Comenzó en fábricas y encontró su lugar en los quirófanos de un hospital de Nueva Jersey, la historia de la ecuatoriana Fernanda Almeida
La guayaquileña Fernanda Almeida no solo se transformó en técnica quirúrgica en Estados Unidos, sino que se convirtió en la voz y el consuelo de decenas de pacientes hispanos en los quirófanos de Nueva Jersey.

Fernanda Almeida prepara los instrumentos quirúrgicos antes de una intervención en un hospital de Nueva Jersey, Estados Unidos, en abril de 2026.
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Selene Cevallos
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Cerca de un millón de ecuatorianos viven en Estados Unidos, donde Nueva York y Nueva Jersey se han convertido en los nuevos hogares de quienes tuvieron que dejar atrás la 'mitad del mundo' para abrirse paso no en trabajos manuales, sino en espacios altamente especializados, como ocurrió con Fernanda Almeida.
La primera vez que Fernanda asistió una cirugía de corazón abierto, dice que no pensó en la técnica. Pensó en todo lo que le había tomado llegar hasta ahí. En los trabajos que había hecho antes, en los pocos años que llevaba en la medicina y en el inglés que todavía estaba aprendiendo mientras intentaba no perderse una sola indicación.
Alrededor, todo ocurría rápido. Órdenes cortas, movimientos precisos, un ritmo que no espera.
“Los cirujanos hablaban con seguridad, con una autoridad que no se discute”. Ella sabía lo que tenía que hacer. Había estudiado para eso. Pero había otra exigencia que no aparece en los manuales: entender cada palabra en tiempo real y responder sin dudar.
"En mi país no era una posibilidad"
Llegó a Estados Unidos desde Guayaquil, hace más de 16 años. Empezó en trabajos manuales. Fábricas, tiendas, turnos largos, rutinas que resolvían lo inmediato. No tenía formación en medicina. “En mi país no era una posibilidad, por el costo de la carrera y por otras razones técnicas”. Aun así, siempre estuvo ahí, como una idea persistente.
Así que un día decidió estudiar. Se mudó de Connecticut a Nueva Jersey y entró a un 'college' (instituciones de educación superior que entregan hasta títulos de grado) para formarse como técnica en cirugía.

Mientras lo hacía, su hija Abby ya había nacido. Hoy tiene nueve años, pero entonces su vida se sostenía en un equilibrio constante: trabajo en la tarde y noche, clases en la mañana y un tiempo que nunca alcanzaba.
“Sentía que me estaba perdiendo cada detalle de su infancia”, dice. Avanzar le implicaba no estar. Aun así, decidió continuar. Más que como un sacrificio, como algo más concreto: entender que era una etapa.
El cambio fue inmediato. Al terminar su formación, pudo ingresar rápidamente a un hospital de Nueva Jersey. Pasó de ejecutar tareas repetitivas a integrarse en equipos donde cada movimiento importa y cada segundo cuenta.
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En 2022, regresó a Ecuador como parte de una misión médica en Guayaquil. Fue la única ecuatoriana dentro del equipo. La experiencia le permitió ver de cerca las diferencias entre sistemas de salud, pero también ocupar un lugar distinto frente a su propio país. No como quien se fue, sino como parte de un equipo que llevaba conocimiento especializado. Fue, sobre todo, un momento de orgullo.
Soporte lingüístico dentro del quirófano
Hoy lleva más de seis años trabajando en quirófanos en un hospital de Nueva Jersey. En muchos procedimientos, además de asistir, traduce. Cuando un paciente no habla inglés, se convierte en el punto de referencia dentro de un entorno que puede resultar completamente ajeno.

Explica, repite, organiza la información. Traduce instrucciones médicas y también miedo. “Eso les da una paz que no te imaginas”, agrega.
Su relación con la medicina no termina al salir del hospital. Revisa videos, observa técnicas, sigue aprendiendo. Como si el proceso no se cerrara nunca.
Su siguiente paso es obtener un Bachelor en Health Science, un título que le permitiría avanzar dentro del campo médico y, también, dar clases. Formar a otros.
La historia de Fernanda no es una excepción aislada. Forma parte de una capa menos visible de la migración. La de quienes no solo se insertan en el mercado laboral, sino que acceden a espacios altamente especializados y dominan lenguajes técnicos que, durante años, parecieron fuera de alcance, como son los casos de Delia y Fabián, que podrá leer en una nueva entrega mañana.
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