Los candidatos de ADN aprovechan un evento presidencial en Quito para darse a conocer con los votantes
El presidente Daniel Noboa tuvo un evento en Conocoto para entregar recursos para Pichincha. En primera fila estuvieron las autoridades del Gobierno y precandidatos para las elecciones seccionales.

El presidente Daniel Noboa y Giovanna Ubidia, candidata a alcaldesa de Quito por ADN, en un evento de la Presidencia de la República, en Quito, el viernes 10 de julio de 2026.
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Presidencia de Ecuador
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Desde temprano en la mañana, los preparativos de seguridad interrumpieron la cotidianidad de los habitantes de Conocoto, en el suroriente de Quito. El estadio La Moya fue el epicentro para una feria de servicios y emprendimientos organizada por el Gobierno y el principal invitado, para la entrega de recursos para Pichincha, era el presidente Daniel Noboa.
Pero, el evento fue aprovechado también por otras figuras del Ejecutivo, Legislativo e incluso del Municipio capitalino, para saludar con la ciudadanía, tomarse fotos, hacer videos y, con algo de suerte, compartir tarima o imágenes con el Primer Mandatario.
Esto coincide con las aceptaciones de candidaturas del movimiento oficialista Acción Democrática Nacional (ADN), para las elecciones seccionales 2027, adelantadas para el 29 de noviembre de 2026. Y la figura central durante el evento fue, justamente, la carta oficialista para la Alcaldía de Quito: Giovanna Ubidia, quien también funge como directora Nacional del Seguro Social Campesino desde mediados de 2025.
Junto a Ubidia estuvo Cynthia Gellibert, ministra del Trabajo y precandidata a la Prefectura de Santa Elena. La funcionaria, que como Secretaria de la Administración Pública mantuvo un bajo perfil, ahora anunciaba, desde la tarima y con chaleco morado, beneficios gubernamentales por más de USD 60 millones.

Se sumaron también Gilda Alcívar y Zaida Rovira, ministra de Educación y viceministra de Desarrollo Humano. La última es precandidata de ADN para concejal de Guayaquil. Las cuatro mujeres pidieron aplausos y animaron a la multitud. Hubo anuncios de capacitaciones, infraestructura de educación y salud, afiliaciones al seguro social campesino, créditos, camionetas, subsidios, incentivos, obras.
También intervino Juan Carlos Vega, quien pasó por los ministerios de Economía y Agricultura, un día después de que aceptara la precandidatura a la Alcaldía de Cuenca. Entre los ocupantes de la primera y segunda fila estuvieron representantes de la bancada legislativa oficialista: Dominique Serrano, Andrés Castillo, Luigi García, Inés Alarcón y Éckenner Recalde. Así como Harold Burbano, exministro de Trabajo y precandidato a la Prefectura de Pichincha.
Hubo también otros funcionarios que tomaron la palabra: Luis Jaramillo, de Producción; Marco Acosta, del Biess, y Eduardo Peña, de BanEcuador. Este último dijo a los asistentes que "Pichincha es una provincia 'noboísta', más de 676.000 votos en las últimas elecciones".
El mismo presidente Noboa, cuando finalmente tomó la palabra, también empezó por ahí: "Pichincha tomó una decisión cuando eligió este proyecto político para construir un Ecuador distinto". El Mandatario sostuvo que los beneficios, obras y servicios otorgados a la provincia son una señal de agradecimiento. Así, el evento gubernamental terminó dando tarima, de forma directa o indirecta, a las figuras del Gobierno, a cuatro meses de las votaciones seccionales.

Un intenso dispositivo de seguridad
Los participantes en el evento presidencial, entre vecinos, docentes locales y funcionarios públicos, debieron hacer al menos cuatro cuadras de fila, divididas en distintos anillos de seguridad. El primero estaba a cargo de la Policía Nacional, que patrullaba y vigilaba la actividad alrededor del estadio La Moya.
El segundo tenía la primera barrera, para dividir a los asistentes por género y organizar la revisión individual. En el camino iban quedando las sombrillas y botellas de agua, gaseosas, jugos, bebidas energéticas. El sol capitalino y el calor del valle no estaban en la lista de preocupaciones de la seguridad presidencial.

