Tablilla de cera
Trump insulta al papa. Pero no caigas en la trampa: lo que quiere es que hablemos de él
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
Actualizada:
Cualquier persona con conciencia recta —entre los cuales cuento a usted, querido lector, querida lectora—, se indignó cuando se enteró del ataque en sus redes sociales del presidente Donald Trump al papa León XIV.
Pero escuche el consejo del jesuita Sam Sawyer, S.J. en América —una de las revistas católicas más influyentes de EE. UU.—: tómese “un momento para dar un paso atrás y seguir el ejemplo del papa, en lugar de caer en la provocación del presidente”.
¿Se acuerdan de aquella imagen de IA que publicó Trump en mayo pasado, durante la preparación para el cónclave que eligió al papa León XIV, en que aparecía él como papa, vestido con sotana blanca y mitra, con la mano levantada en señal de bendición?
Si algo significaba esa imagen es que Trump es incapaz de tolerar que alguien que no sea él capte la atención del mundo. Y ahora también parece ser una cuestión de ego herido, de deseo de escandalizar, de distraer la atención, como lo veremos más adelante.
La andanada contra el papa de este domingo fue, como escribió otro jesuita, el escritor James Martin, S.J., “desquiciada, poco caritativa y anticristiana”. Algo que está muy por debajo de la dignidad del cargo presidencial.
No satisfecho con atacar al Vicario de Cristo, Trump publicó otra imagen generada por IA, esta vez representándose a sí mismo como Jesús. Esa imagen estuvo más de 12 horas en su cuenta, pero ante la avalancha de críticas, inclusive de los católicos ultraderechistas que siempre le han apoyado, tuvo que borrarla.
Ahora, si uno lee la diatriba de Trump contra el papa tampoco la encuentra mucho sentido. Como dijo el P. Sawyer “logra la hazaña casi impresionante de volverse menos coherente cuanto más se piensa en ella”.
Empieza con la muletilla trumpista contra quienes se oponen a su política migratoria, diciendo que el papa es “débil frente al crimen”. Y luego lo califica de “muy malo en política exterior”. De ahí pasa a atacar a sacerdotes y ministros arrestados por celebrar servicios religiosos durante la pandemia. Luego salta a elogiar al hermano del papa, Louis, al que califica como “totalmente MAGA”.
Acusa entonces al papa de estar de acuerdo “con que Irán tenga un arma nuclear”, una mentira desvergonzada. No solo que el papa León no cree que Irán deba tener armas nucleares, sino que cree que ningún país deba tenerlas, incluido EE. UU.
En la parte más confusa del ataque —otra muestra de que cree que el mundo gira en torno suyo—, dice que él es la razón por la que León fue elegido papa, dado que los cardenales en el cónclave pensaron que esa era “la mejor manera de lidiar con el presidente Donald J. Trump”.
Es delirante: una explicación absurda de las motivaciones de los cardenales en el cónclave y del propósito del testimonio de vida de León XIV.
Quizá más revelador que lo que dijo Trump es cuándo lo dijo. Fue un fin de semana lleno de malas noticias para él: fracaso en las negociaciones con Irán; contundente derrota electoral de su líder europeo favorito, Viktor Orbán, en Hungría; pelea abierta con los influencers MAGA que tanto le han ayudado (Tucker Carlson, Megyn Kelly, Marjorie Taylor Green, etc.)
En cuanto al mundo católico, su publicación llegó el día después de que el papa León XIV liderara una vigilia de oración por la paz en la plaza de San Pedro, a la que se unieron en oración personas en todo el mundo.
Y Trump lo publicó, esto es clave, casi enseguida del programa 60 Minutes, uno de los más caracterizados de EE. UU., que incluyó la entrevista conjunta sin precedentes a tres cardenales estadounidenses (los arzobispos de Chicago, Washington D.C. y Newark, cardenales Blase Cupich, Robert McElroy y Joseph Tobin), quienes alabaron el liderazgo del papa León y expusieron sin ambages la objeción moral de la Iglesia tanto a la guerra con Irán como a la política de deportaciones masivas de la administración.
Dado ese contexto, ¿qué buscaba Trump con esa parrafada larga, confusa e insultante? Hay que estar claros: él no intenta convencer a nadie de sus afirmaciones sino provocar enojo. En ese sentido, la incoherencia de Trump, y lo dice Sawyer, es más una característica que un defecto.
A Trump le funciona algo que descubrió hace más de una década: que en las redes sociales provocar indignación con insultos, apodos y mentiras, rinde mucho. Así contamina la conciencia colectiva de EE. UU. y atrae la atención hacia él, que es lo único que le interesa: que hablemos de él en los términos que él establece.
Ahora, ¿por qué le molesta tanto el papa a Trump? Primero, porque es el líder espiritual de 1.400 millones de católicos, y atacarle genera la más grande audiencia, indignación y distracción de los fracasos de Trump.
Segundo, porque el pontífice está en otro plano: centrado todo el tiempo en el Evangelio, es una persona humilde, que habla bajo y que no entra al juego de pelear, insultar o poner apodos. Eso, en el corto entendimiento de Trump, provoca que se lance, como todo matón, sobre quien cree débil.
Pero el papa no se va a callar. Como dijo el lunes en el avión que le llevaba a Argelia: “No tengo miedo, ni de la administración Trump ni de hablar con firmeza del mensaje del Evangelio, que es lo que creo que estoy aquí para hacer, lo que la Iglesia está aquí para hacer”.
Al León XIV no le interesa llamar la atención ni reclutar lacayos como Trump. Lo que hace como Vicario de Cristo es anunciar tanto la misericordia como el desafío del Evangelio —la paz y el rechazo de la violencia— e invitar a las personas a estar a la altura.