Sábado, 13 de abril de 2024
Contrapunto

Bicentenario de Bruckner, dos sinfonías no reconocidas por él

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

2 Mar 2024 - 5:55

Solo a un genio como el austríaco Anton Bruckner (1824-1896) se le ocurrió escribir dos formidables sinfonías y luego no reconocerlas, incluso ni siquiera numerarlas, ya que simplemente se las conoce con el número de la nada, el 0 y el doble 00.

Y no se trata de que no tengan valor, todo lo contrario, son obras muy bien aceptadas y calificadas por directores, intérpretes y musicólogos que este año comenzaron a hablar del músico porque se conmemora su cumpleaños número 200.

Dirigido por Christian Thielemann en el famoso concierto de Año Nuevo 2024, que se escenificó en Viena, en una parte del programa dedicó un espacio a los músicos más famosos y apareció ¡por fin! Bruckner, tal vez el músico más olvidado del siglo XIX.

El que se ha tomado en serio esta fecha es Gramophone.co.uk (The world’s best classical music reviews) que reunió a un grupo de directores aclamados en la actualidad para que analicen con mucho rigor las sinfonías que han dirigido de Bruckner y narren sus emociones, porque la música del austríaco es muy especial y diferente.

Pidieron a los directores que se detengan a reflexionar sobre las sinfonías señaladas, así llegaron a Marcus Bosch, Gerd Schaller, Riccardo Muti, Markus Poschner, François-Xavier Roth, Christian Thielemann, Simone Young, Lahav Shani, Herbert Blomstedt y Andris Nelsons.

Antes de seguir con este tema, una pausa para aclarar cómo es que Bruckner compuso nueve sinfonías y aparecen dos más. La musicóloga Pola Suárez lo explica así: “A la sinfonía ofrendó 11 partituras, pero reconoció sólo nueve, de las cuales la última quedó inconclusa”.

Ella habla de un “edificio sonoro” que se ubica dentro de la mejor tradición sinfónica posbeethoveniana, aunque su posición no es de ninguna manera la de un epígono; en Bruckner habrán de conciliarse las dos corrientes que escindieron el movimiento (se refiere al romanticismo).

En la revisión de ese edificio sonoro, como lo define la musicóloga, hay influencias muy fuertes que definieron el carácter de la música del austríaco nacido en Ansfelden, el 4 de septiembre de 1824.

Organista de iglesia desde su adolescencia, en su música constan tres misas monumentales, de estilo parecido a las de Bach; y en la música instrumental es notoria una fuerte influencia de Richard Wagner (1813-1883), a quien dedicó una de sus sinfonías.

En el análisis de Gramophone se destaca que su música estuvo inspirada en Félix Mendelssohn (1804-1847), el compositor alemán de origen judío que alcanzó una fama similar a la de Beethoven y fue uno de los más fieles representantes del romanticismo temprano que también, al igual que Bruckner, se dedicó por muchos años a tocar el órgano.

El director Marcus Bosch (Heidenhem, Alemania, 1969), organista por muchos años e intérprete de música religiosa, afirma que las dos sinfonías sin número de Bruckner “están muy cerca de Mendelssohn”, a quien lo define como “mi Dios personal”.

Destaca que la Sinfonía 00 se la conoció también como la del Estudio, porque la escribió al terminar sus clases de música con el famoso maestro Otto Kitzler (1834-1915), en 1863. De paso digamos que a la sinfonía 0 en Alemania se la conoce como Nullte (cero). 

En las dos sinfonías, explica Bosch, hay señas de identidad típicas de Bruckner, por ejemplo, “las pausas silenciosas y las dinámicas escalonadas”, que son características muy típicas de los organistas experimentados.

“Necesitas saber cómo deben mezclarse los sonidos antes y después de la pausa en una iglesia”, afirma el director. La Sinfonía 00 en fa menor es hermosa “pero no diría que es el verdadero Bruckner tal como lo conocemos, siendo más mendelssohniano”.

Bruckner fue terminante cuando manifestó que esas dos sinfonías gilt nicht (no cuentan o no aplican) y por eso en vida nunca las tocó, ni permitió que se interpreten; de hecho, recién se conocieron públicamente en 1924, año del centenario de su nacimiento.

La Sinfonía 0 en re menor, según el mismo Bosch es fácil de entender, por eso debería formar parte del repertorio estándar del compositor o “para introducir a una persona en el mundo de Bruckner”, porque tiene sonoridad, pausas y variados colores.

En próximos artículos veremos los criterios de importantes directores como Riccardo Muti respecto de la Sinfonía número 2 en do menor y de Herbert Blomsted, que analiza la número ocho, también en do menor.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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