"Como bolas de fuego": Pencos encendidos rodaban hacia las casas durante el incendio en Pusuquí
Cerca de 200 vecinos de Pusuquí participaron en las labores para humedecer la vegetación cercana a las viviendas que podían ser amenazadas por el incendio forestal en el cerro Casitagua, y que sigue activo este viernes.

Vegetación quemada por un incendio forestal en el cerro Casitagua, en Pusuquí, frente a casas de la urbanización San Gregorio, en Quito, el 18 de septiembre de 2026.
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Robel Revelo / Primicias
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El incendio en las laderas del cerro Casitagua, en Pusuquí, en el norte de Quito, lleva más de 24 horas sin poder ser controlado. Y frente al avance de las llamas, los vecinos del sector lograron organizarse para ayudar a los miembros del Cuerpo de Bomberos, que llevan horas tratando de controlar el voraz incendio.
El incendio comenzó cerca de las 09:00 de este 17 de septiembre. A esta hora, Tatiana Hidalgo, habitante de Pusuquí, notó una columna de humo. "Como esto (los incendios) sucede todos los años, estamos medio acostumbrados; pero más o menos a las 11:00 el fuego empezó a salirse de control", dice.
Frente al avance del fuego, cerca de 90 efectivos del Cuerpo de Bomberos fueron desplegados en la zona, y cuatro helicóptero ayudaban con descargas de agua desde el aire. Pero el fuego, que empezó cerca de las instalaciones de la Escuela de Policía, seguía avanzando y ha consumido ya más de 100 hectáreas.
Rodrigo Vásconez, uno de los brigadistas comunitarios de la zona, fue uno de los primeros vecinos en activarse para tratar de proteger los hogares de este punto al norte de la capital, con la ayuda de un gabinete contra incendios forestales recientemente instalado por el Cuerpo de Bomberos de Quito, y que en la emergencia en el Itchimbía también permitió ayudae sofocar al fuego.
A los esfuerzos de este ciudadano se sumaron, afirma, cerca de otros 200 vecinos que con baldes y recipientes de distinto tamaño humedecieron la zona cercana a las casas.

Bolas de fuego bajaban por el cerro
"Cuando yo llegué, estábamos entrando a mi casa y salieron dos policías de entre las llamas. Era como una película, pidiendo y gritándonos que nos vayamos de aquí, que esto estaba mal", cuenta Tatiana Hidalgo, que había regresado del trabajo a su hogar para rescatar a sus perros.
Las casas de la calle en la que vive Tatiana están ubicadas a solo unos 15 metros de una zona que ya fue consumida por el fuego.
Marta Salas, una vecina de Tatiana, relata que más o menos a las 10:00 evacuaron a algunas personas. "Nos fuimos al Condado, y desde allá yo vigilaba... Le juro, yo lloraba. Era como estar al lado de una llanta incendiándose, se sentía el calor", narra.
"Hasta hoy es preocupante porque no sabemos si esto se llega a reactivar o qué va a pasar", dice Tatiana. Y recuerda que cuando fue evacuada, los bomberos les pedían que desenchufaran todo los productos eléctricos y cubrieran con mantas mojadas los tanques de gas.
Rodrigo Vásconez comenta a PRIMICIAS que lo que más le asustó fue que cerca del mediodía observó cómo bajaban pencos por la ladera "como bolas de fuego" en dirección a las casas. Pusuquí es una zona especialmente árida, en la que la vegetación consiste de matorral seco interandino y bosque seco, con mucha presencia de pencos de agave andino.

"Los pencos en la cima rodaban (hacia abajo) ya incandescentes. Era impresionante ver cómo la llama estaba a la derecha y después, quizá por el viento, en la izquierda de la montaña. En cuestión de 5 minutos ya estaban en fuego unos 100 metros. Se unieron los dos incendios y bajaron para acá", comenta Rodrigo.
Según cuenta este brigadista comunitario, después de la respuesta inicial de los vecinos llegaron los bomberos y posteriormente cadetes de la Escuela Superior de Policía. "Sin la ayuda de ellos, hubiera sido otra historia la que hubiéramos vivido", dice.
Sin embargo, el temor de estos ciudadanos persistía en la tarde y noche, pues las llamas continuaban, o había puntos de calor que se reactivaban.

Moradores recuerdan cómo alrededor de las 17:30 nuevamente bajaban pencos encendidos, lo que requirió la activación de los vecinos para tratar de proteger sus viviendas.
Marta también recuerda que cerca de las 21:00 un árbol encendido cayó del cerro hacia la calle y los vecinos tuvieron que salir con linternas y baldes a apagar el fuego.
Durante la noche, los moradores dicen que se organizaron para hacer turnos y así estar alerta en caso de que el fuego nuevamente se acercara a sus hogares.
Esta situación tan estresante ha motivado que personas como Marta, que es de la tercera edad, consideren moverse a otra zona de la ciudad en la que sientan menos riesgo frente a la época seca y los incendios forestales.
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