El tercer anillo estuvo a manos de las Fuerzas Armadas. Los ciudadanos debían pasar entonces por dos detectores de metal y, en caso de ser necesario, por una revisión adicional: manual, todo bajo la presencia de uniformados fuertemente armados y canes detectores de explosivos.
Una vez superados los filtros de seguridad, los funcionarios intentaban atraer a los ciudadanos a recorrer las carpas de servicios públicos y emprendimientos ciudadanos. Pero la mayoría de gente prefería guardar puesto frente al escenario. Simpatizantes o detractores, estos eventos son esas raras oportunidades en las que la ciudadanía puede ver de 'cerca' al Jefe de Estado.
Por la amplia tarima pasaron grupos locales de baile, un show canino de la Policía, un cantante nacional, un concurso mundialero de cascaritas, un profesor de bailoterapia y un animador que intentaba mantener a la gente entretenida mientras esperaban la llegada del presidente Noboa. Todo bajo la mirada vigilante de militares que patrullaban la cancha y graderíos, así como del personal de la escolta presidencial distribuido alrededor del escenario.

El evento oficial estaba previsto para las 10:00. Y ya alrededor de las 10:30 el animador pedía paciencia a la ciudadanía mientras prometía que el Presidente estaba a "dos, máximo cinco minutos de distancia". Y para ocupar tiempo aprovechó y pidió a los asistentes que colaboren con el TikTok de Carondelet y coreografíen una bienvenida pregrabada, al grito de "bienvenido presidente". Dos tomas bastaron, pues solo las primeras filas mostraron interés en participar.
A las 10:36 llegó la caravana presidencial, con al menos una decena de vehículos, entre camionetas de vidrios oscuros y motocicletas. El público alistó sus teléfonos para grabar el ingreso, pero lo único visible era el cordón de seguridad y las planchas antibalas que cubrían al Mandatario mientras caminaba a su puesto. "¿Dónde está?", preguntaron varios, que tuvieron que sentarse cuando empezaron las intervenciones.
Solo después de que hablaran los ocho voceros gubernamentales, el presidente Noboa subió al escenario, con sus tradicionales gafas oscuras, para posar en la mitad de la fotografía. Y, ante la mirada atenta de la seguridad presidencial, se quedó solo en el escenario para compartir el mismo libreto de otros discursos: quejas contra los gobiernos anteriores, cifras económicas y promesas de sorpresas.

Seis minutos después, como es usual con las apariciones presidenciales, el Mandatario salió rápidamente, tras tomarse una 'selfie' con la audiencia. La caravana presidencial partió de inmediato, seguida de los dispositivos de seguridad de los otros ministros y secretarios.
Atrás solo quedó el último anillo de seguridad, unos cinco camiones militares, dos tanquetas y policías en caballos, en motos y a pie, que continuaron rondando el estadio La Moya hasta que la mayoría de ciudadanos abandonó el espacio.
Quejas, listas y refrigerios
En medio del evento, la precandidata a la Alcaldía de Quito, Giovanna Ubidia, quiso presentar una historia individual: "El caso de Mary", quien estaba entre el público. Sin explicar exactamente el problema, dejó saber cuando la ciudadana necesitó financiamiento, lo consiguió con el Gobierno.
Pero para contextualizar el caso, Ubidia pidió que todos los asistentes que han tenido problemas con los chulqueros levanten la mano. Hubo sorpresa y miedo entre el público, que entre murmullos se rehusó a participar en la encuesta.
Ubidia intentó recuperar la atención de la audiencia y contó que el Gobierno le había prometido a Mary terminar con los chulqueros y le preguntó emocionada: "¿Cumplimos?" A lo que la multitud respondió en un largo grito al unísino: "¡No!".
En medio de los frecuentes aplausos de las primeras filas de asientos, también hubo gritos en la parte posterior negando las afirmaciones sobre temas de salud y afiliaciones al seguro social campesino.

Ya al final, tras la salida de las autoridades, el personal de logística empezó la tarea de recoger los cientos de sillas, cables, parlantes y estructuras. A la vez, los asistentes convocados se agruparon para una toma de lista y para tomarse fotos como evidencia de su asistencia, decían.
Afuera del estadio, en las calles solo quedaron los miembros de centros y asociaciones populares. Bajo el intenso sol del mediodía esperaban sus refrescos (sanduches y colas) y los autobuses que los llevarían a sus sectores.
Sin embargo, el ambiente no era de cordialidad en todas las esquinas. En la calles calles Rosario de Alcázar y González Suárez una dirigente se acercó a reclamar a quienes gritaron cosas negativas contra el Gobierno. Les recriminó que le hacen quedar mal y advirtió que le iban a pasar el vídeo para identificar a los involucrados.

En ese grupo, un hombre y una mujer mayores dijeron que se trataba de su derecho, que las instituciones de salud no les atienden y que no hay medicinas. "Para que nos obligan a venir si no quieren que hablemos", se quejaron.
La dirigente se dio cuenta de que más personas se sumaban a los reclamos, pero la llegada del servicio de transporte cortó el intercambio. Así, sobre el mediodía del viernes, los alrededores del estadio de Conocoto empezaron a retomar la normalidad.
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