Margoth Enríquez, la trabajadora social que creó una fundación para ayudar a familias en extrema pobreza de Quito
La fundación Jóvenes del Futuro es liderada por Margoth Enríquez, que asiste a decenas de personas de escasos recursos y los alberga como si fuesen su propia familia.
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Hace dos décadas, el deseo de servir impulsó un proyecto solidario en Quito llamado "Jóvenes del Futuro", fundado por Margoth Enríquez. Desde hace 20 años, esta madre quiteña se ha volcado a ayudar a adolescentes y familias enteras en situación de pobreza en la capital.
Impulsada por su vocación de trabajadora social, la fundación se expandió para transformar la realidad de familias enteras e impactar en la vida de más de 500 personas.
Su hogar, en el sur de Quito, se ha convertido en un refugio de puertas abiertas. En la actualidad, aproximadamente 80 personas de escasos recursos reciben ayuda adaptada a sus necesidades.
Margoth Enríquez y su hija Carla se saben de memoria el nombre de cada integrante, haciéndolos sentir parte de su propia familia. Para abarcar los requerimientos de todos, unos reciben apoyo para los estudios, con útiles escolares, mochilas, zapatos, y otros acceden a kits de víveres, mientras que los adultos mayores tienen talleres artísticos y algunos practican fútbol para su esparcimiento.
Margoth Enríquez explica que cada hogar enfrenta retos distintos, por lo que unos reciben apoyo para los estudios, como útiles escolares, mochilas, zapatos, y otros donaciones de víveres. Además, la asistencia busca ser integral para todas las edades, ya que los adultos de la tercera edad tienen talleres artísticos, mientras que otros grupos juegan fútbol para fomentar el esparcimiento y el buen estado físico.
"A veces no teníamos ni qué comer"
El impacto de esta labor se refleja claramente en la historia de María Yautibug, una madre viuda que nació en Riobamba y hace 40 años se mudó a la capital.
Ella, a pesar del paso de los años, mantiene una sonrisa permanente. Trabaja como ayudante de albañilería para sostener a su hogar, pero no siempre tiene obras. La mujer de 55 años vive en el sector de La Ecuatoriana, en el sur de Quito, junto a su hija Paola Yautibug, una madre soltera de 25 años.

Antes de llegar a la fundación Jóvenes del Futuro, la familia enfrentaba graves carencias económicas. “A veces no teníamos ni qué comer”, dice Paola.
La intervención de Margoth cambió el rumbo de sus vidas a través del acompañamiento académico. En la fundación, otras dos hijas de María, Génesis Yautibug, de décimo de básica, y Katherine Yautibug, de noveno, reciben estudios dirigidos para asegurar su permanencia en el sistema escolar.
Este apoyo educativo se extiende a la siguiente generación familiar, ya que los hijos de Paola también reciben ayuda con listas de útiles y les ayudan con sus tareas.
Una nueva casa para una madre en apuros
Las necesidades urgentes de la familia de María Yautibug iban más allá de la educación, pues viven en una casa con una pared caída y filtraciones de agua a causa de los aguaceros de la capital.
Al conocer y evaluar esta precaria situación, la fundación gestionó que un grupo terapéutico y una constructora se unan para construirles una casa nueva.
La organización se financia mediante autogestión y donaciones de personas y de la empresa privada, “golpeando puertas para conseguir recursos”, dice Margoth.
Este compromiso inspiró a nuevos voluntarios a sumarse a tiempo completo, como la propia hija de Margoth, quien se ha convertido en la licen Carlita para los jóvenes y niños que llegan a la fundación.
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