Tres legados políticos que le deja el ‘morenismo’ al país

La ‘revolución’ interrumpida

Los correístas más empedernidos probablemente maldicen el día en que decidieron entregar la posta de la Revolución Ciudadana a Lenín Moreno.

Habían dedicado más de 10 años a construir un proyecto político muy exitoso que no solo cosechó victorias electorales aplastantes, sino que logró imponer un nuevo orden político-institucional que le habría permitido conservar el poder, incluso si no contaba con gran respaldo popular.

Lenin Moreno descarriló el proyecto minándolo desde adentro, una posibilidad que los revolucionarios no previeron cuando diseñaron un sistema político a prueba de amenazas externas.

Un esfuerzo similar liderado por la oposición habría resultado desestabilizador y quizá violento, mientras que la gestión de Moreno facilitó un desmantelamiento rápido y relativamente pacífico del poder correísta.


La transición fallida

Al desmantelamiento del poder correísta no le siguió un proceso de construcción de una narrativa y de una institucionalidad alternativa que ocupara su lugar. Moreno y sus nuevos aliados no lograron ver más allá de la dinámica del anti-correísmo, en un proceso de “reinstitucionalización”, marcado por el objetivo de liquidar políticamente al expresidente Rafael Correa y que replicó muchas de las arbitrariedades que se achacan a la Revolución Ciudadana.

Hoy la mayor parte de las instituciones fruto de ese proceso carecen de legitimidad, lo que se refleja en un históricamente bajo nivel de apoyo ciudadano y el abierto cuestionamiento por parte de casi todas las fuerzas políticas.

Se trata de un legado institucional precario, que se constituye en invitación abierta para una ‘solución’ populista en el siguiente ciclo electoral, o incluso antes.


La deslegitimación neoliberal

Las políticas ‘neoliberales’ de consolidación fiscal y liberalización económica nunca han sido muy populares en Ecuador. En buena medida, debido a que han estado vinculadas a episodios económicos graves o a gobiernos muy impopulares.

La más reciente iteración de políticas de este tipo en los últimos tres años ha quedado íntimamente ligada al gobierno de Lenin Moreno, uno de los más impopulares de la historia reciente del país, lo que las ha deslegitimado aún más.

Esta realidad se reflejó en el resultado de las más recientes elecciones legislativas, en que una amplia mayoría de electores apoyó opciones de izquierda que plantearon políticas económicas diametralmente opuestas a las del morenismo.

Se trata de un legado que hoy llevará al presidente electo Guillermo Lasso -de clara orientación económica liberal- a moderar significativamente sus planes de liberalización económica para Ecuador.

Autor: Sebastián Hurtado, Economista de la Universidad Católica del Ecuador, tiene una maestría en Administración Pública de Harvard y un MBA de la Universidad de Texas. Ha publicado análisis en el Washington Post, el Nuevo Herald y El Tiempo de Colombia, entre otros medios.

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