Soportó el trabajo del campo con polio y doble discriminación: el ecuatoriano que hoy conecta a la diáspora desde España
Manuel Guamán llegó a España en 1999 con dos batallas: regularizarse y trabajar con las secuelas de una poliomielitis. Hoy impulsa la Red Global Ecuador, plataforma en línea que busca conectar a los profesionales ecuatorianos esparcidos por el mundo.

Manuel Guamán, migrante ecuatoriano radicado en Barcelona, España, que impulsa la Red Global Ecuador, una plataforma para conectar a profesionales ecuatorianos dispersos en el mundo.
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Soraya Constante
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BARCELONA, ESPAÑA. Manuel Guamán tuvo que librar dos batallas cuando decidió migrar a España. No solo debía conseguir papeles y abrirse camino en un país desconocido, sino hacerlo con las secuelas de una poliomielitis que contrajo cuando apenas tenía seis meses. Llegó siguiendo los pasos de su familia, consiguió trabajo en Pamplona al frente de un bar para jubilados y, tres meses después, trajo a su esposa y a sus dos hijas. Estaba convencido de que en España encontraría más oportunidades, aunque ninguna sería fácil.
A sus 57 años, recuerda aquel viaje de 1999 como el inicio de una carrera de resistencia que todavía continúa. Nacido en Quevedo y con raíces familiares en Ambato, creció entre la Costa y la Sierra debido a los constantes viajes de su madre, que era comerciante. Estudió durante un tiempo Medicina en Quito y después se graduó como ingeniero en Administración de Empresas Agropecuarias en la Universidad Técnica Estatal de Quevedo.
Antes de emigrar vivía en Quito y sostenía a una familia que acababa de crecer. Una de sus hijas tenía alrededor de un año y la menor apenas tres meses cuando decidió viajar solo para explorar sus posibilidades. “Vi que aquí había más oportunidades que en Ecuador y me quedé”, relata. Desde entonces, lleva más de 25 años trabajando en España.
La discapacidad lo ha acompañado toda su vida, pero sus efectos se han agravado con los años. “Cuando era pequeño tenía dificultad para caminar, pero no usaba muletas. A medida que fue pasando el tiempo vi que las necesitaba. Primero comencé con una y después con dos”, explica.
En España conoció el término postpolio, que describe el deterioro progresivo que pueden sufrir quienes padecieron la enfermedad. Sin embargo, su estado físico no le permitió escoger sus primeros empleos. Como migrante sin residencia regular, tuvo que aceptar lo que apareciera y llegó a trabajar en el campo pese a sus problemas de movilidad.
“Cuando se tienen obligaciones familiares, sí o sí toca agachar el hombro y trabajar en todo lo que se pueda, aunque las condiciones no sean aptas para uno”, afirma.
Manuel define aquella etapa como una experiencia de “doble discriminación”: por ser migrante y por tener una discapacidad. “Mientras un inmigrante no tiene reconocida legalmente su permanencia, no puede hacer los papeles para que sea reconocida su discapacidad”, sostiene.
El informe 'Migrar con discapacidad: derechos, barreras y acompañamiento', de Red Acoge, describe un círculo parecido. La situación administrativa irregular impide en muchos casos obtener el reconocimiento oficial de la discapacidad y, con ello, acceder a prestaciones, apoyos o empleos adaptados. A la falta de permisos se suman el capacitismo, la discriminación por el origen y unos procedimientos que no siempre consideran las circunstancias sociales, culturales o lingüísticas de la población migrante.

