El doble choque que está rompiendo la mesa de los ecuatorianos
José Xavier Orellana Giler
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
Actualizada:
Mientras celebramos que Ecuador exportó más toneladas en el primer trimestre de 2026, los ingresos cayeron un 5%. Exportamos más volumen, pero ganamos menos dólares. Es la fotografía perfecta de lo que está ocurriendo en la economía real: crecemos en cantidad, pero nos empobrecemos en calidad.
Miren los números fríos:
- Agroindustria cayó 17% en valor.
- Cacao y elaborados se desplomaron 59%.
- El camarón salvó el trimestre, pero no alcanza para tapar los huecos.
Y mientras tanto, en la otra cara de la moneda, el efecto tijera no da tregua. El crudo Oriente cerró la semana en USD 81,30, pero el diésel ULSD (Ultra Light Sulfur Diesel) ya supera los USD 169. Una brecha de casi USD 88 por barril. Nunca había sido tan grande. Eso se traduce directamente en fletes más caros desde tractomulas pasando por buses de pasajeros a buques y jets, fertilizantes más caros y energía más cara.
Este doble choque no solo ocurre en el motor de los camiones de carga pesada; el efecto tijera se consolida con fletes marítimos internacionales que rondan los USD 4.850 por contenedor desde Shanghái a Guayaquil, golpeando la importación de insumos agrícolas y fertilizantes NPK.
El trigo en mínimos históricos en EE.UU. (recordemos 99% del trigo que consumimos es importado), fertilizantes NPK disparados (por el bloqueo naval y la crisis de ácido sulfúrico), plásticos y embalajes al alza. Todo lo que necesita el campo y la industria alimentaria para producir está más caro. El resultado es previsible: la canasta familiar sigue encareciéndose, aunque algunos titulares hablen de “crecimiento exportador”.
Como lo demuestran nuestros gráficos adjuntos, la brecha energética obliga a una reestructuración inmediata del capital de trabajo.
Este es el drama silencioso del Ecuador 2026:
Tenemos una bonanza de petróleo (canasta Ecuador alrededor de USD 80) y cobre en precios internacionales (por eso el interés de la minería global en Ecuador podemos llegar a ser el segundo producto de cobre en el planeta). Pero esos dineros no están llegando con la misma fuerza a la mesa de la gente. Exportamos más bananas, más camarón, más flores… y traemos de vuelta una inflación importada que se come el margen de los productores y el poder de compra de las familias.
El Estado recibe oxígeno fiscal por un Crudo Oriente en USD 81,30 y picos históricos en la minería de cobre, pero este alivio macroeconómico no se transfiere automáticamente a la liquidez de la calle.
¿Qué hacemos? No podemos seguir celebrando volúmenes mientras la rentabilidad se derrumba. Necesitamos una estrategia seria de competitividad real:
- Focalizar subsidios energéticos a quien realmente produce comida.
- Acelerar fertilizantes nacionales o acuerdos estratégicos para NPK y ácido sulfúrico.
- Usar la bonanza petrolera y de cobre actual para blindar la canasta familiar, no para gastar en clientelismo.
Porque si seguimos así, vamos a seguir exportando más toneladas… y sintiéndonos más pobres.
La pregunta del millón es una sola:
¿Vamos a usar esta ventana de altos precios del petróleo y el cobre para fortalecer la productividad interna y proteger a la gente, o la vamos a dejar pasar como tantas veces antes?
La mesa de los ecuatorianos no aguanta más doble choques.


