Los Ceibos, un "pedacito de Suiza" en Guayaquil, que se resiste a crecer con murallas
Uno de los barrios más icónicos y antiguos de Guayaquil es Los Ceibos, que desde sus cerros y las copas de sus árboles ha visto el crecimiento de una ciudad que cumple 491 años de fundación.

Imagen lateral de la calle Primera de Los Ceibos, cubierta por árboles nativos, previo a las fiestas julianas de Guayaquil, el 20 de julio de 2026.
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A diferencia del Centenario con sus mansiones patrimoniales en venta o de Urdesa con un agitado ritmo comercial, en el noroeste de Guayaquil se levanta un barrio rodeado de cerros y vegetación que debe su nombre a un árbol gigante de tronco verde oliva: Los Ceibos.
Cuando Guayaquil recuerda un año más de fundación, Los Ceibos representa aquella esencia de la ciudad que busca sobrevivir, con niños jugando en los parques, vecinos conversando en las esquinas, mingas comunitarias los domingos y el olor al pan caliente por las tardes.
Este icónico barrio de la urbe es también un lugar que se ha resistido a los altos cerramientos con muros de concreto de las urbanizaciones cerradas.
“Hemos colocado rejas con permisos del Municipio por la delincuencia, pero no vivimos amurallados como en Samborondón, para mí, un muro es como un gueto”, dice Renata Schenker, presidenta del comité barrial de los Ceibos, organización civil fundada apenas tres años después de la creación del barrio.
Era 1962 cuando la Junta de Beneficencia de Guayaquil comenzó un proyecto urbanístico que empezaba en el ‘ingreso’ de la antigua vía a la Costa. En aquel entonces había árboles de Ceibos, Guayacanes, Pigíos y otras especies nativas del bosque seco tropical de la Costa, muchas que aún se conservan en las veredas y predios privados del barrio.
De hecho, entre los ‘vecinos’ más prominentes de Los Ceibos están el bosque protector Cerro Blanco y el Cerro Azul, que colindan con las modernizadas ciudadelas de la zona.
Calles pavimentadas, solares en plano o en colinas, arborización y paisaje natural, así decía un afiche promocional del barrio en los años 60, cuando el metro cuadrado se cotizaba en 110 sucres, lo que en la actualidad equivaldría a menos de USD 0,0044.

“Siempre fue concebido como un barrio residencial, para las familias, para que la gente se relacione y crezcan juntos, y creo que eso se ha mantenido”, añade Schenker, quien nació en Suiza y se mudó a Los Ceibos hace 38 años.
Sin pensarlo dos veces, esta mujer de acento extranjero, pero ‘guayaca’ de corazón, asegura que Los Ceibos es como tener un “pedacito de Suiza en Guayaquil, porque puedo caminar libremente, sin muros y entre naturaleza”.
“Tenemos al heladero de toda la vida, al panadero con su canasto, la gente se reúne, hay contacto con los vecinos, y nunca falta una charla con alguna persona”.
Renata Schenker, presidenta Comité Barrial Los Ceibos
Alta plusvalía y casas en venta
De los más de tres millones de habitantes en Guayaquil, poco más de 30.000 habitan en Los Ceibos, una zona dividida en una docena de ciudadelas, algunas de ellas cerradas y con seguridad privada, pero otras despejadas al poco tráfico vehicular entre sus intersecciones.
El barrio se extiende desde la calle Primera, donde se levanta una plazoleta de locales comerciales, un parque central nombrado a partir del expresidente Carlos Alberto Arroyo del Río, una iglesia, y varios colegios privados. Pero también abarca otros complejos habitacionales como Colinas de los Ceibos, Olivos, Ceibos Norte, La Cumbre y Santa Cecilia, llamado así por el antiguo hipódromo de Guayaquil en los años 70.

Pero es en esta calle Primera donde existe un corredor de casi 20 cuadras cubierto por árboles nativos de la Costa, que actúan como una barrera contra el sol en los días en que Guayaquil supera los 30 grados centígrados.
“No existe en Guayaquil una ciudadela con tanta vegetación y con un corredor así”, dice con orgullo Sergio Angeletti, quien llegó a Ceibos a los tres años junto a su abuelo, uno de los primeros pobladores del barrio.
Con el paso del tiempo, las grandes construcciones de 500 metros y 10 cuartos en Los Ceibos se han puesto en venta por más de USD 500.000. Esto ha ocurrido debido a varios factores, como la avanzada edad de sus primeros propietarios, reconoce Angeletti.
Pese a ello, el sector no ha perdido su plusvalía, y estos inmuebles han dado paso a construcciones verticales con apartamentos que se venden desde USD 110.000 en adelante.
“Gracias al Comité y las acciones de algunos vecinos, la gente que quiere invertir en Ceibos se da cuenta de que es un buen barrio y nadie quiere perturbar eso”, añade Angeletti.

