Efecto Mariposa

Las razones por las que Esmeraldas se desangra

Yasmín Salazar Méndez

Yasmín Salazar Méndez

Profesora e Investigadora del Departamento de Economía Cuantitativa de la Escuela Politécnica Nacional EPN. Doctora en Economía. Investiga sobre temas relacionados con pobreza y desigualdad.

Actualizada:

9 Sep 2022 - 5:28

Esmeraldas es una de las provincias más violentas del país donde, en lo que va del año, se registraron 322 muertes violentas, mientras que en todo 2021 fueron 83.

Con esa cifra, Esmeraldas tiene la peor tasa de homicidios del país: 48,79 por cada 100.000 habitantes, mientras que la tasa nacional es de 15,48.

Todo esto sucede a pesar de que, desde junio, la provincia está intervenida por una Fuerza de Tarea Conjunta, que puso en territorio a aproximadamente 4.000 policías y militares que tienen como objetivo enfrentar al crimen organizado y transnacional que, según las autoridades del Ministerio del Interior, operan en esa zona.

Desde el punto de vista de seguridad, la intervención puede ser una medida necesaria para frenar la criminalidad; sin embargo, a tres meses de las acciones de los grupos de élite que conforman la Fuerza de Tarea Conjunta, el aumento de las muertes violentas sugiere que la solución va más allá de armas y uniformados.

Resolver la situación de Esmeraldas requiere de un plan integral que involucre a todas las aristas que contribuyeron a la destrucción de esa provincia. La intervención a Esmeraldas no puede ser solamente con policías y militares, hay que mirar la raíz de los males: la pobreza estructural.

Esmeraldas, una provincia cuya población afrodescendiente es de un poco más de 40%, siempre ha estado olvidada. Incluso en épocas de ‘bonanza’ las cifras de pobreza fueron altas y esto se mantiene; de ahí que es la provincia más pobre de la Costa.

Según datos del INEC (2021), Esmeraldas tiene una tasa de pobreza por ingresos del 52,9%. La cifra nacional es de 28,8%. Asimismo, el 25,3% de los esmeraldeños vive en pobreza extrema; a nivel nacional la tasa es de 10,3%.

Una aclaración necesaria, no estoy insinuando que las personas pobres tienen mayor predisposición a cometer actos criminales, no hay evidencia de eso y es muy complejo probarlo.

Sin embargo, algunas investigaciones sí sugieren que existe una relación entre criminalidad y pobreza, sobre todo cuando esta tiene un carácter persistente.

Como dije anteriormente, Esmeraldas ya era una provincia pobre, pero la criminalidad se encarga de empobrecerla más, pues la violencia ahuyenta la actividad productiva. Esto, a su vez, provoca desempleo y, por tanto, más pobreza.

La tasa de desempleo en Esmeraldas es de 10%. A nivel nacional, ese valor es de 5,2%. El empleo adecuado en Esmeraldas es de apenas 21,7%, a nivel nacional esa cifra alcanza el 32,5%. Además, el sector informal en esa provincia llega al 59,6%, mientras que a nivel nacional es de 49,5%.

Zonas con altos niveles de pobreza y desempleo constituyen los lugares ideales para reclutar a los militantes de las organizaciones criminales, puesto que las personas que viven enredadas en círculos de pobreza, y sin esperanza de mejorar su vida, pueden ser seducidas por las promesas de obtener grandes ganancias que les permitirán tener una vida de reyes.

Además, en los lugares con pobreza y desempleo, el acceso a la educación es privilegio de pocos. Entonces los jóvenes y niños no estudian ni sueñan con conseguir un buen trabajo para salir de la pobreza.

En Esmeraldas, apenas el 65,3% de los jóvenes está cursando el bachillerato en la edad correspondiente. En la educación general básica, la tasa neta de asistencia es de 90,9%. Es decir, hay una gran cantidad de niños y jóvenes que no estudian, y que pueden ser presa fácil de los Tiguerones.

Finalmente, el olvido que ha sufrido la provincia verde es el escenario perfecto para las bandas criminales.

Hay evidencia de que las áreas con alta criminalidad atraen a los criminales porque son zonas en las que los controles pueden ser evadidos con facilidad, y en estos lugares se pueden desempeñar con tranquilidad actividades ilegales, como el tráfico de drogas.

A pesar de que la inseguridad, la violencia y la criminalidad afectan a la mayoría de provincias del país, por las cifras que mencioné al inicio, Esmeraldas está entre las más críticas.

Si la solución se resume a los uniformados, habrá decepción, y tal vez se los acuse injustamente de ineficientes o de que no están preparados. La Policía es una parte, sin embargo, hay que apuntar a sanar el ambiente social y económico enfermo de Esmeraldas.

Esto implica que, además del Ministerio del Interior, los titulares de las carteras de salud, educación, inclusión social, obras públicas y, sobre todo, de economía, también deberían estar en la mesa para buscar soluciones.

La solución no vendrá en el corto plazo, pero si no empezamos ahora, la delincuencia organizada se apoderará de una vez por todas de Esmeraldas.

No termino de comprender por qué cuesta tanto entender que la inversión en seguridad no es solo dar más plata a policías y militares.

La inversión, no gasto, en educación y en salud, y en todo lo que sea para mejorar la vida de las personas, también es inversión en seguridad. No podemos seguir hablando de ahorro mientras una provincia, y todo el país, se desangran.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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