En sus Marcas, Listos, Fuego

El reino estúpido de los extorsionadores

Felipe Rodríguez Moreno

Felipe Rodríguez Moreno

PhD en Derecho Penal; máster en Creación Literaria; máster en Argumentación Jurídica. Abogado litigante, escritor y catedrático universitario.

Actualizada:

7 Jun 2022 - 19:03

Toda guerra es liderada por estrategias de terror psicológico. Funciona así: vemos con preocupación lo que les sucede a otros, pero cuando por fin le puede pasar a usted, su mundo se derrumba.

Quienes leen esta columna han vivido en carne propia o al menos conocen a alguien que ha recibido un mensaje extorsivo, que dice más o menos así: “Te saluda Rubén, el líder de Los Gatobagres de Quito. Emos recivido la orden de acerte tragar ormigas a ti y a tu linda familia. Si quieres vivir vas a tener que pagar. pilas”.

Y a continuación hasta ponen su dirección y algún detalle íntimo que solo usted conoce.

Entonces el pánico incrementa el bombeo de sangre y usted decide salvar su vida. “¿Qué debo hacer?” Pregunta, aferrado a la balsa salvavidas. “Deves depositarme 10 mil en la siguiente cuenta”, responde.

Y de ahí pasamos a la parte estúpida del cuento. Usted deposita el dinero y, ¿qué cree? Está leyendo esta columna porque no le mataron. Facilito sobrevivir, ¿no? No.

Uno de cada 10 extorsionados conversa con su familia y todos concluyen: “Chuta mijo, esto puede ser un círculo vicioso. Si pagamos una vez, nos van a cobrar más la próxima. Debemos denunciar y pedir protección policial”. Y finalmente lo denuncian.

Aquí se magnifica la parte estúpida. Me disculpo por el tono, pero en verdad me ofende la impunidad boba, de responsabilidad exclusiva del Estado.

Verán, agarrar de los aguacates a quienes conforman la red de extorsión es facilito. No existe extorsionador más pelotudo que el que recibe el dinero de la extorsión en una cuenta bancaria.

Porque aquí les voy a contar un secretito: las cuentas bancarias tienen titulares, con nombre, apellido, cédula, teléfono, dirección, firmas, etcétera, pero además, tienen algo llamado: movimientos bancarios. Eso quiere decir que llegar al beneficiario del dinero es, en términos coloquiales, huevadas.

Si al Estado le importase un poquito investigar bien estos casos, debería hacer lo siguiente y de oficio: llamar a declarar al beneficiario de la cuenta. Lo que viene a continuación se los cuento por experiencia propia. ¿Listos para la recreación del interrogatorio?

-Cuénteme don Eusebio, ¿usted a qué se dedica?

-Vendo salchipapas en La Marín.

-¿Y cuánto gana al mes?

-Después de gastos, unos USD 200.

-¿En cuánto vende cada plato de salchipapas?

-En un dólar.

-¿Y conoce usted a mi cliente?

-No.

-¿Usted ha tenido negocios con mi cliente?

-No pues, si ya le dije que no le conozco.

-¿O sea que nunca le ha vendido 10.000 platos de salchipapas?

-No.

-Entonces, ¿puede explicarle al fiscal por qué recibió usted estos 10.000 dolaritos de mi cliente?

-No tengo ni idea.

-¿Usted reportó al banco haber recibido 10.000 dólares de un desconocido?

-No.

-Interesante. Y oiga, sólo por curiosidad, y estos otros 14 depósitos de 10.000 que aparecen en sus movimientos bancarios, que suman con el de mi cliente 150.000 dolaritos, ¿de qué son?

-No sé, yo no sabía que tenía 150.000 en la cuenta, se lo juro por diosito.

-¡Mire usted! Curioso, curioso. Y si no sabía que tenía esos 150.000, ¿por qué conforme a las papeletas de retiro usted sacó en efectivo de 10.000 en 10.000 cada vez que recibía cada depósito?

-Me acojo a mi derecho constitucional al silencio.

¿Ven? En este punto los aguacates ya están maduros y podemos hacer guacamole con ellos.

Este es un ejemplo. El otro ejemplo, muy común, es que don Eusebio diga que él le presta la cuenta a su primo Ramón. Entonces ahí vamos por Ramón y a Eusebio lo guardamos más tarde por testaferro.

¿Y por qué no ir tras las celdas receptoras del celular desde el que se extorsionó para ver la ubicación del extorsionador? Porque el GPS fija la siguiente máxima: “todos los caminos conducen a Roma La Roca”.

La única forma de parar al extorsionador es eliminando la red. Y como mi santa madre me dijo cuando era niño: “lo único que no se puede esconder en esta vida son el dinero y los cadáveres, porque tarde o temprano flotan”.

¿Es todo lo que les cuento muy básico? No me lo digan a mí, díganselo a quienes de un bocado podrían comerse las enchiladas. Existen cientos de casos, así de fáciles de resolver, empolvándose en Fiscalía.

¿Es culpa de Fiscalía? No, y para entenderlo pueden leer ‘Han convertido a la Fiscalía en Emaseo’.

Por eso titulé a esta columna ‘El reino estúpido de los extorsionadores’, pues solo en un país con más materia fecal que gris, reinos tan estúpidos pueden florecer.

PS: ¿Y cómo el extorsionador sabía datos íntimos suyos o de su familia? Porque solo un digno ciudadano de este reino de babosos cree que lo que publica en redes sociales pertenece a su intimidad.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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