Martes, 21 de mayo de 2024
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Leyenda Urbana

Echo Olón, el gran error que Carondelet pudo evitar

Thalía Flores y Flores

Thalía Flores y Flores

Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC de España.

Actualizada:

14 May 2024 - 5:59

La gira del presidente Daniel Noboa por Europa, que comenzó con una reunión con los compatriotas que residen en Italia y una audiencia con el papa Francisco, le habrá significado un respiro, después de vivir una de las semanas más complicadas desde cuando asumió el mandato, el 23 de noviembre de 2023. 

Ha sido de las más complicadas porque cuando se produjo la toma de TC Televisión, en enero pasado, aunque fue la de mayor gravedad, por el escalamiento de la violencia, su firmeza para encarar la situación le significó el respaldo de todos, y la solidaridad del exterior. 

Esta vez, no. 

La reacción de la comuna de Olón y del país al proyecto inmobiliario Echo Olón, de la empresa Vinazin, de propiedad de su esposa, Lavinia Valbonesi, puede ser considerado el primer serio revés para la imagen reputacional del Gobierno. 

Un golpe seco que los enmudeció por 24 horas, dejando vacío el espacio comunicacional que fue llenado con versiones, comentarios y conjeturas de las más variadas categorías. 

Y cuando atinaron a reaccionar lo hicieron mal, al asegurar primero que se debía a “la goleada en la consulta popular”, como dijo la ministra del Interior, Mónica Palencia. Y, después, cuando el propio presidente Noboa señaló que se trataba de una respuesta a la suspensión de los contratos para alimentar a los presos.

Ha sido un manejo desastroso de la crisis.

Ha resultado sorprendente comprobar que la popularidad de Lavinia Valbonesi, seguida por cientos de miles en las redes sociales, no fue suficiente para capear el temporal, lo que ratifica que la fama depende de factores volátiles que no siempre pueden ser controlados, por más que vivamos tiempos en los que se sacraliza la imagen por encima de los conceptos.

Olón tendría que servir para que Noboa dé un giro copernicano al manejo de su Gobierno, ubicando uno a uno a quiénes en su entorno no solo que se abstienen de contradecirlo, sino que callan ante un flagrante yerro; lo que resulta indeseable para un presidente, porque bien pudieron evitar una crisis de credibilidad como la que atraviesa.

Que nadie le alertara de lo que implica usar el aparato del Estado para obras privadas, mientras se ostenta el poder político, es escandaloso.

La historia del Ecuador está plagada de personajes a los que la cercanía al poder político les ha provocado una suerte de enajenación que los ha llevado a perder la capacidad de discernimiento; en esas condiciones, lo único que parece importarles es permanecer en el cargo, aunque deban reducirse a la condición de cortesanos.

Es el peor de los mundos para un gobernante que no contará con criterios y argumentos distintos y valederos. Sino que se acostumbrará a escuchar su propio eco, replicado en las palabras de quienes lo rodean. 

Claro que no se puede descartar la probabilidad de que sea el propio mandatario quien desoiga las opiniones diferentes a las suyas; pero, de ser este caso, no se ha sabido de nadie de su entorno que haya renunciado por desacuerdos. 

Por eso, en el caso Olón, todo el círculo presidencial es responsable de lo sucedido.

Que en Carondelet nadie advirtiera que un proyecto inmobiliario que, en la cronología de los hechos, desde cuando fue concebido, involucraba a varios miembros del Gabinete -aunque su actuación fue anterior- provocaría serias reacciones, evidencia ausencia de conocimiento mínimo de la política, el decoro y la realidad del país.

Apenas una pizca de suspicacia de alguien cercano habría sido suficiente para persuadir del error garrafal que implicaba pretender construir un proyecto inmobiliario privado en una zona de frágil ecosistema por los manglares allí existentes, con los cuales la comuna del área se siente identificada.

Y más grave todavía que las decisiones y permisos para ejecutarlo provinieran de una ministra designada por el presidente, al ser su esposa la propietaria de la empresa y del proyecto.

Cuando el caso Olón escaló hasta la Fiscalía General del Estado, que anunció una indagación previa, solo confirmaba el calado del tema que se debatía en el país.

Para quienes pretendieron minimizar el caso por cercanía, amistad o lo que fuere, que la empresa Vinazin S.A. - que dice planeaba contratar a 2.783 personas de la localidad para la obra- haya decidido interrumpir las labores del proyecto, así como la euforia de la comuna de Olón que lo asume como una victoria, dan perfecta cuenta de lo que estaba en juego. 

Tras el desenlace, 36 organizaciones vinculadas a la defensa de los derechos humanos, los derechos de los animales, la naturaleza, pueblos y nacionalidades han exigido la renuncia de la ministra Sade Fritschi, con lo cual se reafirma la desconexión del poder con la realidad, porque ella debió haberse ido antes. 

Al referirse al ejercicio del poder, comentan que Winston Churchill solía decir que los peores enemigos son los compañeros de partido. Parafraseando al líder británico, el presidente Noboa bien podría decir que los peores enemigos han estado en Carondelet.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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