El reciclaje de residuos sólidos siembra esperanza en 300 niños de Quito con becas estudiantiles y apoyo familiar
En Pomasqui, la Fundación Sembrar Esperanza demuestra que el manejo de residuos cambia vidas. Con la separación de toneladas de material reciclable, financia becas y cuida el medioambiente.

Adriana Simbaña (d) realizando separación de residuos en la planta de reciclaje de Sembrar Esperanza, en Pomasqui, norte de Quito, 15 de mayo de 2026.
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Gonzalo Calvache / Primicias
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En las áridas tierras de Pomasqui, al extremo norte de Quito, lo que muchos consideran desperdicio se convierte en verdaderas oportunidades de vida. La Fundación suizo-ecuatoriana Sembrar Esperanza lidera un modelo que educa sobre el manejo de residuos, protege el ambiente y asegura becas de estudio para niños de escasos recursos.
Uno de los rostros de este cambio es Adriana Simbaña, una madre que asiste dos veces al mes a clasificar residuos en el gran galpón de la fundación. Para ella, esta organización es su familia desde hace cinco años, pues le permite tener a uno de sus hijos con beca y recibir un apoyo económico familiar.
Adriana sonríe en la pausa de su trabajo y cuenta que el aprendizaje que ha tenido en este tiempo pasó las paredes de su hogar. Su hijo mayor, Miller Benjamín, de 11 años, ahora comparte con sus compañeros de escuela la importancia de cuidar las áreas verdes para el futuro y de no botar las botellas de plástico en la basura, sino reciclarlas.
El corazón de este proyecto late gracias a la idea de un suizo llamado Toni Stebler (+), quien creó Pro Pomasqui hace tres décadas y contagió de su espíritu filántropo a otros compatriotas, quienes apadrinan familias en Ecuador.
Herman Moser, director y fundador de Sembrar Esperanza, explica con emoción que el inicio del proyecto se centraba solo en Pomasqui, pero el éxito de la iniciativa hizo que se divulgue y ahora cubre gran parte del Distrito Metropolitano.
Moser resalta que los recursos obtenidos del reciclaje se revierten íntegramente en ayuda social y ambiental.
Esta labor, que inició enseñando a la población a separar la basura desde sus hogares, logra sostener en la actualidad becas educativas para cerca de 300 niños y niñas.
La operación de la fundación
La labor de Sembrar Esperanza sostiene en la actualidad a cerca de 300 niños y niñas con becas educativas. César Burneo, coordinador del proyecto de Manejo Integral de Residuos Sólidos (MIRS), señala que logran procesar alrededor de 25 toneladas mensuales de 16 productos diferentes, como vidrio, cartón, plástico y aparatos electrónicos.
La comercialización de este material, que supone aproximadamente USD 7.000 mensuales, financia no solo la educación, sino también dos guarderías que atienden a 120 pequeños, programas de reforestación y asistencias para personas en condiciones de vulnerabilidad.
El impacto social y ecológico de Sembrar Esperanza es aún más relevante al contrastarlo con la realidad de la ciudad entera. Según datos de la Empresa Municipal de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Emgirs), en Quito se recicla apenas el 1,4% de la basura que se genera.
Aunque entre enero y abril de 2026 el Municipio del Distrito recuperó más de 3.500 toneladas de material, la capital produce más de 2.000 toneladas diarias de desechos, lo que muestra la urgencia de replicar modelos ciudadanos responsables.
Para mantener vivo este esfuerzo, el trabajo de recolección de la fundación no se detiene en ningún momento. En las calles, un camión adaptado con compartimentos retira los residuos de varios establecimientos para darles una segunda oportunidad.

A bordo van José, el conductor y recolector, junto a Luzius Rentzel, uno de los varios voluntarios de Suiza que viajan cada año para sumarse a la misión. Bajo el sol de mediodía del viernes 15 de mayo de 2026, ambos clasifican con entusiasmo el material retirado, cerrando el círculo de una iniciativa que le da una oportunidad a cientos de familias.
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