¿Quién queda atrás en la era tecnológica? Así están las brechas digitales en Ecuador
A pesar de los avances en conectividad, la inclusión digital en Ecuador sigue enfrentando brechas persistentes. Este análisis aborda la brecha digital desde tres perspectivas: territorio, género y nivel educativo, con el fin de aportar evidencia para políticas públicas más equitativas.

Era tecnológica
- Foto
Canva
Autor:
Actualizada:
Compartir:
El proceso de digitalización en Ecuador ha mostrado avances significativos en la última década, reflejados en el aumento sostenido del acceso a internet y a dispositivos tecnológicos en los hogares. Sin embargo, este progreso no ha sido homogéneo y persisten brechas importantes asociadas al territorio, el género y el nivel educativo. Estas desigualdades limitan que la expansión de la conectividad se traduzca plenamente en inclusión social, productiva y educativa, especialmente en los sectores más vulnerables.
En este contexto, el análisis del acceso a internet, del analfabetismo digital y del uso de tecnologías desde un enfoque territorial, de género y según nivel educativo resulta clave para comprender los desafíos estructurales de la inclusión digital en el país. Más allá de la infraestructura, la evidencia muestra que el desarrollo de habilidades digitales y el acceso efectivo a la tecnología son determinantes para reducir desigualdades y promover un desarrollo equilibrado y sostenible.
Ciudades conectadas, campos rezagados: la brecha digital territorial
Hogares con acceso a internet según área
El acceso a internet en los hogares ecuatorianos se ha expandido de manera sostenida entre 2016 y 2025, pasando del 36% al 71,3%, lo que evidencia un avance significativo en el proceso de digitalización del país. No obstante, este crecimiento ha sido territorialmente desigual. En las áreas urbanas, el acceso aumentó de 44,6% a 76,6%, mientras que en el ámbito rural pasó de 16,4% a 58,7%. Aunque el ritmo de crecimiento rural ha sido acelerado, la brecha urbano-rural persiste y alcanza cerca de 18 puntos porcentuales en 2025 (Gráfico 1).
Desde una perspectiva territorial, esta brecha refleja los desafíos estructurales señalados por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), vinculados a la disponibilidad y calidad de la infraestructura digital, la dispersión geográfica y las restricciones económicas de los hogares rurales. Estas condiciones limitan el uso intensivo de tecnologías digitales y reducen las oportunidades de integración productiva y social de los territorios rurales. En consecuencia, el cierre de la brecha digital en Ecuador requiere políticas públicas focalizadas que combinen expansión de conectividad.
En ese sentido, los indicadores del Ministerio de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información (MINTEL) muestran una evolución contrastante entre 2022 y 2025. Por un lado, se registra un aumento en la infraestructura de acceso público, de 886 en 2023 a 952 en marzo de 2025, lo que evidencia avances en la disponibilidad de conectividad a nivel nacional. El uso de estos espacios también se mantiene elevado, superando 6,2 millones de visitas en 2025, lo que confirma su importancia como centros de aprendizaje e innovación. Sin embargo, este crecimiento en infraestructura y uso no se traduce de manera equivalente en la alfabetización digital, ya que el número de personas capacitadas, aunque sigue siendo significativo, se ubicó en 327.746 en 2025, mostrando un progreso limitado frente al incremento de puntos y usuarios (Tabla 1).
En este contexto, resulta clave analizar el analfabetismo digital en Ecuador, ya que las brechas en el acceso y, sobre todo, en el desarrollo de capacidades limitan la posibilidad de que la expansión de la conectividad se traduzca en inclusión social, productiva y educativa.
Analfabetismo digital según área
Según el INEC, el analfabetismo digital identifica a las personas de 15 a 49 años que se encuentran completamente excluidas del entorno tecnológico, al no disponer de celular activo ni haber utilizado computadora o internet en los últimos 12 meses, lo que limita su acceso a la información, la educación, el empleo y los servicios digitales. Su reducción es un componente esencial para el desarrollo económico y social, ya que la conectividad sin habilidades digitales no garantiza inclusión.
Las estadísticas reportadas por el INEC muestran una tendencia general a la reducción del analfabetismo digital entre 2016 y 2025, lo que evidencia avances en capacitación, acceso a tecnologías y procesos de digitalización. A nivel nacional, la tasa pasó de 11,5% en 2016 a apenas 2,1% en 2025, reflejando una disminución de más de nueve puntos porcentuales, un logro relevante en términos de inclusión digital (Gráfico 2).
