Contrapunto

La historia de cómo la Misa Solemne de Berlioz fue reencontrada

Fernando Larenas

Fernando Larenas

Periodista y melómano. Ha sido corresponsal internacional, editor de información y editor general de medios de comunicación escritos en Ecuador.

Actualizada:

24 Sep 2022 - 5:27

A lo largo de la historia fue muy común que los músicos se desencantaran con sus partituras y que las rompieran o las escondieran donde nadie las pudiera encontrar.

Esto ocurrió con Schubert y también con el gran músico francés Hector Berlioz, cuya ‘Misa Solemne’ recién fue hallada a finales del siglo XX.

La anécdota la narra el musicólogo inglés y biógrafo de Berlioz, Hugh MacDonald, quien cree que el compositor francés apenas tocó una o dos veces la obra que, en la actualidad, es considerada como una de las más importantes del género de la música sacra.

Fue escrita en 1824 y su aparición, recién en 1991, fue una de las revelaciones musicológicas más sorprendentes, dice MacDonald en un artículo publicado en [t]akte y que se puede leer aquí.

Berlioz (1803-1869) escribió la obra cuando tenía 21 años, la revisó en 1827 o en 1829, se desencantó, la desechó, quemó incluso algunas voces corales y entregó lo que quedó de la partitura al violinista belga Antoine Bessems.

Sin embargo, las versiones actualizadas señalan que la encontraron casi completa en una iglesia de Amberes.

Dos años después del hallazgo, se encargó el estreno al gran director inglés Eliot Gardiner, el más prolijo intérprete de la música barroca.

El musicólogo colombiano Otto de Greiff (1903-1995) escribió, poco después del estreno de la misa en Bogotá, en 1994, que la obra contiene gran parte de la música que compuso Berlioz después de esta misa.

En el primer movimiento se pueden oír compases de la ‘Sinfonía Fantástica’, luego partes del ‘Carnaval romano’ y del ‘Te Deum’. Esto quiere decir que, en las composiciones posteriores, Berlioz incluyó melodías muy bien logradas en su misa.

De Greiff cita un comentario atribuido a Eliot Gardiner: “No esperéis una obra maestra; es un crisol en el cual crepita ya todo el arte del gran Berlioz”. En la misa, continúa, ya se presienten esas melodías.

Para quienes están suscritos a YouTube se puede apreciar la obra completa dirigida por Gardiner en este video:

Volvamos a la fuente original de este artículo, a Hugh MacDonald, quien explica que el músico francés, en conversaciones y en cartas a sus amigos, los había convencido de que la partitura fue destruida.

Podría ser arriesgado aventurar que una de las causas de la desaparición de la partitura pudo ser el hecho de que Berlioz no era creyente.

Sin embargo, escribió un ‘Te Deum’ y su ‘Réquiem’, aunque lo hizo por encargo, tal como se acostumbraba en la época.

Un dato que aporta la Fundación Aleteia señala que un maestro de la capilla de la iglesia de San Roque pidió al joven Berlioz que escribiera una misa solemne para el día de los Santos Inocentes.

En el caso del ‘Te Deum’, Berlioz le dio una connotación musical militar, pues abrigaba la esperanza de que fuera tocado en la coronación de Napoleón III.

Con el nombre original francés de ‘Messe solennelle’, MacDonald añade más argumentos para resaltar la grandeza de la composición musical.

Dice que los expertos en música estarán de acuerdo en que la obra es “brillante y original”, pero en muchos sentidos también “inmadura”.

Y es cierto, imposible compararla con las misas de Mozart o de Beethoven, o con ‘El Mesías’ de Haendel, que corresponden a la etapa madura de estos tres músicos.

La expectativa por el hallazgo de la misa solemne fue un suceso y, según MacDonald, en solo tres años después de su nuevo estreno se presentó en 60 escenarios en varios continentes.

Las opiniones expresadas por los columnistas de PRIMICIAS en este espacio reflejan el pensamiento de sus autores, pero no nuestra posición.

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