Alcaldía de Quito: El volátil voto capitalino y el caos en las candidaturas marcarán la elección
Las experiencias pasadas, los problemas de las organizaciones políticas y los perfiles de los aspirantes a la Alcaldía apuntan a que se tratará de otra contienda dispersa, en la que se buscará dar prioridad al voto castigo.

Ilustración sobre el escenario de las elecciones para la Alcaldía de Quito.
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Ilustración creada por Gemini por PRIMICIAS
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La Alcaldía de Quito es la oficina más codiciada por las organizaciones políticas en todas las elecciones seccionales. Aunque la idea noventera de que representa un trampolín hacia Carondelet quedó atrás. Después de Sixto Durán Ballén y Jamil Mahuad, nadie más ha conseguido dar ese salto.
Sin embargo, cautivar al voto capitalino no es una tarea sencilla. Ni el correísmo lo logró durante su hegemonía. Las caras de sorpresa y frustración de sus dirigentes cuando Augusto Barrera perdió la reelección en 2014 lo demostraron.
Los quiteños no han mostrado fidelidad a ninguna fuerza política desde 2009, después de los tres periodos seguidos de en los que escogieron a los candidatos de la extinta Democracia Popular, entre 1988, 1992 y 1996, y de la doble elección de Paco Moncayo, por la Izquierda Democrática, en 2000 y 2005.
Eso no se ha vuelto a repetir. Ninguna lista ni candidato ha logrado consolidar y sostener el respaldo popular. E, incluso, en el periodo 2019-2023 la capital sufrió una crisis política que sacó a Jorge Yunda del poder.
La única tendencia política que han mantenido los votantes de Quito, en las elecciones seccionales, es su inclinación hacia la izquierda. El alcalde más alejado, en los últimos 26 años, fue el centrista Mauricio Rodas, electo en 2014, como resultado principalmente de un voto de castigo al correísmo.
Ahora, en las elecciones seccionales 2027, adelantadas para el 29 de noviembre de 2026, se reitera esa intención del correísmo de repetir su administración, esta vez bajo el liderazgo de Pabel Muñoz. Pero en la contienda entrará por primera vez Acción Democrática Nacional y el defenestrado y popular radialista Jorge Yunda pretende regresar.
¿Mantendrán los quiteños la misma tendencia política, se inclinarán por el voto castigo o se decantarán por nuevas opciones?
El escenario partidista en la capital
Como es usual en Ecuador, las elecciones seccionales llegan cargadas de sorpresas y sobresaltos. Sin embargo, esta vez, los principales remezones del tablero partidista llegaron desde las autoridades electorales: el adelanto de la votación y la suspensión de la principal lista opositora, la Revolución Ciudadana, y su salvavidas, el movimiento Amigo.
Pero, en Quito, esto no impidió que el alcalde correísta Pabel Muñoz inscriba su candidatura a la reelección, aunque terminó haciéndolo por la alianza entre el Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), Unidad Popular (UP) y el movimiento provincial Todos.
A esos obstáculos administrativos y legales se suma la crisis interna por la que atraviesa la Revolución Ciudadana, tras sus dos derrotas presidenciales, que llegó a provocar roces entre sus autoridades locales y el mismo Rafael Correa, dividiendo a la estructura en bandos y generando distancia con sus principales perfiles en el país.
El principal contendor del correísmo parecería ser Acción Democrática Nacional (ADN), que participará por primera vez en unas elecciones seccionales, donde, a la vez, se medirá el respaldo de su máximo líder, el presidente Daniel Noboa.
Pero, ADN tampoco pasa por su mejor momento. Pese al poco tiempo de existencia del movimiento, el desgaste natural de dirigir el Gobierno Nacional y dominar la Asamblea, las crisis que el Ejecutivo no ha logrado mermar y las recurrentes polémicas, ya sufrió una derrota absoluta en el último referendo y consulta popular de noviembre de 2025.
Además, la precandidata elegida para la Alcaldía, en julio, fue Giovanna Ubidia, directora del Seguro Social Campesino, quien empezó a destacar en los eventos oficiales del Mandatario. Pero, a última hora, el día de la inscripción de su candidatura, el oficialismo hizo un enroque y la reemplazó con el exministro del Trabajo y previamente precandidato a la Prefectura de Pichincha, Harold Burbano.
Pero en el tablero está previsto que ingrese otra figura polémica, que ya consiguió llegar a la Alcaldía en 2019: Jorge Yunda. Con un renovado entusiasmo, después de una primera sentencia favorable en el caso Pruebas PCR, que lo declaró inocente del delito de presunto peculado, será candidato por el partido Avanza. Aunque no se ha inscrito todavía.
Por lo demás, aunque se esperaba que las candidaturas se multipliquen, como en los procesos anteriores, donde hubo 12 y 18 opciones en la papeleta, el debilitamiento y falta de renovación de las organizaciones políticas lo está dificultando. Por lo que los demás partidos y movimientos han optado por cartas con perfiles mucho más bajos o desconocidos entre el electorado.
La participación
La capital ecuatoriana es el mejor ejemplo de la profundidad de la crisis de representación que existe en a escala nacional. El mayor ejemplo está en el rechazo generalizado a todas las tiendas políticas y sus propuestas, lo que se evidencia en la radical caída de la votación.
Esto ha hecho que, en los últimos siete años, Quito esté liderada por alcaldes con sin respaldo popular. Las votaciones mayoritarias que eran la costumbre, hasta las seccionales de 2014, ya no existen.
Ahora la mayoría de partidos optan por figuras externas que buscan un auspicio sin ataduras ideológicas ni responsabilidades partidistas. Y el objetivo evidente de muchas organizaciones políticas es solamente conseguir el porcentaje mínimo de votación para sobrevivir y mantener la vida jurídica.
Estos problemas conllevaron a que la fragmentación se dispare desde 2019. Ese año siete de los 18 contendientes no alcanzaron ni siquiera el 1% de la votación. Otros siete quedaron bajo el 7%. Y los cuatro 'primeros' tuvieron votaciones entre el 17% y 21%, con décimas de diferencia en la mayoría de casos.
Esto se repitió en 2023, cuando hubo 12 candidatos. Ocho quedaron por debajo del 5%, uno logró un 13%, otros dos un 22% y el vencedor llegó al Palacio Municipal con apenas un 25%. Todo esto sin tomar en cuenta que los votos nulos y blancos también representan a la ciudadanía, aunque se ignoren para el cálculo de los porcentajes decisivos.
Todos estos factores hacen que Quito ya no sea considerada como bastión político, pese a ser el cantón con más electores, a tener la sede administrativa del gobierno nacional e, históricamente, a haber sido la cuna de varios líderes políticos nacionales.
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