personal que está participando en el proceso ha recibido la formación necesaria”. La clave, según detalló la funcionaria, está en el control del ritmo: unos veinte minutos por usuario y la posibilidad de reforzar recursos si la demanda lo exige.
“Estamos trabajando con cita previa y en caso necesario se incrementarán los recursos”, concluyó.

La calma logística, sin embargo, no borra la urgencia de fondo. La mayor parte de quienes acudieron en esta primera jornada eran venezolanos y colombianos. Muchas eran madres y padres que cargaban no solo documentos, sino la responsabilidad de regularizar a hijos que llegaron después, atrapados en un limbo administrativo.
Cindy Sánchez, colombiana de 39 años, es uno de esos casos. Lleva cuatro años en España y logró regularizar su propia situación gracias a su profesión como enfermera, pero sus hijos, que entraron con visado de turismo, quedaron fuera de las vías ordinarias. Su historia no es excepcional.
Por la tarde, la escena se trasladó a la oficina de extranjería de la calle Silva, uno de los puntos habilitados para este proceso. Allí, la coreografía era distinta: pequeñas esperas en la puerta, miradas pendientes del reloj, conversaciones en voz baja, y un guardia jurado que franqueaba la entrada solo a las personas que llegaban con cita.
Entre los que aguardaban estaba Vicente Rodríguez, ecuatoriano, 43 años, residente en España desde 2002. Acudía por su hijo menor, que llegó a España hace un año y aún no tiene papeles. Su propia regularización llegó años después de aterrizar, en tiempos del gobierno de José María Aznar. “Tardé unos tres años”, recuerda, como quien mide el tiempo en incertidumbre acumulada.
Esta vez, el proceso le resultó más ágil. “Tardé unos 10 o 15 minutos en meterme a la página y me salió enseguida”, cuenta sobre la cita previa. Pero su diagnóstico va más allá de su experiencia personal. Habla de la desinformación que rodea estos trámites y el negocio que crece en los márgenes.
“La gente se deja llevar por noticias que a veces no son ciertas. La desesperación también”, dice y concreta: “Hay un poco de desinformación y están cobrando mucho, 380, 400 euros por la documentación”. Lo que debería ser un trámite accesible se convierte, para muchos, en un mercado paralelo alimentado por la urgencia.
La jornada también tuvo su lectura política. El Delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre, acompañado por Paloma Pérez, directora de la oficina de Extranjería de la calle Silva, visitó las dependencias para supervisar el arranque vespertino.

Su mensaje fue doble, de reivindicación institucional y denuncia. “Damos un paso más en este proceso extraordinario que el Gobierno de España ha impulsado para dar derechos, para traer dignidad a tantas personas”, afirmó.
Pero el tono cambió al señalar resistencias: “Es bochornoso que haya quien esté intentando boicotear un proceso como el que desde el Gobierno de España se impulsa”. Apuntó directamente a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, y a José Luis Martínez-Almeida, acusándolos de “torpedear” el proceso.
Desde el terreno técnico, la directora de la oficina aportó una primera incidencia: “Lo que nos hemos encontrado es que hay gente que ha solicitado cita previa para el proceso de regularización y realmente lo que quiere solicitar son otros trámites”, dijo. Un síntoma más de la confusión que rodea a un sistema que, aunque hoy parece ordenado, sigue siendo opaco para quienes más lo necesitan.
El primer día de esta regularización extraordinaria no dejó imágenes de colapso. La burocracia funcionó. Pero ese funcionamiento es solo una parte de la historia. La otra se juega en el acceso: en quién entiende el proceso, quién llega a tiempo y quién se quedará fuera.
Quedan aproximadamente 49 días para presentar los papeles dentro del plazo puesto por la administración española, que acaba el 30 de junio.
Claves para entender el proceso de regularización
Un sistema con varias puertas de entrada
- La regularización se articula a través de tres vías: telemática, presencial y mediante entidades colaboradoras. Se trata de una red que intenta absorber la demanda sin colapsar.
La vía telemática, preferente pero no universal
- El Gobierno recomienda realizar el trámite online, disponible las 24 horas en el portal oficial. Puede hacerse con certificado digital o a través de representantes como abogados o asociaciones. Sin embargo, esta opción deja fuera, en la práctica, a quienes tienen menos acceso o habilidades digitales
La cita previa como filtro
- Para la atención presencial es imprescindible conseguir cita, ya sea por internet o llamando al 060. Este requisito ha evitado colas visibles, pero también introduce una barrera menos evidente: la del acceso al propio sistema.
Tres redes de atención presencial
- El despliegue se apoya en oficinas de Extranjería (Madrid, Almería, Alicante, Murcia y Valencia), operando en horario de tarde de 16:00 a 19:00 horas, las oficinas de la Seguridad Social (al menos una por provincia, con refuerzos en grandes ciudades) y 373 oficinas de Correos distribuidas por todo el país, convertidas en el primer punto de contacto para muchos migrantes.
Horarios acotados
- Aunque se han ampliado turnos, especialmente por la tarde, la atención sigue concentrada en franjas concretas, lo que obliga a ajustar tiempos y disponibilidad de quienes trabajan o cuidan a otros.
El papel clave de las entidades sociales
- Más de 150 organizaciones, como la asociación ecuatoriana Rumiñahui, ofrecen acompañamiento gratuito y pueden gestionar solicitudes. Su intervención se vuelve crucial frente a la desinformación detectada en los primeros días.
Desinformación y costes ocultos
- A pesar de ser un proceso accesible, la falta de información clara ha generado un mercado paralelo donde algunos intermediarios cobran cientos de euros por trámites que pueden hacerse gratuitamente.
Sin colas no significa sin presión
- La ausencia de largas filas en el primer día no refleja una baja demanda, sino un flujo contenido. La presión existe, pero está distribuida en el tiempo y en los canales.
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