“Me sentía culpable, por eso soporté” | Violencia psicológica predomina en nueve de cada 10 víctimas registradas en Guayaquil
El registro municipal de violencia intrafamiliar y de género de Guayaquil reúne a 1.300 víctimas atendidas por los Centros de Equidad y Justicia entre mayo de 2025 y julio de 2026; la violencia psicológica es la más frecuente y el 83,7% son mujeres.

Una mujer recibe atención en uno de los Centros de Equidad y Justicia de Guayaquil, donde se brinda acompañamiento frente a casos de violencia.
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Autor:
Gonzalo Herrera Vargas
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“Debo pagar mis culpas, por eso soporté”, recuerda Rafaela” —nombre protegido por PRIMICIAS para preservar su identidad— al hablar de una experiencia de violencia psicológica que ayuda a entender uno de los principales hallazgos del nuevo registro municipal de violencia en Guayaquil.
Rafaela tiene más de 60 años y dos hijos. Hace más de 20 emigró a un país de Europa en busca de trabajo, empujada por la necesidad económica. Sus hijos todavía eran niños y permanecieron en Ecuador. Ella cuenta que tomó esa decisión buscando sostenerlos y ofrecerles mejores condiciones.
Pasó alrededor de 10 años fuera antes de regresar. Para entonces, la relación con sus hijos había cambiado. Rafaela cuenta que ellos vivieron su ausencia como un abandono y que no lograron comprender las razones que la llevaron a marcharse, mientras ella cargaba con la culpa de haberlos dejado.
Mientras reconstruye esos años, habla pausadamente. Sus ojos comienzan a enrojecerse y, por momentos, la voz se le entrecorta. Esa culpa terminó influyendo en la forma en que interpretaba y justificaba la indiferencia, los silencios prolongados y el desprecio que, según cuenta, recibía de uno de sus hijos.
De las 1.300 víctimas de violencia intrafamiliar y de género atendidas por los Centros de Equidad y Justicia (CEJ) que constan en el registro, 1.220 —el 93,8%— tienen a la violencia psicológica como tipo predominante, muy por encima de la violencia física, sexual y otras formas registradas.
Los datos corresponden a personas atendidas por estas dependencias municipales entre el 15 de mayo de 2025 y el 27 de julio de 2026 y forman parte de la primera fase del Registro Estadístico Cantonal de Casos de Violencia Intrafamiliar y de Género (RECCVIM), administrado por Segura EP.
Para Rafaela, identificar aquello como violencia no fue inmediato. “No me daba cuenta”, dice. Al recordar los largos periodos de silencio de su hijo, los ojos se le humedecen nuevamente. Sentía que no era tomada en cuenta y que, en ocasiones, su presencia parecía no importar.
¿Por qué la violencia psicológica puede ser difícil de reconocer?
Para Joselyn Pispira, psicóloga experta en violencia basada en género y conducta suicida y gestora de conocimiento e investigación del Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer (CEPAM) Guayaquil, una de las dificultades para identificar la violencia psicológica está en que muchas de sus manifestaciones han sido normalizadas socialmente.
Los celos, el control sobre la forma de vestir o exigir constantemente la ubicación de una pareja pueden confundirse con preocupación o amor. Además, explica, este tipo de violencia suele aparecer gradualmente, mediante comentarios descalificadores, conductas de control o incluso el silencio utilizado como castigo.
“La violencia psicológica es difícil de identificar porque es la violencia invisible, la que nadie ve. Para las víctimas también es más difícil hablar de ella por el temor a no ser creídas: las marcas no son visibles, pero sí son profundas”.
Joselyn Pispira, psicóloga experta en violencia basada en género
Para Rafaela, los silencios fueron precisamente una de las conductas que tardó en reconocer como violencia. Mientras habla de su hijo, sus ojos se humedecen y la voz se le entrecorta.
“Para mí la violencia psicológica eran los grandes, largos silencios, la falta de comunicación, la falta de empatía”, dice. Ese desprecio llegó a hacerla sentir, según sus propias palabras, “menos que un papel botado en la calle”.
Pero reconocer el daño no elimina el afecto que siente por su hijo: “Es mi tesoro más grande, a pesar que no me quiera”.
Durante una etapa, Rafaela encontró en el trabajo una manera de no enfrentarse a lo que estaba viviendo. “No quería pensar, no quería dormir, solo quería trabajar para no pensar”, recuerda. Con el tiempo, empezó también a mirarse a sí misma: “Nadie más podía ver por mí, solo yo, pero yo sí tenía que ver por otros”.
¿Qué otros datos revela el registro de violencia en Guayaquil?
Además del tipo de violencia, el RECCVIM permite observar otras características de las 1.300 víctimas atendidas. El 83,7% son mujeres y el 20,6% son menores de 18 años.
En el aspecto económico, siete de cada 10 víctimas no tienen ingresos o registran montos de hasta USD 460. Entre los adultos, la proporción se acerca a ocho de cada 10.
El desempleo es, además, la principal categoría de ocupación registrada, por encima del empleo informal y formal.
Para Pispira, estos datos también son relevantes porque “el factor económico es una de las barreras que enfrentan las mujeres para romper el ciclo de la violencia”. Salir de un entorno violento, explica, también implica contar con condiciones para sostenerse, encontrar vivienda o atender las necesidades de los hijos.
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