Unidad Popular llega fortalecida a sus primarias, tras el intento del CNE de eliminarla
A finales de marzo, ya en la recta electoral para las seccionales 2027, el Consejo Nacional Electoral empezó el proceso de cancelación de la lista 2. Finalmente el Tribunal Contencioso Electoral echó abajo la medida y les allanó el camino para participar.

Simpatizantes del movimiento político Unidad Popular en una marcha en Quito, 1 de abril de 2026.
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Ilustración realizada con NanoBanana (Gemini) de una fotografía de API.
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En medio del controversial adelanto de las elecciones seccionales 2027, para el 29 de noviembre de 2026, el Consejo Nacional Electoral (CNE), entonces dirigido por Diana Atamaint, decidió eliminar a dos organizaciones políticas, por falta de militantes, una de ellas Unidad Popular (UP).
El proceso avanzó en el CNE, pese a las quejas y recursos del partido. Pero una impugnación ante el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) logró frenar la medida, bajo el argumento de que la decisión del Consejo llegó fuera del límite temporal enmarcado en el Código de la Democracia.
Esto representó una lucha de 80 días para la organización política, afirma su director nacional, Geovanni Atarihuana. En ese tiempo sus miembros se concentraron en su supervivencia legal y no en la preparación para las seccionales. Les provocó incertidumbre entre sus candidatos y posibles aliados, agrega.
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Y, aunque eso podría pasarles factura, Atarihuana sostiene que "no hay mal que por bien no venga", ya que "ese ataque de Diana Atamaint" les dio una nueva vida. No solo reafirmó a sus militantes, sino que ahora hay más gente que conoce la lista 2 y que reconoce y apoya su posición política. El proceso de eliminación que llevó adelante el CNE terminó generándoles simpatías.
El camino a las seccionales
En ese proceso de mantener su vigencia, Unidad Popular consiguió renovar sus directivas en todas las provincias. Además, ya definieron sus colegios electorales y entre el 26 de junio y el 2 de julio definirán todas sus candidaturas. Según Atarihuana, el partido espera concretar cuadros en 180 a 190 cantones, incluyendo las prefecturas.
"Nosotros somos un partido real, con bases, con participación democrática, eso nos da la fuerza para resistir lo que resistimos los últimos tres meses", advierte Atarihuana. Y explica que en la renovación de directivas participaron más de 7.000 militantes.
Mientras tanto, en la selección de delegados para los colegios electorales lo hicieron otros 2.500. Además, todas las estructuras y militantes de la lista 2 están habilitados para proponer candidaturas, que serán después vetadas y seleccionadas por esos delegados. "Nosotros no elegimos a dedo y aquí no hay gerente propietario que pone la plata y pone el candidato", dijo.
Serán procesos de democracia interna provinciales, donde se escogerán los perfiles para todas las dignidades de esa circunscripción. Sin embargo, esto conlleva sus retos. Por ejemplo, Manabí cuenta con 22 cantones, por lo que será una de las más complejas de concretar.
Las candidaturas más fuertes estarán en las prefecturas de Azuay, Orellana y Zamora, la Alcaldía de Santo Domingo, entre otras en Manabí. Mientras que en varias provincias están en diálogos con otras listas nacionales y locales, como Pachakutik, Izquierda Democrática y Partido Socialista. Pero eso se definirá hasta el 18 de julio.
La historia de Unidad Popular
Unidad Popular nació como movimiento el 5 de octubre de 2015, con el color rojo por bandera y el número 2 como lista. Sin embargo, toda su estructura política pertenecía originalmente al Movimiento Popular Democrático (MPD), que fue eliminado del registro electoral el año previo.
Esa misma estructura y organización de base, que se mantiene en pie desde 1978, fue la que permitió a la agrupación reinscribirse y recuperar su vida jurídica con 193.507 adherentes, en ese entonces, bajo otro nombre e imagen.
Su militancia y dirigencia salen en gran parte de los sectores populares, de las organizaciones barriales y sindicales, especialmente el de los maestros reunidos en la Unión Nacional de Educadores (UNE), que también fue disuelta durante el correísmo y recuperó su vida jurídica posteriormente.
Y, aunque ha participado constantemente en las contiendas electorales (generales y seccionales), desde el retorno a la democracia sus resultados han sido bajos, pero siempre lo suficientemente altos como para mantener su casillero.
En las votaciones nacionales, su respaldo más alto fue en 1984 (7,3%). Los otros dos porcentajes por sobre el 5% los obtuvo con alianzas. Y en las últimas presidenciales su candidato obtuvo apenas el 0,4%.
Mientras que en las seccionales suele tener más presencia, entre las miles de autoridades a escoger. Por ejemplo, en 2023 obtuvo alrededor de 90 cargos, con alianzas, entre prefecturas (Zamora y Orellana), alcaldías (Latacunga, Cayambe, Camilo Ponce Enríquez, Saraguro, Antonio Ante, entre otras) y concejalías. Esto fue más de lo que consiguió en las de 2019.
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