Economía y Desarrollo
Nuestra generación de capacidades para el futuro está en riesgo
Andrés Mideros Mora

Andrés Mideros Mora

Doctor en economía, máster en Economía del Desarrollo y en Política Pública. Decano de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

Actualizada:

16 Feb 2021 - 19:00

¿Por qué unos países se desarrollan y otros no? ¿Por qué unas personas son ‘ricas’ y, otras, ‘pobres’? Son preguntas centrales en los estudios del desarrollo.

Si bien hay distintas perspectivas para estudiar y responder a estas preguntas, existe consenso, en cuanto a que las capacidades individuales y sociales son determinantes.

Las capacidades se pueden plantear tanto desde una mirada ‘productivista’ en términos de capital humano, como desde un enfoque de derechos e igualdad de oportunidades, entendidas como la libertad real para lograr la vida que cada uno desea.

¿Por qué unas personas son ‘ricas’ y, otras, ‘pobres’? Es una de las grandes preguntas en los estudios del desarrollo.

Las últimas son miradas diametralmente distintas, pero convergen en la importancia de la salud y la educación para promover el desarrollo actual y futuro de personas, comunidades y naciones.

La pandemia de la Covid-19 ha generado múltiples impactos.

El primero de ellos en la salud, por los niveles de morbilidad y mortalidad de la enfermedad, después de por la paralización de actividades económicas y que, en ausencia de políticas de protección social, agudizó las injusticias sociales, pero además incrementó la desigualdad en la posibilidad de generar capacidades: salud y educación, como los factores más relevantes.

Para analizar los impactos, es importante tener en cuenta que, de acuerdo con el último dato disponible del INEC, que corresponde al año 2018, el 27,17% de los menores de dos años se encuentra en condición desnutrición crónica en Ecuador, y el 30,55% en el área rural.

Por su parte, en cuanto a sobrepeso y obesidad, el 35,38% de niños/as entre 5 y 11 años la presentan, siendo mayor en el área urbana que alcanza al 36,86%.

La malnutrición es por mucho el principal determinante para un mal desarrollo de las capacidades de las personas, tanto en su salud como en las capacidades conductuales y cognitivas.

Entre las causas de la malnutrición se encuentran la inseguridad alimentaria, la falta de acceso a agua segura y saneamiento adecuado, y la debida vacunación y controles de crecimiento.

Cuando los niños y las niñas crecen malnutridos y no estudian, se evidencia el fracaso no solo de un Gobierno, sino de toda la sociedad.

Todos estos factores se han puesto en riesgo durante la pandemia. Por ejemplo, de acuerdo con datos levantados por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) y UNICEF, el 27,70% de niños/as menores de 5 años dejaron de recibir las vacunas, propias de su edad, durante los periodos de restricción de movilidad.

Adicionalmente, ya no por restricciones sino por errores de planificación y mala gestión del Ministerio de Salud Pública, la falta de acceso se incrementó ante la falta vacunas en los centros de salud públicos.

De esta manera, a la baja cantidad de vacunas para la Covid-19 que se ha logrado gestionar desde el Gobierno Nacional, y que ha hecho que esas pocas se entreguen a discreción de las autoridades, incluso a beneficio de familiares directos, y que nos mantiene expuestos los múltiples impactos de la pandemia, se suma el olvido desde la autoridad sanitaria nacional de la importancia de garantizar el adecuado desarrollo de niños y niñas.

El 52,83% de niños/as y adolescentes (NNA) en hogares de nivel socioeconómico bajo reportan haberse sentido tristes o sin ánimo, este indicador es del 32,91% en el caso de NNA en hogares de nivel socioeconómico alto.

El panorama se agrava, al revisar el acceso a educación. Antes de la pandemia, el último dato disponible del INEC, que corresponde a 2017, de hogares con acceso a Internet da cuenta de que apenas el 37,20% contaba con capacidad de conectividad, indicador que en el área rural es de apenas el 16,60%.

Si bien los registros de asistencia a educación muestran pequeños efectos, se sabe, gracias a la encuesta levantada por la PUCE y UNICEF, que de los NNA que acceden a educación el 84,24% de aquellos que viven en un hogar de nivel socioeconómico bajo lo hace por medio de un teléfono, mientras que en hogares de situación socioeconómica alta el 68,84% lo hace por medio de una computadora, tablet o similar.

¿Qué resultados de aprendizaje se están logrando? Cuando la calidad de la educación no es adecuada, y el contexto del niño o la niña es de limitaciones económicas, se sabe que la probabilidad de abandonar el sistema educativo se incrementa. ¿Estamos perdiendo generaciones?

Cuando los niños y las niñas crecen malnutridos y no estudian, se evidencia el fracaso presente, no solo de un Gobierno, sino de toda la sociedad.

¿Estamos perdiendo generaciones?

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