La deshumanización del migrante: tragedia en tres actos
Investigadora. Directora Técnica de Fundación Octaedro. Integrante del Comité Asesor Internacional de The Lancet Global Health y del Consejo Editorial de BMJ Public Health. Asociada a la Cátedra UNESCO de Salud Global y Educación.
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Acto 1. Un niño de gorrito azul es llevado como carnada por un funcionario del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de Estados Unidos para atrapar a su padre. Es un ecuatoriano sin documentación en ese país y lo buscan para deportarlo. La imagen navega por las turbulentas aguas de las redes sociales y ICE libera al niño, pero una corte niega el pedido de asilo de la familia.
Acto 2. Recibo una llamada de una clínica legal gratuita en California, EE.UU., por el caso de una familia guatemalteca que corre el riesgo de ser deportada a Ecuador, donde la crisis sanitaria implica que no recibirá la atención médica necesaria para sus problemas de salud. El caso sigue pendiente y la angustia continúa.
Acto 3. Abro X y veo la foto de un grupo de migrantes, entre ellos ecuatorianos, que el 17 de abril llegaron deportados desde EE.UU. a la República Democrática del Congo (RDC). Seguramente no hablan francés, el idioma oficial, y carecen de contactos locales. Además, fueron separados de sus familias y de las comunidades en las que estaban felizmente insertados en el país del norte. Se desconoce su situación actual.
A pesar de los esfuerzos de organizaciones de derechos humanos, abogados e incluso la Corte Suprema, EE.UU. ha continuado deportando a personas a terceros países. En el primer año de su mandato más reciente, Donald Trump expulsó a más de 675.000 inmigrantes irregulares. La meta era un millón, pero algunos países se rehusaron a aceptar a sus ciudadanos de regreso y la solución fue crear un mecanismo para deportarlos a terceros países. De hecho, Ecuador es uno de los países que mantienen un acuerdo con EE. UU. para recibir a deportados que son ciudadanos de otro país.
¿A qué llegan estos ecuatorianos que fueron deportados a RDC, uno de los países con menor índice de desarrollo humano del mundo y un 59% de pobreza en hogares urbanos, donde combates armados entre el ejército y grupos armados han desplazado 2,3 millones de personas dentro del país y 232.000 hacia países vecinos?
El objetivo de Trump es desalentar la llegada de nuevos migrantes y promover la deportación propia antes de que ICE los aprehenda. El resultado es su deshumanización total: despojarlos de su país de acogida, de sus familias y de su fuente de ingresos, sin poder comunicarse en el idioma local. Sin ayuda del Estado, pagar un pasaje desde un país lejano implica un esfuerzo extraordinario. Por añadidura, hay quienes corren riesgos reales al volver a su país si este está tomado por el crimen organizado, como en el caso de Ecuador.
Incluso si un ecuatoriano es deportado a un país como México, donde habla el idioma y puede desenvolverse, todavía tiene que solicitar y esperar a que se resuelva un nuevo trámite de asilo. Sin recursos y sin apoyo, casi da igual. Se estima que solo en 2025 México recibió a 13.000 de las 15.000 personas deportadas a terceros países desde EE.UU., sin que recibieran ninguna ayuda especial, a pesar de las ofertas públicas de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Al salir de su país forzado por las circunstancias, económicas o sociales, o una combinación de las dos, un migrante se enfrenta a un largo camino de dolor. Llega a un lugar desconocido, donde se ve súbitamente separado de sus raíces, de su cultura, de su comida, de sus calles y del cielo al que está acostumbrado. Acepta los trabajos más extenuantes y precarios para comer o busca cómo sobrevivir a duras penas si no ha encontrado uno. Día a día va forjando una nueva comunidad donde se siente progresivamente a gusto y más tranquilo, lejos de las razones que le llevaron a migrar sin haberlo realmente querido.
Es injustificable que ningún país se preste a recibir a migrantes de terceros países ni apoye a ciudadanos deportados por EE.UU. a terceros países. Cómo un estado trata a cualquier persona, ciudadana propia o no, define el carácter de quien ejerce su liderazgo. Para que ese no sea el legado del gobierno ecuatoriano actual, debe desistir del acuerdo con EE.UU. y dar todo el apoyo necesario a los ecuatorianos abandonados en otros continentes.