Columnista invitado
¿De la Espriella y el glifosato: primera confrontación con el Ecuador?
Ex Canciller, ex embajador en España, ONU, Estados Unidos y México. Columnista, académico en Flacso y autor de libros de política exterior.
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El flamante presidente de Colombia Abelardo de la Espriella anunció, parece que sin tener suficientes antecedentes, que reanudará la aspersión de glifosato en las zonas de cultivo de coca en territorio de su país. El glifosato es un potente herbicida producido por una empresa estadounidense llamada Monsanto y que se esparce en el aire sobre plantas y hierbas hasta el tamaño de arbustos y que para alcanzar mayores superficies se utilizan avionetas o helicópteros debidamente acondicionados. No mencionó para nada el efecto negativo que esa sustancia tiene sobre la salud humana, el agua y sobre los cultivos lícitos de los habitantes en Colombia y en la frontera con Ecuador y que afectaría como consecuencia del viento a nuestros pobladores. Añadió que hará lo necesario para dejar sin efecto la decisión del presidente Santos y cumplir con las disposiciones de la Corte constitucional.
O es un personaje autoritario que desconoce los acuerdos internacionales o se propone negociar nuevos que se ajusten a la realidad actual. Espero que sea este segundo aunque me temo que no será así. Que fumigue en su territorio nos tiene sin cuidado a los ecuatorianos, pero que esas aspersiones impacten a nuestra gente y a nuestro territorio sí nos debe preocupar y exige una reacción firme de nuestra parte tal como ya sucedió en 2005 y 2006.
De la Espriella parece desconocer que existe un acuerdo con Ecuador para que en la frontera de su país con el nuestro no se hagan estas aspersiones por el efecto negativo que tiene sobre la franja fronteriza ecuatoriana. Si estas aspersiones se realizaran en la zona de frontera con el Ecuador, me temo que se producirá el primer grave desencuentro entre los dos países. Sería la reedición del conflicto que se produjo entre 2005 y 2006 y que terminó a través de negociaciones directas con la suspensión de la fumigación de estas nocivas sustancias contra los habitantes de la frontera de ambos países. Centros de investigación, universidades de Estados Unidos y Europa, así como de los dos países, constataron los graves daños que el glifosato y sus componentes tienen sobre la salud humana y los cultivos lícitos. No había duda del efecto que esta actividad tendría sobre los dos países y sus habitantes.
A la vigencia de este acuerdo se suma una decisión previa del gobierno del Presidente Juan Manuel Santos de prohibir las aspersiones de glifosato y que fuera avalada por la Corte Constitucional de Colombia que exige una serie de requisitos para poder hacerlo. Por ejemplo, la aceptación de la población potencialmente afectada que en las zonas son muy marginales y pauperizadas y que difícilmente podrían aceptar fumigaciones a sus plantaciones lícitas de las que se apoyan para subsistir. También prevé que debe haber un informe técnico-científico de las autoridades correspondientes colombianas respecto del carácter inocuo de del glifosato, cosa que no es factible por las múltiples pruebas de que es extremadamente dañino.
Para evitar estos daños, las dos naciones llegaron en 2006 a un acuerdo, en el caso del Ecuador durante el gobierno de Alfredo Palacio y en el de Colombia Álvaro Uribe, en el sentido de que las aspersiones se realizarían inicialmente del lado colombiano hasta diez kilómetros antes de la frontera con Ecuador para evitar que el glifosato atraviese, como resultado del viento, al territorio nacional. Este acuerdo se cumplió y, en principio, el conflicto se resolvió. El gobierno de Uribe dispuso que las plantas se coca ubicadas en la frontera con Ecuador sean extraídas manualmente bajo la protección de militares para mayor seguridad de los obreros. No obstante, con la llegada al poder de Correa y tras la incursión ilegítima de fuerzas militares colombianas a territorio ecuatoriano para desbaratar un campamento de las FARC en un lugar denominado Angostura, y que provocó la mayor confrontación bilateral en años de convivencia pacífica, el presidente ecuatoriano dispuso, en marzo de 2008, correctamente, presentar una denuncia en la corte de La Haya para obtener las reparaciones por los efectos causados por el glifosato que no habían sido atendidos.
Bien sabido es que estos litigios toman mucho tiempo, pero gracias a los diversos y serios estudios hechos por prestigiosos centros de investigación todo hacía prever que el fallo se inclinaría a favor del Ecuador relativamente pronto. Había más que suficientes estudios médicos, científicos, geográficos, climatológicos que favorecían la posición ecuatoriana. Es más, unos documentos desclasificados del Departamento de Estado así lo demostraban y reforzaban el alegato ecuatoriano.
Sorpresivamente, la Cancillería, a la época dirigida por Ricardo Patiño, durante el gobierno de Correa, anunció que se había llegado a un arreglo bilateral por fuera de la Corte y que Ecuador desistía de la demanda. Error garrafal y extraño. Cuando Ecuador estaba a las puertas de beneficiarse de un fallo justo que le daría una millonaria compensación para atender a los pobladores de la frontera, el gobierno nacional desistió de continuar con el juicio. Todo en una negociación reservada y desconocida para la opinión pública. Nadie pudo entender de donde salía este arreglo.
Patiño dijo con aire triunfal que según lo convenido con Colombia, Ecuador se beneficiaría con el pago de las costas judiciales, que las aspersiones serían anunciadas con anticipación para que Ecuador tome las precauciones y que no se harían sino dos km antes de la frontera. Una derrota en toda la regla a lo que se había acordado entre los cancilleres Carrión y Barco meses atrás. El gobierno colombiano se comprometía a hacer un aporte simbólico para resarcir los efectos producidos por el glifosato. Por lo demás, la negociación a la que hacía referencia Patiño no había sido anunciada ni conocida por la opinión pública y sobre todo por los pobladores de la frontera, los verdaderos afectados por las aspersiones quienes con razón manifestaron su inconformidad y protesta por lo convenido y por no haber sido informados sino cuando ese día se entregaba en La Haya la notificación del desistimiento.
Al margen de estos importantes antecedentes, el gobierno del presidente Noboa y su Cancillería en particular, deben estar muy atentos a este anuncio de De la Espriella de fumigar con glifosato sin tener en cuenta los efectos que puede tener sobre la población ecuatoriana que es mucho más numerosa que la colombiana en esa parte de la frontera. Ya hay antecedentes sobre los efectos dañinos del producto y Ecuador no puede permitir que estos se produzcan nuevamente. La prevención y la firmeza serán los antídotos para que no se produzca un nuevo incidente, esta vez entre presidentes y gobiernos afines política e ideológicamente. El presidente Noboa está prevenido…