El día que el Grupo de Puebla pasó de la euforia a la derrota

Política

Autor:

Mariano Beldyk

Actualizada:

11 Nov - 11:08

El excandidato presidencial de Chile Marco Enríquez -Ominami; la excandidata vicepresidencial de Colombia, Clara Eugenia López Obregón, y uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores brasileño, Aloizio Mercadante, ayer. - Foto: EFE

El día que el Grupo de Puebla pasó de la euforia a la derrota

Autor:

Mariano Beldyk

Actualizada:

11 Nov - 11:08

El comunicado que emitieron los llamados líderes de progresismo por la renuncia del boliviano, Evo Morales, probó la escasa fuerza de la que es víctima este Grupo.

Si el segundo encuentro internacional del Grupo de Puebla había arrancado el viernes con una sensación de victoria por la liberación del brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva, ayer fue todo amargura en las miradas del cierre del cónclave, aún antes de confirmarse que el presidente boliviano Evo Morales había presentado su renuncia.

En solo 48 horas, este foro que se presenta como un nuevo rostro del progresismo latinoamericano transitó todos los ánimos y cerró con una derrota impensada para el espacio que proyectan de cara al futuro.

Fue pasado el mediodía del sábado cuando aparecieron las primeras nubes sobre el Hotel Emperador, de Buenos Aires, donde estaban reunidos algunos de los rostros más emblemáticos de esta corriente ideológica a nivel latinoamericano.

Desde Bolivia llegaban mensajes que hablaban de una crisis que escalaba con las horas, con la policía amotinada y un mensaje que describían como “ambivalente” por parte de las fuerzas armadas. Faltaba todavía un día para que los militares tomaran partido y exigieran la renuncia del jefe de Estado boliviano.

La primera ronda de debate del sábado, a puerta cerrada, había transitado según lo programado, con un diagnóstico de situación de cada país. Pero luego del almuerzo, todo cambió: la segunda sesión dejó de lado la agenda para concentrarse exclusivamente en lo que ocurría en la nación vecina.

“Lo que ocurre en Bolivia es que hay una clase dominante que no se resigna a perder el poder en manos de un presidente que es el primer presidente boliviano que se parece a los bolivianos. Eso es todo lo que pasa”, había manifestado Alberto Fernández en su discurso de poco más de diez minutos en los que apuntó contra varios países de signo opuesto, incluido Ecuador.  

Hasta entonces, todavía saboreaban la sensación de triunfo frente a lo que denominan el lawfare, la guerra judicial contra el progresismo para silenciarlos. No obstante ello, había preocupación por ese nuevo mensaje de Morales, temprano en la mañana, acusando un nuevo intento de golpe de Estado.

Fernández se recluyó en su habitación del piso 20 del Hotel Emperador desde donde telefoneó al líder boliviano para expresarle su respaldo.

Casi al mismo tiempo, el ex embajador argentino en La Paz durante el kirchnerismo, Ariel Basteiro, quien había participado como invitado de la primera sesión, fue convocado a regresar  de nuevo al encuentro y ya no lo abandonó hasta el cierre de la jornada, pasadas las 20h00.

No había voces bolivianas en la asamblea porque Adriana Salvatierra, presidenta del Senado boliviano que debía reemplazar al participante original, el vicepresidente Alvaro García Linera, tampoco pudo llegar. 

En un alto del encuentro, en uno de los pasillos del hotel, el ex presidente colombiano y secretario general de la Unasur, Ernesto Samper, se aproximó con rostro urgido al ex canciller de Brasil Celso Amorim. Ambos llamaron con un gesto al petista brasileño Aloizio Mercadante, uno de los coordinadores del Grupo de Puebla, y a los pocos minutos se sumó la otra cabeza organizativa del foro, el chileno Marco Enríquez-Ominami.

Samper les contó que había conversado con Morales, que le había dicho que estaba en control de la situación, pero que era necesario algún tipo de respaldo internacional.

“El Grupo de Puebla llama a respetar el orden constitucional y a la democracia boliviana en todas sus expresiones; manifiesta su solidaridad con el Presidente Evo Morales, su vicepresidente Álvaro García Linera, y con su pueblo democrático y pacífico; convoca a los diversos organismos internacionales a respaldar la paz y la democracia en Bolivia”, rezó la declaración que el Grupo de Puebla publicó en la mañana de ayer. 

Fue todo cuanto pudieron hacer y allí se probó la escasa fuerza, más allá del entusiasmo, de la que es víctima hoy este Grupo que no es gobierno y casi no tiene poder vinculante para implementar aún sus ideas.

No faltaron propuestas de enviar una comitiva, incluso consensuaron aguardar por el arribo del excanciller argentino Jorge Taiana, que en esas horas aterrizaba proveniente de China para sumarse al cónclave en su último día.

Sin embargo, eran conscientes ya, según confió uno de los miembros a este medio, que Morales había tenido que dejar La Paz por falta de seguridad y nadie podía garantizar a ellos un salvoconducto para alcanzar el Chaparé cochabambino. 

La siguiente declaración, escrita ayer por la tarde, se circunscribió a repudiar el golpe de Estado contra Evo Morales.


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