El Efecto Tailandia: la advertencia estratégica que Ecuador no puede ignorar
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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Mientras gran parte del debate económico nacional sigue centrado en el petróleo, una señal de alto valor estratégico se está gestando a más de 17.000 kilómetros de distancia, en los puertos pesqueros de Tailandia. El amarrado forzoso de más del 50% de la flota pesquera e industrial de Tailandia debido a la insostenibilidad de los costos internacionales del diésel.
Lo que parece un problema lejano es, en realidad, una de las oportunidades —y advertencias— más relevantes para la economía ecuatoriana en 2026 y 2027. Que el mayor maquilador de conservas del mundo, Tailandia, tenga a su flota paralizada en Samut Sakhon generará un desabastecimiento global de materia prima, presionando al alza el precio de los lomos de atún y enlatados en los mercados europeos y estadounidenses durante el segundo semestre de 2026. Estratégicamente, cuando un competidor global enfrenta restricciones de costos, el mercado busca sustitutos. Y Ecuador está excepcionalmente bien posicionado para responder.
Ecuador, como segundo productor mundial y líder del Pacífico Oriental, tiene una ventana de seis a nueve meses para posicionarse como proveedor de reemplazo antes de que la flota tailandesa reactive operaciones. Tailandia representa aproximadamente el 18% del atún enlatado que consume Europa; capturar incluso un tercio de ese déficit temporal estimamos implicaría ingresos adicionales de exportación superiores a los USD 120 millones para el sector conservero nacional.
Somos ya una potencia exportadora de alimentos:
El camarón es el principal generador de divisas no petroleras, el banano mantiene liderazgo sosteniendo volúmenes de exportación tempranos por encima de las 111 millones de cajas, y la industria atunera ecuatoriana se ha consolidado como la segunda más importante del mundo.
Sin embargo, la verdadera enseñanza del caso tailandés no es la oportunidad coyuntural. Es la vulnerabilidad estructural.
La crisis tailandesa no surgió de una caída de demanda, ni de una guerra comercial, ni de una recesión global. Surgió de un deterioro en la estructura de costos. Esta es la nueva realidad de la competitividad internacional: en un mundo de alta volatilidad energética y logística, la ventaja ya no pertenece solo al que produce más, sino al que sigue produciendo de forma rentable cuando las condiciones se endurecen.
Ecuador enfrenta exactamente el mismo riesgo.
A pesar de sus exitosos exportadores, el país arrastra desafíos estructurales que limitan su capacidad de captura de valor: logística interna costosa, fuerte dependencia de insumos importados, presiones energéticas post-subsidio y la rigidez que implica una economía dolarizada. En este contexto, una mejora en precios internacionales no se traduce automáticamente en mayor rentabilidad.
Esta dinámica es especialmente crítica para tres sectores:
• Atún: Beneficiario directo potencial de la disrupción tailandesa.
• Camarón: Su competitividad futura dependerá de eficiencia operativa, bioseguridad y logística.
• Banano: Enfrenta costos crecientes y riesgos fitosanitarios-climáticos estructurales.
En los tres casos, la pregunta estratégica para los directorios y dueños de empresas es la misma: ¿podemos mantener costos competitivos mientras el entorno global se vuelve más volátil e impredecible?
Nuestra sugerencia estratégica para los exportadores: Un tablero de control para 2026-2027.
Los exportadores y hacedores de política deberían monitorear en tiempo real tres variables críticas:
1. Costo internacional del diésel marino y terrestre.
2. Índice global de costos logísticos y fletes.
3. Relación entre costo logístico total y valor FOB de las exportaciones.
La noticia desde Tailandia no debe leerse solo como una oportunidad comercial. Debe interpretarse como una advertencia estratégica de primer orden.
La pregunta relevante para Ecuador no es cuánto mercado adicional podríamos capturar en los próximos meses. La pregunta verdaderamente importante es otra:
Si una perturbación similar en costos golpeara mañana nuestras principales cadenas exportadoras, ¿estamos preparados para responder mejor que Tailandia hoy?
En la economía global actual, la ventaja competitiva ya no pertenece únicamente a quien produce más. Pertenece, cada vez más, a quien logra seguir produciendo, exportando y generando rentabilidad cuando los demás se ven obligados a detenerse.
Esa es la prueba de resiliencia que definirá el éxito ecuatoriano de esta década.
Para el sector público, los acuerdos comerciales con la Unión Europea, China, Corea del Sur, Canadá (por firmarse en breve), serán letra muerta si las ineficiencias de la infraestructura logística y el encarecimiento de los fletes internos terminan por dejar el producto ecuatoriano fuera de precio. En la economía global actual, la eficiencia microeconómica ya no es una opción de mejora: es el único hedge de supervivencia.
