"Me lo torturaron", el drama familiar de uno de los 41 menores de edad asesinados por el crimen organizado en Manabí durante 2026
La violencia en Manabí está marcada por asesinatos de menores de edad, entre ellos estudiantes. Según la Policía Nacional, esta población se está identificando con organizaciones delictivas en redes sociales, lo que ha desencadenado una preocupante ola de muertes violentas.

El 10 de junio de 2026, un estudiante de 15 años fue asesinado en los exteriores del colegio Manta.
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En los últimos dos años, los crímenes contra menores de edad se han profundizado en Manabí. Ya en 2025, la Policía advirtió públicamente que el crimen organizado había extendido sus tentáculos, reclutando a estudiantes de escuelas y colegios, y asesinando a quienes se negaban a unirse, tenían familiares involucrados en ilícitos o cometían ‘fallas’ dentro de las agrupaciones.
Los datos de la Policía Nacional (del 1 de enero al 3 de agosto de 2026) revelan la gravedad de la situación a escala nacional y local:
En una entrevista con PRIMICIAS, la ministra de Educación, Deporte y Cultura, Gilda Alcívar, descartó una infiltración de las mafias en el sistema educativo ecuatoriano, aunque reconoció la vulnerabilidad que enfrentan los adolescentes a partir de los 15 años frente a las bandas criminales.
El drama de las familias: El caso de José Alejandro
José Alejandro vivía en el barrio Miraflores, trabajaba en una vulcanizadora, estudiaba en el colegio Tarqui y apenas un mes antes había cumplido 15 años.
Su cuerpo en estado de descomposición fue hallado la mañana del martes 21 de julio en un botadero clandestino de Manta. La necropsia confirmó que su muerte se debió a un hecho violento.
“Me lo torturaron, le pegaron en la cabeza. El domingo (19 de julio), a las 20:00 salió y ya no lo volví a ver más, 'mami, ya vengo', me dijo. Es un dolor muy fuerte que no se lo deseo a nadie”.
Madre de José Alejandro.
La noche de su desaparición, el joven no detalló su destino. Su madre recuerda los últimos momentos en casa:
La confirmación de la tragedia llegó de forma desgarradora a través de las noticias y fotografías. Según la madre, José Alejandro no se ausentaba mucho, "entonces yo le pedí a Dios, dame una señal Padre, por favor, y en eso sale esa noticia de que había un cuerpo en un basurero y no podían identificarlo por falta de documentos".
Agrega que "después subieron una foto de los pies y yo dije: 'parece a mi hijo', le envíe a mi ñaño mira estos pies, si se parece me dice él y le digo vamos a la morgue, donde nos confirmaron que sí era”.
El drama familiar se agravó por la falta de recursos económicos. El féretro del adolescente permaneció en la vía pública, en la parroquia Tarqui, hasta el jueves 23 de julio.

La familia tuvo que pedir un ataúd fiado por USD 300 y gestionar un espacio en el cementerio mediante el gobierno local. Sobre las posibles causas, sus familiares confesaron que el joven recibía amenazas:
“Sí, sí tenía, solo porque mis otras sobrinas andan en sus cosas y las quieren matar y lo involucraron, porque él (su hijo) es familia, por eso, nada más, como no pueden dar con ellas, se desquitaron con mi hijo para que él hablara”.
Otros casos recientes en Manta y Montecristi
La violencia ha alcanzado a otros jóvenes estudiantes en los exteriores de los recintos educativos:
- Jean Pierre A. B. (17 años): Asesinado el viernes 17 de julio en la parroquia Leónidas Proaño de Montecristi, tras salir de clases en una unidad educativa de Manta.
- Carlos Jair M.P. (17 años): Asesinado a las 7:00 del 30 de julio en el barrio Florestal (Manta). Estudiante de colegio. Sujetos en un vehículo lo interceptaron a 250 metros del plantel y le dispararon en al menos 13 ocasiones.
Redes sociales: El detonante de la violencia escolar
Las autoridades han identificado un patrón alarmante vinculado al uso de redes sociales. Un día después del crimen de Jean Pierre, el coronel de la Policía en la zona 4, William Calle, explicó el contexto de estas muertes:
“Hay un enfrentamiento entre los muchachos, hacen los live (en vivo) en TikTok, indicando que son Choneros, Lobos y es a esas personas a las que están asesinando… los muchachos de 15, 16 años se están identificando con organizaciones delictivas, es por esto que hay las muertes entre estudiantes”, dijo el oficial.
Inseguridad en las escuelas y el clamor de los padres
El 28 de julio, en los exteriores de una en Manta, un hombre de 31 años (con antecedentes por robo y receptación) y su hija de 10 años resultaron heridos en un ataque armado mientras ingresaban a clases. El hecho generó pánico y reclamos por parte de los representantes.
Una madre cuenta su experiencia: “Como todo padre venimos a dejar seguros a nuestros niños y que de un momento a otro nos informen esto o uno ver y sentirse inseguro nos preocupa. No se ve ni policías, ni militares, solo los agentes de tránsito controlando el tráfico vehicular”.
Actualmente, existen 60 planteles con resguardo en zonas conflictivas de la provincia. Referente al distrito Manta, la Policía Nacional informó que, bajo el programa Escuela Segura, brindan protección, pero advierten que: "lastimosamente no pueden estar en todas, nos toca incluso ir priorizando las instituciones".
¿Existe una salida para los jóvenes?
Las autoridades de seguridad insisten en fortalecer el tejido social y familiar. En Manta, se impulsan programas preventivos liderados por la Coordinación del Área Técnica de Juventudes. Jonathan Grueso, responsable de esta dependencia, señala el impacto de la situación económica:
“Muchas veces no saben qué hacer o cómo conseguir un tema económico y hacen cualquier cosa para poder concretarlo… tenemos un proyecto llamado ‘Mi Primera Chamba’, que es una iniciativa vinculante a la unidad educativa, donde le enseñamos cómo conseguir su primer empleo, cómo trabajar por primera vez”.
Jonathan Grueso, coordinador del Área Técnica de Juventudes.
Desde 2025, este programa ha ingresado a 36 unidades educativas, logrando que, en promedio, entre dos y tres jóvenes encuentren empleo por cada centro de estudio.
Sin embargo, Grueso destaca que el desafío principal radica en los hogares, ya que en muchas ocasiones los menores de edad no reciben el apoyo necesario, volviendo indispensable fortalecer los valores y la salud mental para evitar que sean reclutados por bandas delictivas.
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