De la Vida Real
Auxilio, la carga de deberes sobrepasa la realidad
Valentina Febres Cordero

Valentina Febres Cordero

Es periodista y comunicadora. Durante más de 10 años se ha dedicado a ser esposa y mamá a tiempo completo, experiencia de donde toma el material para sus historias. Dirige Ediciones El Nido. 

Actualizada:

22 Nov 2020 - 19:01

Creo que es hora de hablar de lo que está pasando con la educación en el país. No soy una experta en el tema. Eso está claro. Sin embargo, puedo dar mi opinión desde el punto de vista de mamá.

Esto de la pandemia y el Covid-19 nos ha cambiado la vida. Sí, aunque suene trillado, todos estamos pasando por momentos complicados. Nos ha tocado modificar nuestra existencia de imprevisto en imprevisto.

Sí, es verdad que nos hemos adaptado como hemos podido. Los profesores, a quienes admiro, hacen malabares para poder llegar a cada estudiante: unos graban videos, otros dan clases en vivo. En algunos colegios les exigen a los estudiantes que los deberes se entreguen al final de la semana, en otros al final del día. Y los profesores son los encargados de calificar cada uno de estos trabajos entregados.  

Es una educación que está conectada por todos lados: Zoom, videollamadas, Meet y otras tantas plataformas, pero hace corto circuito en la parte de la conexión con la realidad. 

Las familias que tenemos hijos chiquitos giramos al ritmo del colegio. Es increíble el tiempo que nos toma cumplir con la parte formal de la educación. Según dicen, es porque el Ministerio así lo exige.

Esto, señores del Ministerio, es la respuesta al resultado final. No toman en cuenta el proceso que hay por delante, la adaptación que cada familia hace para poder educar a sus hijos. El sistema es caduco. Le hace falta poner, actualizar y ejecutar. Pero, previo a esto, hay que analizar, porque está lleno de virus y no precisamente de coronavirus. 

Estoy absolutamente segura que los papás hemos aprendido mucho más que nuestros hijos en este tiempo. Es mejor hacer los deberes uno mismo que perder la paciencia con el niño. Es el argumento más utilizado de la época. 

Hay papás que trabajan el día entero y están felices de que sus hijos permanezcan atentos a una computadora, para poder cumplir tranquilamente con su labor remunerada desde casa, mientras las cabezas de los niños vuelan soñando en ser libres frente a tanta presión, estrés y aburrimiento continuo.

Antes de esta pandemia, la educación formal se compensaba con ese lado social, con los recreos, los amigos, los juegos y el bar. 

Ahora, la poca interacción que tienen los niños cuando se ven por medio de las pantallas es silenciada por el profesor quien, para poder mantener el orden, se ve obligado a callar con un botón a los estudiantes para dar inicio a sus clases. 

Mandar los deberes como muestra de cumplimiento solo aumenta el engaño, la mentira y el quedar bien por una nota. Una vez más, lo que importa es el resultado, no el proceso de un conocimiento real.

Lo que resalta es aprender de memoria las cosas, no razonar.

Los profesores deben cumplir, el colegio debe cumplir, los padres debemos cumplir y los niños deben cumplir. ¿Cumplir para qué? ¿A quién hay que cumplir? ¿Estos resultados a quién se los entregamos? ¿Quién los procesa? 

Los niños de la Costa están por terminar el año y los de la Sierra estamos a menos de medio camino.

Algunas familias hemos decidido que uno de los padres trabaje y el otro sea el educador. ¿Cómo se organizarán los padres que están separados? ¿Quién de los dos carga con esta responsabilidad? 

Las mamás no somos maestras, por más que lo intentemos. Todos los quehaceres domésticos pueden esperar, menos el almuerzo. Y, mientras cocinamos, debemos estar atentos a las propiedades de la multiplicación. La que más me ha costado entender es la conmutativa.

Y ni hablar de lengua. ¿Saben lo difícil que resulta ordenar un párrafo? Hasta lograr terminar, ya se quemó la carne.

Los niños están estresados por vivir en este encierro, los profesores están sobrepasados de tanto trabajo y los papás estamos agotados. Nadie se pregunta para qué sirve todo esto.

¿Qué clase de educación les estamos dando a nuestros niños? ¿Qué valores están aprendiendo? Lo único que importa es cumplir: llenar, mandar, calificar y reportar. ¿Y si mejor nos relajamos todos y solo hacemos que los niños aprendan con responsabilidad y entusiasmo? 

Creo que es hora de poner un alto y pensar qué clase de seres humanos estamos formando. 

¿Qué sirve más, cumplir a la fuerza o que esta experiencia de clases virtuales sea linda y llevadera? Los niños se hacen responsables con motivación, no con amenazas ni castigos. Y cuando un profesor es bueno, el resultado se ve en la pasión que pone el alumno por aprender. 

Creo que debemos detenernos para pensar qué es lo que realmente nos ha dejado esta pandemia en la educación formal.

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