La evolución del analfabetismo digital en Ecuador revela un marcado contraste territorial que refleja desigualdades estructurales persistentes. Mientras el ámbito urbano logró una reducción casi total, al pasar de 6,9% en 2016 a 0,8% en 2025, como resultado de una mayor disponibilidad de infraestructura, niveles educativos más altos y una exposición sostenida a entornos digitalizados, el espacio rural, aunque muestra avances relevantes, continúa rezagado.
En 2016, el analfabetismo digital rural alcanzaba el 22%, casi el doble del promedio nacional, y pese a reducirse a 5,6% en 2025, sigue superando ampliamente el nivel urbano. Esta brecha evidencia que la expansión de la conectividad, si bien necesaria, es insuficiente por sí sola, ya que persisten limitaciones en el acceso a capacitación, acompañamiento educativo y apropiación efectiva de las tecnologías en los territorios rurales, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas focalizadas.
La brecha invisible: género y acceso a la tecnología
Personas que usan teléfono inteligente según género
Según el Programa de Naciones Unidas, los teléfonos inteligentes se han consolidado como la principal puerta de entrada al ecosistema digital, especialmente en países de ingresos medios y bajos, donde con frecuencia constituyen el único dispositivo con acceso a internet dentro de los hogares. Esta centralidad convierte al smartphone en un activo estratégico para la inclusión digital, económica y social, mucho más allá de su función comunicativa.
En el caso ecuatoriano, los datos revelan un hallazgo relevante desde el enfoque de género: las mujeres presentan niveles de tenencia de teléfonos inteligentes similares —e incluso ligeramente superiores— a los de los hombres. Este patrón constituye un avance significativo hacia la igualdad en el acceso a dispositivos digitales y contrasta con otras dimensiones del acceso a recursos productivos y tecnológicos, donde históricamente las mujeres han enfrentado mayores restricciones.
Entre 2022 y 2025 se observa un crecimiento sostenido en la tenencia de teléfonos inteligentes en ambos sexos, reflejo de una mayor masificación tecnológica. En los hombres, la proporción de usuarios aumenta de 51,9 % a 57,7 %, mientras que en las mujeres el incremento es más dinámico, pasando de 52,5 % a 60,9 %. Este mayor ritmo de adopción femenina sugiere una reducción progresiva de barreras económicas y sociales asociadas al acceso tecnológico (Gráfico 3).
En ese sentido, se muestra una tendencia clara: las mujeres mantienen niveles ligeramente superiores de acceso durante todo el período, ampliándose de 0,6 puntos porcentuales en 2022 a 3,2 puntos en 2025.
Analfabetismo digital según género
Ahora bien, la incorporación del enfoque de género en el análisis del analfabetismo digital es fundamental, ya que el acceso y la apropiación de las tecnologías no son neutros, sino que reflejan desigualdades educativas, laborales y sociales preexistentes. En economías cada vez más digitalizadas, estas brechas inciden directamente en las oportunidades de inclusión social y en el aprovechamiento del capital humano.
Entre 2022 y 2025 se registra una reducción sostenida del analfabetismo digital tanto en hombres como en mujeres. En los hombres, el indicador disminuye de 6,84% a 1,73%, mientras que en las mujeres se reduce de 9,51% a 2,52%, lo que evidencia los efectos positivos de la expansión del acceso tecnológico y de los programas de capacitación digital. No obstante, durante todo el período las mujeres mantienen niveles más altos, con una brecha que pasa de 2,67 puntos porcentuales en 2022 a 0,79 en 2025, lo que indica avances, pero no una convergencia plena (Gráfico 4).
Desde una perspectiva económica, la reducción del analfabetismo digital favorece la productividad y la empleabilidad, pero la persistencia de la brecha de género, aunque menor, implica costos relevantes, al limitar la inserción de las mujeres en sectores intensivos en conocimiento y tecnología. Esto refuerza la necesidad de políticas digitales con enfoque de género, orientadas no solo al acceso, sino a la formación efectiva y al uso productivo de las tecnologías, para evitar que la transformación digital reproduzca desigualdades existentes.
Según el artículo académico “Gender gap in digital literacy across generations: Evidence from Indonesia”, la brecha de alfabetización digital entre hombres y mujeres está relacionada con diferencias en educación, empleo, ingresos y acceso a dispositivos móviles. Esto demuestra que las políticas de conectividad no pueden enfocarse únicamente en infraestructura, sino también en corregir desigualdades socioeconómicas que afectan el uso efectivo de la tecnología.
