Esteban Calderón, el cirujano ecuatoriano que con cuatro brazos robóticos se abrió camino en Estados Unidos
Tras formarse en dos de los hospitales más prestigiosos del mundo, este médico ecuatoriano es hoy una pieza clave en el equipo de trasplantes de la Universidad de Carolina del Norte, donde realiza cirugías de alta complejidad y mínima invasión usando el sofisticado sistema Da Vinci.

El cirujano ecuatoriano Esteban Calderón (izq.) ocupa un robot quirúrgico Da Vinci en un quirófano en un hospital en Chapel Hill, Carolina del Norte, Estados Unidos.
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Cortesía Dr. Esteban Calderón
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Esteban Calderón es un cirujano ecuatoriano que, desde temprana edad, tenía clara su intención de ser médico y de tener acceso a la tecnología más avanzada para así poder ayudar a los pacientes. Esa idea agarró más fuerza cuando vio a uno de sus jefes en un hospital de Estados Unidos realizar uno de los primeros transparentes robóticos de riñón. "Quiero hacer lo que él hace", recuerda haber pensado.
Ahora, en un breve paso por la capital ecuatoriana, Calderón cuenta cómo llegó a ser uno de los cinco cirujanos del equipo de trasplantes de la Universidad Carolina del Norte (UNC), en donde diariamente se ubica detrás de un visor para manejar cuatro brazos robóticos, con la ayuda de unos "anillos" y pedales para realizar cirugías de alta precisión en espacios reducidos.
Llegar a este lugar después de haber pasado por dos de los hospitales estadounidenses más prestigiosos del mundo no fue fácil, pues implicó años de preparación tanto en Ecuador como en Estados Unidos y algunas dudas durante el camino.
En entrevista con PRIMICIAS, esté médico explica cómo es su día a día en los quirófanos, donde maneja robots para atender a pacientes y cómo ha sido su camino profesional.
DaVinci, su herramienta de trabajo
"Lo primero de todo que hay que saber es que el robot no opera de forma autónoma, no hace la cirugía solo, es sólo una herramienta quirúrgica que el cirujano utiliza para realizar cualquier operación de tipo abdominal o torácica", aclara Calderón desde el inicio.
Inmediatamente, explica que cuando ocupa esta sofisticada máquina, lo hace ubicando sus ojos en un visor tridimensional con una magnificación de 10x, sus dedos en unos anillos que les permite manejar las "muñecas y codos del robot", y sus pies en unos pedales para cambiar de brazo, el ángulo de la cámara y realizar más movimientos.
Videos facilitados por Calderón evidencian como este médico se mueve con destreza en el interior de los pacientes para realizar cortes precisos en tejidos y órganos mientras las herramientas en la punta de los brazos de los robots cambian según la necesidad del momento.
Ese cambio de herramientas tampoco ocurre de manera autónoma, sino que depende de asistentes que también están presentes en el quirófano, de manera similar a como ocurren las cirugías tradicionales o no robóticas.
Uno de los momentos finales de las intervenciones que hace Calderón, en caso de una donación, ocurre cuando ingresa una especie de envoltorio plástico flexible en el que el órgano a ser trasplantado es resguardado. O en su defecto, cuando cose el órgano donado con las manos robóticas en un procedimiento que se llama anastomosis.
"Hay rotaciones cada semana para atender trasplantes de riñón, hígado o recaudación de órganos. En promedio en una semana se hacen entre tres a siete trasplantes de riñón, y entre uno a tres trasplantes de hígado. De manera general, se hacen hasta 10 cirugías semanales", cuenta este profesional de la salud.
¿Por qué es mejor?
Todo esto, según explica el médico ecuatoriano, ocurre en heridas mucho más pequeñas que las que se hacen en las cirugías tradicionales.
"El trasplante de riñón, por ejemplo, en cirugías abiertas, requiere hacerle una herida de aproximadamente 25 o 30 centímetros al paciente para implantar el riñón. O sea, hay que cortar músculos, mientras que cuando se hace de forma robótica la intervención se puede hacer a través de una herida de cinco centímetros", cuenta.
Que la operación ocurra en un espacio más reducido y con movimientos más precisos ayuda a que los pacientes también se recuperen en menos tiempo, explica Calderón.
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"Un paciente que se realice un trasplante de riñón de forma abierta se queda en promedio 3 a 5 días en el hospital, mientras que si se realiza el trasplante con un robot, puede irse a casa a los dos días sin problema"
Esteban Calderón, cirujano
En ciertos casos, también pueden ser ocupados modelos de robots que incluso brindan retroalimentación háptica, es decir, le hacen sentir al médico qué tanta presión ejerce sobre un determinado tejido.
Las últimas tecnologías, además, permiten que mediante programas de Inteligencia Artificial los médicos vean en los visores zonas resaltadas con la presencia de células cancerígenas, o que no deben ser cortadas.
Algunos de los escenarios en los que Calderón explica no se pueden realizar estas operaciones, al menos en lo que respecta a trasplantes en el abdomen, es cuando el paciente ha tenido muchas cirugías previas, cuando hay demasiado tejido de cicatriz o cuando no hay espacio para poner los instrumentos sin dañar otros tejidos.
Un camino largo y con dudas
Antes de llegar a ubicarse detrás de estos sofisticados dispositivos en los quirófanos estadounidenses, el camino de Calderón fue largo y con algunos momentos de tensión.
"En mi época eran cuatro exámenes que había que dar: tres escritos y uno oral para revalidar el título, y de ahí recién aplicar a una residencia médica. Como médicos extranjeros nos dan una pequeña oportunidad para entrar al sistema de salud estadounidense, especialmente para cirugía, pero como residente preliminar. Es decir, que nos dan un contrato como de prueba por un año para ver si estás a la misma altura que un residente o alguien que estudió en Estados Unidos", explica este ecuatoriano.
Uno de sus momentos de más tensión fue cuando llegó a aplicar a cerca de 100 programas para residencia preliminar, pero las llamadas no llegaban.
Relata que fueron un par de meses tensos "porque primero había que dar un examen muy estresante, porque es una nota que se tiene básicamente de por vida y determina a qué vas a tener acceso, y después estar a la espera si me van a invitar a una entrevista o no lo harán".
Los esfuerzos de haber empezado su carrera de medicina en Ecuador en 2008, y su constancia, dieron frutos en 2017, cuando ingresó a Mayo Clinic en Arizona. Cinco años más tarde ingresó a Cleveland Clinic en Ohio. Ambos son parte de los mejores hospitales de Estados Unidos y del mundo según un ranking de 2026 elaborado por Newsweek y Statista.
En el primer centro realizó su posgrado en cirugía general, mientras que en el segundo obtuvo una subespecialidad en trasplante y cirugía hepato-pancreático biliar.
"Fue muy interesante porque llegué a ver lo que puede hacer un hospital que es extremadamente desarrollado, donde se realizan las cirugías más complejas del mundo. Como ecuatoriano, tener acceso a eso fue increíble. Una oportunidad que se da con muy poca frecuencia", recuerda
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