Metro de Quito, ¿qué protocolos de seguridad tiene el sistema ante un terremoto o sismo?
La infraestructura subterránea del Metro de Quito habría sido diseñada para resistir movimientos telúricos extremos y contaría con un plan de respuesta automatizado y manual.

Imagen del Puesto de Control Central (PCC) del Metro de Quito, 18 de agosto de 2026.
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Andrés Salazar / Primicias
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El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes 10 de agosto de 2026, dejando más de 300 fallecidos y graves afectaciones en diversas ciudades, encendió de inmediato las alarmas de preparación sísmica en el Ecuador.
Al sentirse el remezón en la capital, el Metro de Quito activó su protocolo de seguridad para resguardar la vida de miles de pasajeros que en ese instante se encontraban bajo tierra.
Según la Empresa Pública Metropolitana Metro de Quito, la megaestructura tiene un diseño sismorresistente que le permite soportar movimientos telúricos de hasta 9.
El Metro cuenta con 11 procedimientos específicos para la atención de emergencias severas, desarrollados con las instituciones de auxilio de la capital bajo la articulación del sistema integrado ECU911.
Estos protocolos, además de sismos, abarcan amenazas complejas como inundaciones, descarrilamientos, erupciones volcánicas del Cotopaxi, colisiones de unidades y atentados terroristas.
El protocolo paso a paso bajo tierra ante un sismo
La activación del protocolo sísmico del Metro de Quito empieza en el mismo segundo en que ocurre un movimiento perceptible para los operadores o el centro de control.
El gerente del Puesto de Control Central (PCC), Ramón Bedoya, detalla que el primer paso obligatorio consiste en emitir una llamada colectiva inmediata a todos los trenes en circulación para que detengan su marcha, sin importar si se encuentran en una estación o en medio de un túnel.
Al mismo tiempo, se notifica al personal de seguridad privada, a la Policía Nacional, a los agentes de estación y a los equipos de mantenimiento para verificar las condiciones generales del sistema y cerrar los ingresos en la superficie.
Una vez que el temblor ha finalizado, la reanudación del servicio de transporte depende de los reportes de magnitud oficiales provistos por el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional.
Sismos inferiores a 6
- Si el informe oficial confirma que el evento telúrico es de menos de 6, los trenes reciben la orden de reiniciar la marcha de manera muy paulatina y a una velocidad mínima de seguridad de 20 km/h. Durante este avance lento, el operador del tren tiene la misión de inspeccionar visualmente el estado de la estructura de la vía.
Inspección visual asistida
- Para facilitar que los equipos técnicos inspeccionen minuciosamente cada rincón del túnel y los rieles, el puesto de control ordena encender de forma total las luces del túnel (las cuales están apagadas durante la operación comercial regular). Este proceso de verificación integral toma un tiempo de entre 15 y 20 minutos antes de normalizar la velocidad habitual.
Procedimiento de evacuación técnica
- En caso de que el maquinista detecte alguna fisura, desnivel o anomalía en la vía, el tren detiene su marcha inmediatamente y se inicia la evacuación de pasajeros hacia las 15 salidas de emergencia distribuidas a lo largo del trazado.
- En estas situaciones, el centro de operaciones desenergiza la catenaria de la línea para proteger a los usuarios mientras son guiados por el personal operativo a través de las estaciones más cercanas.
Tres niveles de emergencia en el Metro de Quito
La respuesta del Metro de Quito frente a eventos inesperados se divide en tres niveles de complejidad según los recursos e instituciones que deban intervenir.
Nivel 1 (Operación cotidiana)
- Agrupa incidencias menores y de la rutina diaria, tales como fallas en las puertas de un vagón o escaleras mecánicas, las cuales son resueltas por el propio personal operativo que está en las estaciones o trenes.
Nivel 2 (Asistencia externa puntual)
- Se activa cuando ocurre una situación que demanda el apoyo de al menos una institución de auxilio externa, como una descompensación médica de un pasajero en andenes que requiere coordinar una ambulancia de Bomberos a través del ECU 911.
Nivel 3 (Gravedad extrema)
- Involucra incidentes críticos que pueden paralizar la operación o poner en riesgo masivo la vida de los usuarios. Estos eventos exigen convocar al comité de crisis institucional y trabajar en una mesa de coordinación conjunta con la Policía y las Fuerzas Armadas.
El eje neurálgico que coordina toda esta seguridad subterránea es el Puesto de Control Central (PCC), considerado el verdadero "cerebro" del Metro de Quito.

Desde estas salas, un equipo técnico de 24 controladores de tráfico, seis supervisores de operación y cinco analistas de riesgo público monitorean en tiempo real el comportamiento de 18 subsistemas técnicos complejos y las cámaras de videovigilancia.
Además, la seguridad interna en estaciones y trenes tiene 250 efectivos de la Policía Nacional, 87 agentes de estación, 124 guardias privados y la instalación de 721 interfonos que permiten a los pasajeros comunicarse con el personal de control ante cualquier alerta.
El reto del mantenimiento y los repuestos de la flota
La operación diaria del Metro de Quito enfrenta importantes desafíos técnicos y administrativos que los usuarios reclaman, como el aumento de los tiempos de espera en andenes o suspensión del servicio por activación de protocolos de seguridad.
En abril de 2026, la espera por un tren llegó a duplicarse en horas pico debido a que la flota debió operar con menos unidades.
La causa de este inconveniente radicó en las tareas de reperfilamiento y mantenimiento preventivo de las ruedas de los trenes, necesarias para corregir un desgaste "inusual" advertido por la constructora española CAF en enero de este año, que sugirió planificar la compra paulatina de 864 ruedas nuevas.
El pasado 5 de junio de 2026, la Empresa Pública Metropolitana firmó un millonario contrato de mantenimiento preventivo y correctivo por USD 62,1 millones con el Consorcio Ferroviario Metro de Quito.
Este consorcio internacional —conformado por empresas de Panamá, Francia y Ecuador— asumió por un lapso de cinco años (hasta el 2031) el mantenimiento de los talleres, las compuertas cortafuego, los pozos de bombeo, la ventilación y el control electrónico de toda la superestructura de la vía.
La pugna por la ampliación
El Metro de Quito no solo representa un cambio en el transporte para los quiteños, sino la mayor obra municipal de la historia reciente, con un costo que asciende a USD 2.200 millones en su primera línea.
De hecho, de las obras reportadas por la administración del alcalde Pabel Muñoz, este sistema de transporte masivo concentra el 80,2% de toda la inversión de la capital en 2026.
Actualmente está en debate la futura ampliación del sistema, que consiste en una extensión de 5,3 kilómetros desde El Labrador hasta la terminal de La Ofelia, incorporando cuatro nuevas estaciones: Parque Bicentenario, Andalucía, Rosario y La Ofelia.
Los estudios de viabilidad y trazado final, adjudicados en enero de 2026 a la firma española Typsa por USD 10 millones, deberán ser entregados en octubre de este año.
No obstante, la concreción de los USD 520 millones que costaría la construcción de la extensión ha desatado tensiones políticas.
Mientras el alcalde Pabel Muñoz insiste al Ministerio de Finanzas por la entrega de los avales soberanos para acceder a créditos multilaterales, el presidente Daniel Noboa anunció públicamente su intención de que el Ministerio de Transporte construya esta megaobra directamente, todo esto a puertas de los comicios seccionales adelantados.
Mientras este escenario político se define, el Municipio concretó una prórroga por seis meses de la póliza de seguros con Hispana para salvaguardar los más de USD 2.000 millones en bienes públicos de la obra estrella de la capital.
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