¿Le cae mal la leche? Podría no ser intolerante a la lactosa, sino a esta proteína que se investiga en Ecuador
En Ecuador, el Centro de Industria Láctea de Ecuador calcula que el 70% de la población mestiza tiene algún tipo de intolerancia a la lactosa. Pero estudios señalan que, en muchos casos de intolerancia auto reportada, el problema en realidad está en una proteína.

Fotografía referencial de un laboratorio en el que se realizan análisis de leche de vaca en Ecuador.
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Agencia de Regulación y Control Fito y Zoosanitario
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La leche de vaca es considerada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como un alimento que forma parte de las fuentes esenciales de nutrientes. Pero existen personas que no consumen esta bebida natural porque les causa problemas estomacales.
De acuerdo con la organización Centro de Industria Láctea de Ecuador (CLI), en el país existe un estimado del 70% de la población mestiza que "es en cierto grado intolerante a la lactosa. Sin embargo, la mayoría son casos que no presentan síntomas".
Que exista una gran parte de la población que no pueda acceder a este nutritivo y barato alimento natural es un problema si se toma en cuenta que, en Ecuador, según cifras oficiales actualizadas a 2024, hay un 19,3% de niños menores de 2 años que sufre de desnutrición crónica infantil.
Una proteína problemática para algunos
Sin embargo, estudios publicados entre 2014 y 2017 en revistas internacionales como la European Journal of Clinical Nutrition o el Nutrition Journal del Central Florida Health Alliance de Estados Unidos apuntan a que en muchos casos de intolerancia autoreportada, el problema no es la lactosa sino un tipo de proteína presente en la leche, la beta-caseína A1.
Esos mismos estudios han evidenciado que el consumo de leche con la proteína A1 está asociado con más síntomas de inflamación y problemas gastrointestinales agudos, en comparación con la leche que cuenta con una proteína similar, llamada A2.
En Ecuador, la Universidad de las Américas ha llevado a cabo una investigación para analizar la genética de más de 2.000 vacas lecheras para determinar cuáles pueden producen leche A2 de manera natural.
Este grupo de vacas ha sido criado por la granja que administra la universidad, y el 95% de ellas ya cuenta con los genes que les permite dar únicamente leche A2, que según la investigación es más digerible que la leche A1.

En el país, explican desde la Udla, el 85% del ganado bovino produce leche beta-caseína A1.
Mientras que en el mundo, la mayor parte de vacas que producen leche A2 se concentra en Asia, África y el sur de Europa. Y hay una población creciente en Australia.
Una sola letra que lo cambia todo
Karla Flores, investigadora de la Udla, indica que han desarrollado una investigación que estudia el ADN de las vacas, enfocándose específicamente en el gen de beta-caseína. Todo ADN está compuesto de bases nitrogenadas, representadas con las letras A, C, G y T.
Si una vaca tiene un codón (es decir una secuencia de tres letras) en el gen de betacaseína que forma el aminoácido Prolina, y este codón es CCT, la vaca produce leche tipo A2. Pero si el codón es CAT, entonces produce leche tipo A1.

Tradicionalmente, se conoce a la leche tipo A2 como la "leche originaria", pues investigaciones han demostrado que hace 10.000 años la vacas únicamente producían ese tipo de leche, hasta que ocurrió una mutación que empezó con la producción natural de A1.
Para que una vaca produzca únicamente leche tipo A2, su gen debe ser A2A2, es decir, que tanto la madre como el padre tienen ese gen. Es decir, también hay vacas con gen A1A2, por ejemplo, que dan una leche con una mixtura de ambas proteínas, y que puede causar malestar estomacal en algunas personas por intolerancia a la proteína A1.

¿En busca de una mejor trazabilidad?
Jean Hidalgo, otro investigador de la Udla, explica que es necesario solamente una muestra de sangre o pelo de la vaca, y que, dependiendo del volumen de las muestras, el estudio en laboratorio puede demorar entre un día y un día y medio.
Productores y campesinos pueden acceder a estos estudios por un precio que ronda los USD 15 por dos o tres muestras para saber cuál es la composición genética de sus vacas y, si lo deciden, alinear la crianza a bovinos con el gen A2A2 para producir este tipo de leche.
Cristian Lemus, coordinador técnico de La Granja de la Udla, asegura que la producción de leche A2 no representa una mayor inversión, y en realidad el gasto se concentra en la parte previa, es decir, en la investigación para tener una trazabilidad que permita a los productores saber qué vacas tienen qué gen y en base a eso producir un tipo de leche u otra.
En Ecuador, hasta la fecha, no existe una clasificación clara en las tiendas para que los consumidores sepan si una leche es tipo A1 o A2, explican desde este espacio académico.
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