La hinchada 2 - Ecuador 0: La Selección y su gran deuda con el país que lo dejó todo
Opinión: Mientras la hinchada invadió Estados Unidos desafiando costos y distancias, la Selección no pudo responder en la cancha con resultados. La eliminación en el Mundial 2026 deja en evidencia a una 'generación dorada' que brilló por su ausencia táctica y falta de liderazgo.

El DT Sebastián Beccacece y el delantero Enner Valencia en el partido de Ecuador con Curazao del 20 de junio de 2026 en Kansas City.
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AFP
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DESDE COLUMBUS. No basta con firmar autógrafos en Columbus ni con aplaudir a la tribuna en un gesto meramente populista. La Selección de Ecuador está en deuda con su gente, esa maravillosa marea humana que llevó de la mano al equipo en el Mundial 2026 costeando entradas prohibitivas, devorando autopistas y soportando conexiones aéreas extenuantes por el vasto territorio de EE.UU.
Mientras miles de compatriotas se desvivieron organizando banderazos y tiñendo de amarillo cada rincón de los estadios, la respuesta en la cancha fue un desierto de ideas, frío y descorazonador.
La denominada generación dorada, que brilla cada fin de semana en la élite del fútbol europeo, pareció olvidar por completo que la camiseta de la Selección se defiende con el pecho y no con el nombre. Ecuador carece de alma en el césped; a sus grandes figuras les faltó la rebeldía y el coraje necesarios para imponerse con la autoridad que se les exigía.
Sebastián Beccacece prometió antes del debut ante Costa de Marfil que “el equipo hablaría en la cancha”. Sin embargo, la Tricolor arrastró una expresión futbolística de una palidez alarmante, tanto en Filadelfia como en Kansas. En las gradas, la gente se desgastaba la garganta y el bolsillo persiguiendo un milagro que los jugadores jamás salieron a buscar.
El verdadero respeto al hincha no se demuestra publicando un mensaje empaquetado de disculpas en Instagram ni firmando camisetas tras un empate vergonzoso ante la modesta e ignota Curazao. Al hincha se lo respeta dando el real salto de calidad hacia la élite: ganando los partidos definitivos y mostrando rebeldía ante la crisis.
La deuda es total. Es futbolística, por la alarmante desconexión táctica y la falta de jerarquía de los referentes que debían ponerse el equipo al hombro; y es moral, porque la hinchada cumplió con creces su parte del contrato social. Afectiva y económicamente, el país estuvo a la altura del Mundial; la Selección, lamentablemente, se quedó en la fase de grupos de la actitud.
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