Del 85% de discapacidad reconocido en Ecuador al 35% en España
Cuando pudo iniciar el trámite, Manuel se encontró con una nueva barrera. En Ecuador tenía reconocido un grado de discapacidad del 85%, pero su primera valoración en España se quedó en torno al 35%.
La diferencia condicionaba el acceso a derechos y prestaciones. Mientras otras personas con limitaciones semejantes recibían apoyos, él quedaba excluido por un porcentaje que consideraba insuficiente.
No se resignó. Se trasladó de Pamplona a Barcelona y reunió durante años informes médicos sobre el deterioro causado por la postpolio. En 2017 consiguió que una nueva valoración elevara su grado de discapacidad al 65%.
Para entonces ya había regularizado su situación, trasladado a su familia y creado una empresa de servicios informáticos. La tecnología, que comenzó como una salida laboral, acabaría convirtiéndose en la herramienta para desarrollar su proyecto más ambicioso para conectar a los migrantes ecuatorianos.
Seis meses en la administración ecuatoriana
Pero antes de ponerlo en marcha, Manuel tuvo una breve incursión en la función pública de Ecuador. Durante años había participado en las primeras asociaciones de migrantes en España y en la reivindicación del derecho al voto desde el exterior. Esa trayectoria lo convirtió en un rostro conocido para los políticos ecuatorianos que buscaban acercarse a la diáspora.
En 2021 le propusieron regresar a Ecuador para asumir la Subsecretaría de Discapacidades. Manuel aceptó con la intención de impulsar una reforma inspirada en la experiencia española, con empresas de empleo protegido y un acompañamiento que favoreciera la autonomía.
“Mi intención era mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad, porque yo lo vivo las 24 horas del día, los siete días de la semana”, explica.
El regreso le provocó un fuerte choque. “Desde el minuto uno que puse los pies en Ecuador sentía que venía del futuro. Era como regresar al pasado”, recuerda al referirse a la falta de accesibilidad y a unas políticas que, a su juicio, no ofrecían suficiente seguimiento ni oportunidades laborales.
Su paso por el cargo duró apenas seis meses. Tras un cambio en la dirección del ministerio, la reforma quedó archivada y en diciembre le pidieron la renuncia. Poco después regresó a Barcelona, frustrado por comprobar la facilidad con la que un proyecto podía desaparecer con cada relevo institucional.
La Red Global Ecuador y un objetivo: conectar el talento ecuatoriano

A su regreso, Manuel retomó su idea de crear la red capaz de conectar a los ecuatorianos que viven fuera del país. Su principal referencia fue la diáspora mexicana, organizada en capítulos de profesionales que comparten conocimientos e impulsan proyectos con el respaldo de las instituciones de México.
“Los mexicanos tienen una consigna clara. El Estado les colabora, les da apoyo logístico y les permite organizar asociaciones de profesionales para ayudar a su país”, explica.
Manuel quiere adaptar ese modelo al entorno digital. Con ese propósito ha impulsado Red Global Ecuador, una comunidad en línea destinada a reunir a ecuatorianos repartidos por más de 50 países.
“Es la primera comunidad en línea que nace para unir a todos los ecuatorianos, sabiendo que fuera somos más de tres millones y que no hay nada que nos conecte”, sostiene.
La idea es que profesionales, emprendedores, investigadores, artistas y pequeños comerciantes puedan encontrarse por país o por actividad, compartir conocimientos y poner en marcha proyectos conjuntos. No pretende ser una réplica de Facebook, sino un espacio en el que la información útil no desaparezca entre publicaciones y algoritmos.
“La comunidad nace como una colaboración y una solidaridad entre nosotros mismos. No es una red para subir todo lo que a uno le dé la gana”, aclara.
Manuel imagina una plataforma en la que un recién llegado pueda encontrar orientación, un emprendedor consiga contactos y un profesional comparta con Ecuador la experiencia adquirida en el exterior. También quiere que los hijos de migrantes conozcan sus raíces y que los negocios ecuatorianos ganen visibilidad.
Su objetivo es que ningún ecuatoriano en el exterior tenga que avanzar completamente solo.
“Quiero que sepan que existe un lugar donde siempre podrán encontrar a otro ecuatoriano, compartir su proyecto, descubrir oportunidades y sentirse parte de una comunidad”.
Manuel Guamán, migrante ecuatoriano radicado en España, creador de Red Global Ecuador
Después de más de dos décadas sorteando fronteras, trámites y barreras físicas, Manuel intenta convertir su propia resistencia en un punto de encuentro para los demás.
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