Sin educación, sin conexión: la otra cara de la brecha digital
Analfabetismo digital según nivel educativo
El porcentaje de personas con analfabetismo digital según nivel educativo evidencia una brecha estructural estrechamente asociada al nivel de instrucción, confirmando que la educación es un factor determinante en la adquisición de competencias digitales básicas.
Entre 2022 y 2025 se observa una relación inversa clara entre nivel educativo y analfabetismo digital. Las personas sin ningún nivel de instrucción registran los valores más altos durante todo el período, con un máximo de 35% en 2024, y aunque en 2025 el indicador se reduce a 11,1%, este grupo continúa concentrando el mayor riesgo de exclusión digital. En la población con educación básica, el porcentaje de analfabetismo digital también es elevado, aunque muestra una reducción sostenida, al pasar de 18,3 % en 2022 a 6,0 % en 2025.
En contraste, los niveles de educación media y superior presentan porcentajes significativamente menores de analfabetismo digital. En el caso del bachillerato, el indicador desciende de 4,5% a 0,5%, mientras que en la educación superior el analfabetismo digital es prácticamente inexistente al final del período. Esta distribución confirma que el nivel educativo no solo reduce la probabilidad de analfabetismo digital, sino que actúa como un factor protector clave frente a la exclusión en entornos crecientemente digitalizados (Gráfico 5).
Acceso a teléfonos inteligentes según nivel educativo
Desde una perspectiva de capacidades, el acceso a teléfonos inteligentes reduce barreras geográficas, económicas y administrativas, al permitir que las personas interactúen con mercados, instituciones y redes sociales sin intermediación presencial.
No obstante, el aprovechamiento efectivo de estas tecnologías depende en gran medida del nivel educativo y de las habilidades acumuladas, lo que condiciona su impacto sobre el bienestar individual y colectivo. Según el Banco Latinoamericano de Desarrollo, la evidencia para América Latina y el Caribe muestra que, si bien los gobiernos han realizado importantes inversiones para ampliar el acceso a tecnologías digitales, la infraestructura por sí sola resulta insuficiente para mejorar los aprendizajes y cerrar brechas, siendo necesario orientar el uso de la tecnología hacia el desarrollo efectivo de capacidades.
Los datos de 2022 a 2025 muestran una relación positiva entre nivel educativo y tenencia de teléfonos inteligentes. La población sin instrucción tenía un acceso muy limitado al inicio, 6,4% en 2022 y 2023, aumentando a 24,4% en 2025, lo que indica una expansión reciente vinculada a la reducción de costos y al uso del teléfono como herramienta básica de comunicación.
En quienes tienen educación básica, el acceso crece de 33,1% a 41,1% en el mismo período, aunque sigue siendo inferior al de los niveles educativos superiores, confirmando una brecha persistente.
Por su parte, la población con educación media o bachillerato alcanza niveles elevados desde el inicio, pasando de 74,5 % en 2022 a 81,8 % en 2024, mientras que en educación superior la tenencia es prácticamente universal, superando el 90 % hasta 2025, lo que evidencia que el capital educativo facilita el acceso tecnológico y la participación en la economía digital (Gráfico 6).
El estudio Digital literacy and academic performance: the mediating roles of digital informal learning, self-efficacy, and students’ en Indonesia, muestra que la alfabetización digital mejora el rendimiento académico, especialmente cuando se combina con aprendizaje informal en línea y confianza para usar la tecnología. Los estudiantes que buscan información por sí mismos, usan apps educativas y aplican lo aprendido obtienen mejores resultados. Esto confirma que no basta con tener acceso a internet o dispositivos, sino que es clave ofrecer capacitaciones digitales y espacios de aprendizaje. En Ecuador, donde las personas con menor educación enfrentan más dificultades para usar la tecnología, estos hallazgos refuerzan la necesidad de políticas que cierren la brecha digital y fortalezcan competencias reales.
Finalmente, el análisis evidencia avances en conectividad y tenencia de teléfonos inteligentes, pero persisten brechas significativas según territorio, género y nivel educativo. Las zonas rurales, las mujeres y las personas con menor escolaridad siguen enfrentando mayores niveles de analfabetismo digital y menor acceso a dispositivos, lo que limita su participación en la economía digital y en la inclusión social. Por ello, cerrar estas desigualdades requiere políticas integrales que combinen expansión de conectividad, formación en competencias digitales, acceso asequible a dispositivos y estrategias educativas, transformando el acceso tecnológico en capacidades productivas y desarrollo equitativo para toda la población.
Compartir:
