Contrapunto

Sir Edward Elgar, el músico inglés más destacado del siglo XX

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

21 Ene 2023 - 5:27

Como habíamos comentado en un artículo anterior, si comparamos la enorme producción musical en Alemania, Austria, Italia, Francia, incluso en España, frente a la música del Reino Unido surgieron muy pocos herederos de Henry Purcell (1658-1695), el gran maestro del barroco.

Los musicólogos destacan a tres compositores: Gustav Holst (1874-1934), Ralph Vaughan Williams (1872-1958) y Edward Elgar (1857-1934), de quien vamos a recordar algunas de sus obras más importantes del posromanticismo, que es donde lo ubican los expertos.

‘Pompa y circunstancia’, opus 39, son cinco marchas orquestales, de las cuales la más conocida es la número 1.

Siempre está presente en las ceremonias monárquicas, en los conciertos de Año Nuevo e incluso en los matrimonios, aunque no es tan popular como la de Mendelssohn o la de Wagner.

La misma marcha es conocida en Estados Unidos con el nombre de ‘Himno de Graduación’. El estreno de la primera marcha fue en 1901 y fue tan resonada que en los dos siguientes años, Elgar completó el ciclo de cinco.

Vamos de lo popular a lo importante; un año antes de su ‘Pompa’, el músico había escrito una obra instrumental que para algunos críticos es una sinfonía, al menos eso parece cuando se escucha por primera vez, pero el músico inglés no la clasificó así.

La obra fue denominada en un principio ‘Variaciones sobre un tema original’ y luego ‘Variaciones enigma’, como se la conoce en la actualidad. Fue escrita en 1899, tiene el opus 36 y, de acuerdo con el mismo autor, se trata de variaciones para orquesta.

Fue un inicio de siglo espectacular para Elgar porque gracias a esas variaciones fue conocido en todo el ámbito musical europeo. ¿Pero cómo se explica que en el título de la obra aparezca la palabra enigma?

Las variaciones parten de un tema principal que el compositor dividió en 14 retratos musicales inspirados en sus amigos y cada uno lleva su nombre; pero se aseguró de no revelar ni dejar por escrito dónde estaba el enigma.

Musicólogos y melómanos han intentado descifrar el misterioso nombre, pero Elgar había anticipado que el significado siempre permanecería oculto y que la aparente conexión entre el tema y las variaciones era muy sutil.

Tal vez, decía el musicólogo Julian Rushton, la solución del acertijo no pertenezca al ámbito musical sino al metafórico.

Y como si los temas mencionados no fueran lo suficientemente virtuosos, también incursionó en el género operístico con ‘El sueño de Geronte’, opus 38, aunque los musicólogos afirman que se trata de un oratorio para solista, coro y orquesta basado en el poema homónimo de John Henry Newman.

Elgar, según la musicóloga argentina Pola Suárez Urtubey dio a Inglaterra un nivel compositivo que se echaba de menos desde los lejanos tiempos de Purcell.

A partir de un estilo “formado a la vera de Brahms y Strauss (Richard) logró Elgar infundir una verdadera personalidad nacional a su música a través de oratorios que llenaron las apetencias religiosas y musicales de la época”.

El musicólogo Tim Blanning recuerda que el Reino Unido era poco propenso a conceder títulos y reconocimientos a los músicos, pero era generoso con los pintores, las artes visuales y la arquitectura.

La excepción a esa generosidad fue precisamente con Edward Elgar, a quien en la primera mitad del siglo XX lo nombró ‘sir’ o caballero, además de baronet.

Elgar compuso un total de 87 obras, entre las que destacan tres sinfonías, un concierto para violín y otro para violonchelo, del mismo nivel y fama que el de Antonín Dvořák, un músico nacionalista, al igual que Sibelius y Smetana o algunos rusos, noruegos, españoles.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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