El Chef de la Política
Parias
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
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Un paria es una persona que se encuentra excluida de un grupo por razones de diversa naturaleza. A diferencia del estigmatizado, que material y simbólicamente, sabe que no pertenece al grupo e identifica claramente los motivos que mueven a los otros a apartarlo, el paria cree para sí mismo que es aceptado y visto como igual. El paria se autoengaña asumiendo que recibir ciertas retribuciones y tratos benévolos quiere decir que los miembros del grupo lo han aceptado. No, en realidad, lo que hace el grupo es utilizarlos estratégicamente para cumplir sus objetivos. A diferencia del estigmatizado, que sabe y asume que jamás va a ser parte del grupo, el paria cree en lo profundo de su ser que podría llegar a ser considerado como uno más. Hay parias en todos los espacios de la vida social, pero una de las arenas en las que resulta más llamativa su presencia, por su evidente deseo de pertenecer al grupo, es en la política.
Para el análisis de los parias de la política, Ecuador es un interesantísimo laboratorio social. La relevancia del caso nacional está en que, a diferencia de los grupos que han controlado el poder político en otras épocas, el de ahora, al mismo tiempo es propietario de una colosal estructura económica que le permite no solo consolidar su hegemonía sino, respecto a los parias, tener un conjunto de comportamientos y patrones de conducta distintos. Esencialmente, ahora no solo la barrera entre el grupo y los parias es más infranqueable que en el pasado, sino también el uso del temor y el amedrentamiento se han sumado al arsenal de herramientas utilizadas para que los parias cumplan con los objetivos establecidos por el grupo. Sin embargo, los parias siguen creyendo que a fuerza del efímero poder que tienen y de la fortuna que amasan de forma ilegal, en algún momento podrán ser invitados a las reuniones sociales, matrimonios y cuanta algazara les permita jactarse en redes sociales.
Pero no, eso no va a suceder aun cuando pongan audiencias en el día y hora que les dispongan o manden preso al marchante que al grupo se le cante. Más allá de darles una palmadita, tratarles por el nombre o convidarles una cena de mantel largo con recursos públicos, cuando dejen de ser funcionales no les voltearán a ver. Peor aún, cuando ellos salgan del poder o los parias pierdan los cargos, todo en sus vidas va a ser negro, como la toga que usan para esconder sus miserias intelectuales y humanas. Ahí implorarán clemencia y ni siquiera el teléfono les contestarán. En ese momento, cuando un halo de justicia les llegue, pedirán apoyo a los que ahora hacen genuflexiones y solo encontrarán la soledad absoluta que rodea a los diminutos de espíritu. La soledad absoluta de los parias, como ustedes.
Algo similar les ocurrirá a los parias que portan micrófono. Ahora mismo no saben qué otra estrategia utilizar para congraciarse con el grupo. Creen que por ser vistos como iguales hoy en día eso se va a mantener cuando el efímero poder político termine. ¡Cuán ilusos son! Si las deferencias están ahora presentes y son jugosas es porque son recursos del Estado los que se entregan. Cuando ese dinero sea del bolsillo propio, el grifo se cerrará y con él las apariencias de tratarles como seres importantes, inteligentísimos, generadores de opinión. Cuando el juicio de la historia les llegue, nadie del grupo saldrá en su defensa y solo los rodeará la compasión e indiferencia que se merecen los parias, como ustedes.
Los distintos parias que ahora mismo se limitan a servir y proteger los intereses del grupo, y que se hacen llamar legisladores, ministros o autoridades municipales, tampoco correrán una suerte distinta. Cuando esto pase, porque todo pasa, acorde al principio de no permanencia del budismo, sufrirán por haberse aferrado irracionalmente al inalcanzable deseo que el grupo los reciba y reconozca. En ese momento, por más diatribas que inventen, serán perseguidos y señalados. Pedirán auxilio y retribución por todos los favores ofrecidos, pero recién ahí dimensionarán que es preferible ser estigmatizado a sentirse y ser visto socialmente como paria.
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En fin, estén alerta, parias. Sean un poco más estratégicos y miren la historia. Los parias nunca terminen bien y ustedes no serán la excepción. Avisados están.