"Siento que nadie está a salvo" | El miedo a los operativos de ICE dispara la ansiedad en migrantes con procesos legales en Estados Unidos
Personas que trabajan legalmente, esperan una residencia por matrimonio o por petición familiar y cumplen con las leyes estadounidenses, lidian con problemas de salud mental. Relatan que viven con ataques de pánico, insomnio y estrés permanente ante el temor de una posible detención. Psicólogos y abogados explican por qué ocurre y cómo enfrentarlo.

Agentes de ICE arrestan a un hombre luego de perseguirlo por varias cuadras en Georgia Avenue, Washington DC, el 30 de agosto de 2025.
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AFP
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NUEVA YORK. Habían salido de Thomasville, Florida, para pasar unos días de vacaciones en una playa situada a poco más de dos horas de casa. Era una escapada breve, de esas que sirven para desconectar del trabajo y romper la rutina. Pero bastaron dos golpes en la puerta de la habitación del hotel para que el descanso desapareciera.
El primer golpe le hizo contener la respiración. El segundo terminó de convencerla de que habían ido por ella.
Se quedó inmóvil mientras el corazón comenzaba a acelerarse. Durante unos segundos estuvo convencida de que agentes migratorios estaban al otro lado de la puerta.
Su esposo caminó tranquilamente hasta la entrada. —Seguramente alguien se equivocó de habitación —le dijo. Tenía razón. Era un repartidor de comida que buscaba otra puerta. Pero el ataque de pánico ya había comenzado.
La mujer ecuatoriana, quien ha pedido ser citada como Celia, por motivos de seguridad, vive en Florida, Estados Unidos. Llegó hace menos de tres años desde Cuenca, está casada con un ciudadano estadounidense, trabaja como visitadora médica para un importante laboratorio farmacéutico y actualmente espera la aprobación de su residencia.
Su trabajo la obliga a viajar constantemente por distintos estados para asistir a entrenamientos y visitar centros médicos. “Nunca había sentido miedo como ahora, cada viaje, cerca o lejos es para mí un ataque de ansiedad”.
"Cumplo con la ley, trabajo legalmente, estoy haciendo mi proceso migratorio correctamente, pero siento que ya nadie está realmente a salvo".
Celia, migrante ecuatoriana casada con ciudadano estadounidense
No es la única. A poco más de 2.400 kilómetros de allí, Teresa vive una realidad distinta, pero marcada por el mismo temor.
Hace dos años salió de Machala junto a su esposo y sus hijos después de recibir amenazas de extorsión. Llegó a Newark convencida de que finalmente encontraría tranquilidad. “Al principio fue así, me tomó casi seis meses salir a la calle sin temor a que me maten”. Hoy siente que volvió a vivir con miedo.
Cada vez que recibe un mensaje sobre una posible redada evita salir de casa. Su esposo comenzó a sufrir dolores de cabeza constantes. Después perdió el apetito. Empezó a perder cabello. Las noches dejaron de ser reparadoras.

Tras una consulta médica virtual en Machala, el profesional que lo atendió les explicó que muchos de esos síntomas podían estar relacionados con el estrés prolongado y les recomendó buscar apoyo psicológico.
"Vivimos pensando que hoy no pasó nada. Que fue un día más. Y al siguiente volvemos a empezar".
Teresa, migrante machaleña en Estados Unidos
Durante las últimas semanas, el temor entre las comunidades migrantes se ha intensificado tras el aumento de los operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Solo en julio, la agencia registró el mayor ritmo de arrestos desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, con un promedio superior a las 1.400 detenciones diarias.
La misma agencia también documentó un incremento de arrestos en aeropuertos estadounidenses, incluidos casos de personas con procesos migratorios pendientes y profesionales que se disponían a abordar vuelos nacionales. Aunque cada caso responde a circunstancias legales particulares, la amplia difusión de estos operativos y de videos en redes sociales ha incrementado la sensación de incertidumbre entre migrantes que antes no se consideraban en riesgo.