Plazas comerciales, pero no supermercados masivos
Al momento, el precio del metro cuadrado de un inmueble residencial en este barrio supera los USD 100 y hay un despunte comercial en la avenida Leopoldo Carrera, donde se han asentado plazas comerciales y restaurantes.
Ceibos un sector “tan comunitario y de su gente”, dice Schenker que el Comité logró detener la construcción de un supermercado de la cadena Tuti, “porque consideramos que era una competencia desleal para la tienda del barrio”.
Cifras del INEC indican que el número de construcciones en 2025 se situó en más de 3.600 viviendas levantadas, y la gran mayoría fue en Guayaquil, donde uno de los barrios demandados por compradores que buscan su primer departamento es Ceibos.
A escala nacional, el sector inmobiliario también crece, pero el auge se apalanca en lo que ocurre en Guayaquil, donde las reservas de casas y departamentos crecieron un 44% entre enero y abril de 2026, en comparación al mismo periodo en 2025, según datos del gremio de constructores Apive.

Al contrario de lo que ocurre en zonas como Urdesa, que ha cedido sus grandes mansiones de los 80 a espacios de coworking y de oficinas, o en el Centenario, donde las casas se vacían, en Ceibos, la demanda sigue vigente.
“Ceibos sigue siendo una zona de alta plusvalía en Guayaquil, donde las parejas prefieren comprar su primera propiedad”, expresa Jorge Luis Rodríguez, corredor inmobiliario de la ciudad.

Sí a las rejas, no a las murallas
Uno de los atractivos inmobiliarios que los corredores de bienes raíces destacan sobre el barrio es la seguridad, puesto que el distrito Ceibos tiene la menor incidencia de robos y muertes violentas de todo Guayaquil.
En 2025, cuando Ecuador alcanzó un pico de violencia criminal sin precedentes, y solo Guayaquil cerró el año con más de 3.000 asesinatos, el distrito que comprende Ceibos registró apenas 50 sucesos de ese tipo, según datos oficiales.
Más bien en Ceibos uno de los riesgos son los robos nocturnos, que incluso se han viralizado en videos de redes sociales, como las historias de hombres encapuchados que llegan en motos y asaltan a quienes estacionan un carro.
Aunque, la presidenta del Comité barrial afirma que incluso estos delitos han disminuido en 2026 con la reactivación de la unidad policial y una estación de la empresa municipal Segura EP.
Desde 2023, la zona más antigua de Ceibos, cercana a la avenida del Bombero, se blindó con la instalación de rejas metálicas al final de cada cuadra, luego de solicitar los permisos municipales.
“Creo que con las rejas perimetrales hemos logrado contener de alguna manera a la delincuencia, porque un ladrón quiere huir tras un robo, y con esto no puede hacerlo”, dice con confianza Shencker.
Pero, ¿cómo es vivir en Ceibos?
Para Melisa Cobo, una ingeniera comercial de 40 años, los mejores vivencias en Ceibos evocan aquellas tardes de juego interminables en la calles “con los amigos de barrio que eran familia”.
“Son recuerdos que se vuelven aún más valiosos por cómo vivimos en la actualidad”, agrega Cobo, madre de dos niñas, en referencia a la crisis de seguridad en otras zonas de Guayaquil

Angeletti tiene memorias de Ceibos aún más antiguas: cuando el Cerro Azul era una gran cancha para jugar fútbol y los más pequeños subían por sus laderas en bicicletas, o cuando volaban cometas en el hipódromo de Santa Cecilia.
Por décadas, Ceibos fue la última frontera en Guayaquil, cuando la ruidosa vía a la Costa no existía, y las primeras soluciones habitacionales de la extinta Junta de la Vivienda comenzaron en barrios del norte de la ciudad, como Sauces o La Alborada.
Llegar a Ceibos era como un ‘viaje’ de varios kilómetros dentro del puerto principal, una visita de fin de semana hacia el centro comercial Riocentro o el McDonald 's de dos pisos cuando ambos se estrenaron en los 90.
“Teníamos una libertad inigualable al vivir aquí, la comunidad era muy activa, sabías quién era tu vecino, y las madres controlaban a cualquier niño correteando, porque conocían a sus padres”.
Sergio Angeletti, morador de Los Ceibos
Con el tiempo, algunos vecinos se mudaron, otros murieron, también llegaron nuevos, y los que se quedaron aún tratan de construir comunidad. Quizás los niños ya no corren por todas las veredas y avenidas de Ceibos, pero todavía se juntan en los parques de Colinas, Olivos o Ceibos Norte por las tardes para practicar un deporte o hacer un picnic.
En las fiestas julianas, las calles principales se engalanan con banderitas celeste y blanco, y afuera del Comité barrial aún se reúnen los vecinos para unos aplanchados y chocolate caliente, porque solo los guayaquileños podemos tomar una bebida así con semejante calor.
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