El miedo a las redadas del ICE vacía las ligas de fútbol ecuatorianas en Nueva York y Nueva Jersey
Equipos amateur desaparecidos, ligas suspendidas y canchas semivacías reflejan cómo el temor a las redadas del ICE impacta la vida social y económica de miles de latinos en Estados Unidos.

Durante años, las ligas amateur en Newark reunieron a decenas de equipos ecuatorianos y latinos cada semana. Organizadores aseguran que la asistencia cayó tras el aumento del temor a operativos migratorios.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. Los jueves y viernes, las canchas sintéticas de Flushing, en Queens, funcionaban casi como una extensión del barrio que muchos dejaron en Ecuador. Los partidos empezaban a las 18h00 y terminaban cerca de las 21h30, pero nadie se iba enseguida. Afuera seguían las conversaciones sobre Quito, Guayaquil, Cuenca, Macará, las bromas sobre la selección, los recuerdos de fiestas familiares y las comparaciones inevitables entre la vida en Estados Unidos y la que dejaron atrás. Después del partido venían las cervezas, el seco de chivo, las discusiones sobre trabajo y los planes para el siguiente campeonato.
Cuando había torneos importantes, llegaban familias enteras. Los niños corrían alrededor de las canchas mientras los jugadores calentaban antes del partido. Cada equipo escogía su nombre y mandaba a hacer uniformes propios. Algunos representaban grupos de amigos, otros cuadrillas de construcción o barrios enteros. El premio podía ir desde USD 3.000 hasta 5.000, dependiendo del campeonato y del número de inscritos.
Víctor Guzmán, quiteño y coordinador de varios partidos en Queens y Newark, lleva doce años viviendo en Estados Unidos. Dice que nunca había visto algo parecido. “Antes teníamos que cerrar inscripciones porque no alcanzaban los horarios. Ahora llamamos jugadores para completar equipos”, cuenta. En algunas ligas, donde antes participaban doce equipos, hoy apenas llegan a siete.
El cambio empezó a sentirse después de varios casos de detenciones migratorias que golpearon directamente a jugadores de las ligas. Uno de los compañeros fue detenido por el ICE —el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos— en diciembre del año pasado. Otro caso ocurrió en febrero. Los nombres empezaron a circular rápidamente en grupos de WhatsApp y chats de equipos. Desde entonces, algunos jugadores dejaron de asistir.
“La gente tiene miedo, no tanto de que te regresen a tu tierrita… es por la pesadilla de estar encerrado y de todo lo que se escucha. Sin garantías, ni abogados, ni nada”, resume Guzmán. Explica que varios jugadores comenzaron a evitar trayectos largos, reuniones nocturnas o lugares donde se concentran cientos de personas latinas. Algunos equipos incluso dejaron de publicar fotografías y resultados en redes sociales.
Luis, uno de los integrantes de la liga, cuenta que dejó de jugar desde noviembre del año pasado. Extraña la rutina de salir del trabajo, ponerse los pupos en el carro y manejar hasta la cancha en Newark para encontrarse con otros ecuatorianos. Dice que desde entonces pasa más tiempo encerrado en casa y que incluso ha subido de peso. “Uno no iba solo a jugar. Era la forma de desahogarse”, explica.
En su caso, el campeonato también funcionaba como una conexión emocional con Ecuador. Ahí hablaba con otros migrantes sobre política, fútbol, noticias del país y problemas familiares. A veces, dice, las conversaciones terminaban pareciéndose más a una reunión de amigos que a un torneo amateur. “Era una rutina muy ecuatoriana”, resume.

El golpe también es económico
El golpe también se siente fuera de las canchas. Restaurantes y bares latinos que se llenaban después de los partidos comenzaron a notar menos movimiento los jueves y fines de semana. En algunos sectores de Queens, en Nueva York, y Newark, en Nueva Jersey —zonas con gran presencia de migrantes ecuatorianos— los campeonatos movilizaban decenas de familias durante horas. Los jugadores cenaban después de los partidos y muchos se quedaban hasta medianoche viendo otros encuentros o tomando cerveza.
También disminuyeron las reservas de canchas sintéticas y el trabajo para árbitros y organizadores. En varios complejos deportivos de Nueva Jersey desaparecieron las listas de espera para horarios nocturnos. Algunos campeonatos fueron suspendidos y otros redujeron categorías porque ya no lograban reunir suficientes jugadores.
Patricio, quiteño, dueño de un local en Newark, asegura que durante los campeonatos hacía en un solo día lo que normalmente vendía en una semana. Desde que terminaron los torneos, sus ingresos cayeron casi a la mitad. Antes lanzaba promociones después de los partidos para atraer a los hinchas; ahora intenta sostener el negocio ajustando el menú y buscando atraer clientes de otras nacionalidades.
El miedo creció en paralelo al aumento de deportaciones y operativos migratorios. Según cifras de la Cancillería ecuatoriana, 742 ecuatorianos fueron deportados desde Estados Unidos entre el 1 y el 26 de enero de 2026.
Aunque no todos los jugadores están en situación irregular, el ambiente de tensión terminó alcanzando también a quienes tienen procesos abiertos, permisos temporales o familiares indocumentados. En varios equipos, el temor dejó de discutirse abiertamente porque todos entendían lo mismo sin necesidad de decirlo.
El fútbol amateur latino en Nueva York y Nueva Jersey no es solamente deporte. “Para muchos de nosotros encontramos aquí algo difícil de conseguir en Estados Unidos: tiempo compartido, comunidad y una sensación momentánea de pertenencia”, reflexiona Luis. Por ahora, las luces siguen encendiéndose en algunas canchas los jueves por la noche. Pero alrededor hay menos ruido, menos carros y menos personas quedándose después del partido.
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