Señales de alerta: lo que dicen los especialistas
La psicóloga Andrea Mite explica que sentir preocupación frente a una situación incierta es una reacción natural. Sin embargo, advierte que el miedo deja de ser una respuesta normal cuando comienza a afectar la vida cotidiana.
Dormir pocas horas durante varios días seguidos, despertarse constantemente en la madrugada, sufrir ataques de pánico, sentir que falta el aire o que el corazón se acelera como si se tratara de un infarto, perder el apetito, padecer dolores de cabeza frecuentes, notar una caída inusual del cabello o ser incapaz de concentrarse porque todos los pensamientos giran alrededor del mismo temor, son algunas de las señales de alerta.
"Cuando aparecen estos síntomas ya no estamos hablando únicamente de preocupación; estamos frente a un nivel de ansiedad que merece atención", explica.
Mite señala que uno de los errores más frecuentes es intentar combatir la incertidumbre consumiendo información de manera permanente.
"Existe una diferencia entre mantenerse informado y llenarse de información. Mantenerse informado implica acudir a fuentes confiables y buscar orientación profesional. Permanecer conectado todo el día a noticias, videos o publicaciones en redes sociales puede aumentar la ansiedad y la sensación de peligro".
Andrea Mite, psicóloga
Por ello recomienda conversar con familiares o personas de confianza, reducir el tiempo dedicado a revisar noticias sobre el tema y buscar apoyo psicológico cuando el miedo comienza a afectar el sueño, el trabajo o la convivencia familiar.

Prepararse sin vivir con miedo
La asesora de migración Tatiana Vivas reconoce que muchas personas con procesos migratorios abiertos experimentan incertidumbre, incluso cuando cumplen con todos los requisitos establecidos por la ley.
Por ello recomienda que quienes esperan una respuesta del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) —ya sea por un asilo afirmativo, una petición familiar o un proceso de residencia por matrimonio— lleven consigo copias de los documentos que acreditan que su caso está en trámite.
Entre ellos menciona los recibos emitidos por USCIS, el permiso de trabajo cuando corresponda y cualquier otro comprobante relacionado con el proceso migratorio.
También aconseja elaborar un plan familiar de contingencia. "No significa ser pesimista. Significa estar preparado".
Ese plan incluye tener identificado al abogado que lleva el caso, mantener actualizados los números de contacto de familiares cercanos y definir quién se hará cargo de los hijos o de asuntos importantes si ocurre una emergencia.
Vivas insiste además en verificar cuidadosamente la información antes de compartirla o tomar decisiones.
"Muchas veces circulan rumores o noticias falsas que incrementan el miedo de la comunidad. Lo recomendable es confiar únicamente en información proveniente de abogados certificados o fuentes oficiales".
Para Mite, el problema no es únicamente el temor a una posible redada. Es vivir durante semanas o meses en estado permanente de alerta.
"Cuando una persona siente que cualquier llamada, cualquier golpe en la puerta o cualquier viaje puede convertirse en una amenaza, el cuerpo permanece en tensión constante. Y esa tensión termina manifestándose física y emocionalmente".
Han pasado dos semanas desde aquel viaje. Celia sigue esperando la resolución de su residencia permanente. Teresa continúa pendiente de las alertas que llegan a su teléfono desde Newark. Ninguna ha dejado de trabajar. Ninguna ha dejado de cumplir con la ley. Pero ambas coinciden en que el miedo ya encontró la forma de acompañarlas todos los días: cuando llega un correo a sus casas, cuando el teléfono suena, cuando deben viajar por trabajo o simplemente salir al supermercado o a la farmacia. Ninguna sabe cuándo terminará esta incertidumbre. Lo único que esperan es volver a vivir sin sentir que cualquier momento cotidiano puede convertirse, de un instante a otro, en el peor día de sus vidas.
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