El mágico Museo Nacional del Ecuador
Investigadora. Directora Técnica de Fundación Octaedro. Integrante del Comité Asesor Internacional de The Lancet Global Health y del Consejo Editorial de BMJ Public Health. Asociada a la Cátedra UNESCO de Salud Global y Educación.
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“Aquí se construye el Museo Nacional del Ecuador”. Así rezan unas lonas publicitarias que, con la ayuda del viento y del sol canicular de Quito, se están desprendiendo de los alambres que delimitan el terreno donde iba a construirse el MuNA. No hay un solo agujero ni herramienta ni un solo trabajador. Solo una promesa en la que creyeron los estudios de arquitectura que se presentaron al concurso original del anteproyecto arquitectónico y a la que se aferraron quienes se quedaron como candidatos en el segundo concurso, ignorando la turbidez con la que el gobierno dejó sin efecto la decisión del primer jurado.
No es la primera vez que el proyecto de un museo adjudicado ha sido abandonado, no se agiten. El llamado McDonald’s del arte, impulsado por la Fundación Solomon Guggenheim en Helsinki, fue objeto de un repudio popular tan poderoso que los concejales votaron en su contra y, aunque el concurso ya tenía un ganador, el municipio rechazó su construcción a última hora. El problema es que, como un auténtico Houdini, Roberto Luque cambió las reglas, escogió a tres finalistas, reunió un nuevo jurado y proclamó a un nuevo ganador a la velocidad del relámpago.
Pero si la caja monumental de Campo Baeza, el ganador original, no se hizo realidad, tampoco hay garantía de que los jardines de Babilonia de SANAA, el ganador reciclado, lleguen a existir. Si no cancelan la construcción, será difícil que lleguen a sembrar y mantener las exuberantes especies imaginadas en el anteproyecto a lo largo de un museo de esta envergadura. Por eso, es muy probable que la ilusión de experimentar el ethos botánico que ofrece el estudio japonés se quede igualmente en promesa.
Como producto de la revolución industrial, la figura del museo buscaba apuntalar la superioridad de las metrópolis como centros del conocimiento, la cultura y la belleza, al exhibir de manera organizada ya sea su propia producción o las obras expoliadas de los países colonizados. Con la modernidad, la racionalización capitalista llevó esta noción al extremo, creando espacios para exhibiciones taquilleras como el Museo de Arte Moderno de New York, que buscaba reconfigurar tanto su interacción con la urbe como la experiencia museística del visitante.
Hoy, como explica Sara Pastore, la comunidad museística mundial se encuentra en un proceso de desarticulación y rearticulación de las instituciones artísticas. En consecuencia, el Consejo Internacional de Museos ha pasado de un enfoque en la rutina material (archivar, exhibir, coleccionar y catalogar) a la inmaterial, que exige un servicio a la sociedad y la apertura a la participación comunitaria. Esta divergencia se refleja en la defensa de uno u otro proyecto. La facción pro Campo Baeza, aparte de defender la institucionalidad, ha puesto de relieve la utilidad de la infraestructura propuesta para lo primero, que era la intención declarada del gobierno. Los defensores de SANAA destacan la ausencia de paredes masivas y dominantes, priorizando una estructura que aparenta ser accesible para el visitante.
Los críticos de ambas propuestas se preocupan por la falta de criterio que se ha mostrado para encontrar una tercera vía que otros proyectos tal vez hayan captado mejor. Por un lado, se necesita un museo que preserve los 1,2 millones de objetos atesorados por el Estado con un presupuesto conservador tanto para su construcción como para su manutención, pues no solo podemos pensar en el aquí y el ahora. Por otro lado, se espera que el museo convoque a una ciudadanía que ha sido sistemáticamente excluida de conocer su propio patrimonio por la negligencia del mismo Estado, y esto no depende solo de las actividades que se organicen una vez construido, sino que está influenciado por la relación de la estructura con el entorno.
Para crear la ilusión de que podíamos alcanzar una meta nacional, como antes soñábamos con educación o salud gratuitas para quienes no podían pagarlas, el gobierno nos encegueció con propuestas destellantes que no nos dejaron ver lo que era importante. Así que hasta ahora nada sabemos sobre la propuesta que garantizaba las mejores condiciones de reserva técnica, conservación, seguridad, investigación y una genuina accesibilidad. Me imagino que el cuidado de este patrimonio se resolverá de manera igualmente mágica aun si no se construye el nuevo museo.