De empleado del IESS a trabajar las joyas de estrellas como Lamine Yamal: Esta es la historia de Fausto Muñoz en Nueva York
Fausto Muñoz se jubiló después de trabajar 28 años en el Hospital José Carrasco Arteaga de Cuenca, y migró junto a su esposa a Nueva York. Aprendió un nuevo oficio y hoy supervisa piezas de lujo que lucen figuras como Lamine Yamal, 50 Cent y estrellas de la NBA.

El ecuatoriano Fausto Muñoz (derecha) trabaja en una joyería en Nueva York.
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PRIMICIAS
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DESDE NUEVA JERSEY. Fausto Muñoz se jubiló del Hospital de Especialidades José Carrasco Arteaga, en Cuenca y pensó que había llegado el momento de bajar el ritmo. Después de casi tres décadas como empleado público, imaginaba una vida más tranquila junto a su esposa, lejos de los horarios y responsabilidades que marcaron gran parte de su vida laboral. Pero el destino tenía otros planes.
A sus 50 años, y tras acogerse a la jubilación patronal luego de 28 años de servicio, decidió acompañar a su única hija a Nueva York, donde ella estudiaba inglés. Lo que comenzó como una estadía temporal para apoyarla se convirtió en una inesperada reinvención profesional.

"Nunca me imaginé pasar de trabajar en un hospital público a hacer joyas para estrellas de Estados Unidos", cuenta, en una entrevista con PRIMICIAS desde Nueva Jersey, entre risas.
La mudanza ocurrió en octubre de 2021. Junto a su esposa llegó a Nueva York sin una hoja de ruta definida. Tenían algunos ahorros producto de su jubilación y la intención de permanecer cerca de su hija, quien había iniciado una relación sentimental que les generaba una inquietud natural.
"Vinimos más para acompañarla y ver cómo estaba su situación. No llegamos pensando en trabajar ni en hacer una nueva vida acá", recuerda.
Una oportunidad inesperada
Durante los primeros dos meses sobrevivieron gracias a los ahorros acumulados en Ecuador. Pero el dinero comenzó a disminuir rápidamente entre arriendos, alimentación y gastos cotidianos.
La solución llegó a través de familiares que ya trabajaban en el sector joyero de Nueva York. "En Estados Unidos, si no conoces a nadie, conseguir trabajo es muy complicado. Nosotros tuvimos la suerte de que familiares nos dieron una mano".
Tanto él como su esposa consiguieron empleo en distintas joyerías. Ninguno tenía experiencia previa. Según Muñoz, esta oportunidad llegó gracias a su cuñada, quien les enseñó "lo básico" y así aprendieron sobre la marcha.
Desde entonces, ambos han permanecido en una industria más que cotizada sobre todo en Estados Unidos, en donde miles de celebridades se preocupan por diseñar piezas llamativas y, en la mayoría de casos, muy costosas.

Joyas para celebridades
Actualmente, Fausto trabaja en Tajia Diamonds, una empresa especializada en joyería personalizada para artistas, deportistas y celebridades.
Por sus talleres han pasado encargos para figuras de la música urbana como el reguetonero puertorriqueño Farruko, o los raperos dominicanos El Alfa o Chimbala. También para estrellas del deporte estadounidense y europeo.
Uno de los trabajos más recientes estuvo relacionado con el joven fenómeno español Lamine Yamal. "Se hizo una pieza personalizada para él. Esa joya debe costar alrededor de USD 200.000, incluso más", comenta.
La empresa también fabricó una serie de dijes conmemorativos para jugadores de los New York Knicks, tras su título de la NBA frente a los San Antonio Spurs, valorados en USD 20.000 cada uno. Pero, algunas de las piezas más exclusivas pueden alcanzar los USD 300.000.
El ecuatoriano que garantiza la calidad
Aunque nunca había trabajado con joyas, Fausto encontró rápidamente su lugar dentro de la empresa.
Hoy se encarga del control de calidad de las piezas antes de que lleguen a los clientes. Su trabajo consiste en revisar acabados, detectar imperfecciones y verificar que cada detalle cumpla con los estándares exigidos por compradores acostumbrados al lujo.
"Gran parte del día paso revisando el trabajo de los joyeros para asegurarme de que todo salga perfecto".
Fausto Muñoz, joyero ecuatoriano en Nueva York
Las piezas pasan por varios procesos: diseño, fundición, colocación de piedras preciosas, pulido y finalmente el control de calidad que realiza el cuencano. No son productos masivos. Cada creación es personalizada y puede requerir semanas de trabajo.

Adaptarse al ritmo de Nueva York
El cambio no fue sencillo. Pasar de la vida en Cuenca a la dinámica neoyorquina representó un choque cultural importante.
Para Fausto Muñoz y su esposa, lo más complejo ha sido adaptarse al ritmo de una ciudad que no se detiene, que nunca duerme y que, en cada esquina, miles de personas caminan con un ritmo incesante. "Aquí todo es trabajo, casa y casa-trabajo. El tiempo pasa muy rápido", afirma.
Lo cierto es que cinco años después de haber emigrado, reconoce que aún extraña aspectos de la vida ecuatoriana. Sobre todo, menciona que en Ecuador hay más tiempo para ver a la familia y los amigos. Mientras que, en Estados Unidos, los fines de semana se van entre las compras, las tareas de casa y prepararse para volver al trabajo.
Aun así, reconoce que Estados Unidos ofrece oportunidades laborales que difícilmente habría encontrado a su edad en Ecuador. "A los 50 años aquí todavía puedes conseguir empleo. En Ecuador es mucho más complicado".

El regreso siempre está presente
Pese a la estabilidad alcanzada, Fausto y su esposa no planean quedarse para siempre. Su hija ya se casó y construyó su propia vida en Estados Unidos. Mientras tanto, ellos mantienen intacto el vínculo con Ecuador.
Su objetivo es completar los trámites migratorios para poder viajar sin restricciones y visitar a su hija cuando lo deseen. Mientras tanto, cada mañana continúa revisando algunas de las joyas más exclusivas del mercado estadounidense.
"Creo que dentro de poco regresaremos. Nuestra vida está allá, nuestra familia está allá y también nuestros bienes".
Fausto Muñoz, joyero ecuatoriano en Nueva York
Lo cierto es que este cuencano pasó casi tres décadas recorriendo los pasillos de un hospital público y ahora, sin jamás imaginarlo, supervisa piezas de lujo destinadas a algunas de las mayores estrellas del deporte y la música.
"Como experiencia ha sido algo muy bueno. Pero como forma de vida, sigo prefiriendo Ecuador".
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